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Desde la filosofía se ha entendido que uno de los fines centrales de la sociedad radica en ser un espacio de realización humana. Por ello, la sociedad se entiende como el conjunto de sujetos que comparten valores, costumbres, hábitos en un mismo espacio y tiempo para alcanzar un bien común. El origen de lo anterior se encuentra en las relaciones humanas que se basan en interacciones racionales, solidarias y normadas para fundamentar pautas básicas de comportamiento dentro de cualquier grupo humano.
Pero el actual panorama de violencia sistematizada por grupos armados, déficit de empatía ciudadana, abuso de poder político, crisis económica o consumismo destructivo, entre otros, quizá indicaría que la sociedad no garantiza un margen verdadero de humanización para que los individuos se desarrollen de la mejor manera posible. Lo anterior se justifica porque la sociedad siempre ha vivido circunstancias históricas, políticas, económicas e ideológicas que impiden su correcto desarrollo, pues la irracionalidad, la violencia, el egoísmo, los intereses de grupo... también son partes intrínsecas del espíritu humano.
Frente a tal escenario, Erika Sentíes y Jorge Oseguera proponen las palabras bioética y bienestar, respectivamente, para ofrecer reflexiones que generen una toma de consciencia basada en el reconocimiento crítico y la responsabilidad compartida en el marco de una perspectiva laica. Ambos ensayos –cada uno a su manera– brindan ideas que giran sobre un eje principal: la revaloración del ser humano en una sociedad susceptible de mejorar con base en principios éticos.
Presentación
El programa académico editorial Biblioteca del Estudiante de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México se llena de orgullo al presentar la nueva época de la colección Cosecha de Palabras. Han pasado más de tres lustros desde el día en que salieron a la luz los ejemplares iniciales de este proyecto editorial. Con la puntual dirección del maestro René Nájera Corvera y con el sentido educativo del ingeniero Manuel Pérez Rocha, primer rector de nuestra querida casa de estudios; la participación creativa en el diseño editorial del profesor Benito López y la colaboración en los ensayos por parte de las profesoras y los profesores investigadores de nuestra universidad, como Violeta Cárdenas, Rebeca Lozada, Francesca Gargallo, Ángel Trejo, Norma Olivos, José Luis Solís, Javier Perucho, María Alicia Pazos, Juan Manuel Contreras y Alejandro Montes.
La colección Cosecha de Palabras perfiló desde ese entonces un propósito sustantivo que fortaleciera el conocimiento entre las y los estudiantes: explicar, a manera de diccionario temático, palabras clave de distintos campos del conocimiento que fecundasen nuevas ideas entre la comunidad universitaria.
Ahora, en este nuevo periodo editorial, ratificamos el anterior compromiso educativo para contribuir con el mayor incremento posible al conocimiento que beneficie a quienquiera que lea estos libros.
La colección Cosecha de Palabras tiene un perfil intelectual y formativo que, con base en un lenguaje ameno, directo y claro —sin arrogancia alguna de dogmas academicistas—, aporta una visión despejada para generar conocimientos útiles que sirvan en la formación académica e integral de las y los estudiantes.
Es decir, en el Colegio de Ciencia y Tecnología no se deben ignorar voces como ética, idiosincrasia o salud; así como en el Colegio de Humanidades y Ciencias Sociales no se puede ser indiferente a conceptos como célula, complejidad o estocástico; o en el Colegio de Ciencias y Humanidades hay que tener presentes términos como arte, cálculo o distopía.
¿Y cómo se consigue lo anterior? A partir de la flexibilidad y la diversidad del pensamiento que se sintetizan en palabras estratégicas que sean puentes de saberes compartidos. La línea editorial, marcada desde el origen de la colección, es clara al respecto, pues otorga vital importancia al poder de las palabras como herramientas transversales de construcción de conocimientos.
Mito es una de aquellas palabras que se utilizan de tan distintas maneras que su uso común casi desmiente su uso científico. Es frecuente escuchar que alguien diga: «Eso es un mito» para dar a entender que se trata de una mentira que la gente inculta o supersticiosa cree verdadera. También es usual que se hable de los mitos, en plural, de un determinado pueblo. En este caso se entiende por mitos narraciones fabulosas acerca de las divinidades, los héroes, los orígenes y las tradiciones de poblaciones del pasado y del presente, de tal manera que se puede decir que «el mito de la virginidad es una falacia del sistema patriarcal para controlar la sexualidad de las mujeres jóvenes antes del matrimonio», así como se puede hablar del «mito del nacimiento del sol y la luna» en Teotihuacán.
En la utopía subyace una de las más genuinas aspiraciones del hombre: su redención. En esta palabra sustantiva se encuentra cifrado el destino de la humanidad, pues encapsula lo que ha sido su pasado, su presente y su porvenir. El concepto compila la historia de la humanidad, porque en él residieron los motores que impulsaron los movimientos de cambio social.
La redención del hombre, de ser una creencia demás legítima, es una de las aspiraciones de la especie que ha permanecido incólume desde el origen de la palabra como escritura. La reencarnación en otro ser, animal o planta es otra aspiración de los pueblos que profesan la fe budista asentados en el Oriente. La redención y la reencarnación son creencias indisolublemente ligadas al pensamiento religioso. La utopía, por lo tanto, pertenece a la esfera de las creencias; es decir, forma parte de un dogma, el que a su vez proporciona sentido a una ideología.
Hablar y escuchar son actividades hermanas que se imbrican, lo mismo que escribir y leer, ya que algo que muchas veces no se considera es que la lectura, para tener efecto, debe generar a su vez la escritura. Precisamente en este volumen, Manuel Pérez Rocha se encarga de señalar que, si verdaderamente se desea tener éxito en la enseñanza y fomento de la lectura, esto debe complementarse con el fomento de la escritura, pues ambas son acciones indisolublemente unidas.
Hoy en día los libros son cada vez más cercanos a la gente, se les valora tanto por su contenido como por su impresión o diseño. Pero un libro que no se lee, dice Jorge Luis Borges, es sólo un objeto. El acto de la lectura no debe ser obligatorio o coercitivo, ya que así el libro no dejaría de ser un grupo de letras y palabras impresas. Leer de manera sensible e imaginativa, inteligente y placentera, permite que el libro se transforme en un maestro, un guía, un referente, una realidad. Los libros, nos dice Rebeca Lozada, son mucho más que un volumen de hojas, ya que «gracias a los libros, nuestros recuerdos abarcan milenios».
La hermenéutica es el arte o disciplina de la interpretación; es decir, una serie de procedimientos para interpretar aquello que no es evidente, lo oculto. Decimos que algo está cerrado herméticamente porque no podemos saber qué hay dentro, y porque abrirlo supone dificultad. La hermenéutica es la actividad que nos permite interpretar, es decir, abrir aquello que está cerrado y así poder conocerlo. Aunque casi todas las actividades humanas son susceptibles de interpretarse, generalmente usamos la palabra hermenéutica para referimos a lecturas que buscan explicar o entender textos que suponen una dificultad en su comprensión.
La mayoría de la gente suele entender la noción de individualismo en sentido peyorativo, es decir, como equivalente a una actitud egoísta y desinteresada de los problemas cotidianos, sin el mínimo cuidado ni consideración por los semejantes o por el entorno. Sin embargo este texto muestra la preocupación por definir al individuo surgió hace muchas centurias y remite más bien a un comportamiento respetuoso hacia la propia persona y hacia la sociedad en su conjunto. Primero, porque implica un reconocimiento de las propias capacidades y, segundo, porque exige la constitución del carácter de manera paulatina, razonada y ética.
Platón —uno de los filósofos más leídos de todos los tiempos— vivió en Atenas en el siglo IV antes de la era cristiana. Él adoptó el término filosofía para definir el placer, la tendencia, el amor o deseo, es decir, la filia, por el conocimiento fundamental, que entonces se llamaba sofia y expresaba la sabiduría más antigua. En Eutídemo, uno de sus diálogos, Platón dice que la filosofía es el uso del saber para beneficio de las personas.
Brooke Shields es el paradigma de la belleza femenina estadounidense, Salma Hayek el de la belleza latina (a los ojos de los estadounidenses, claro está) y la ciudad de Atenas el paradigma de la democracia. ¿Qué queremos decir con la palabra paradigma?
Nuestra noción preteórica, aquella que parte de los usos cotidianos y es perfectamente clara para el televidente, nos permite descubrir ciertos rasgos, por lo menos algunos de los cuales el término filosófico adoptará. No decimos que Brooke Shields sea la más bella. Es, más bien, la representante más perfecta de un tipo. Toda mujer que se le aproxime será bella con los criterios estadounidenses.
El feminismo es un movimiento político —una doctrina y una práctica— de las mujeres para el bienestar, los derechos, la visibilidad de ellas mismas. A la vez, es una teoría política que ha forjado conceptos para el análisis de la condición de las mujeres en las diferentes sociedades, y un conjunto de ideas sociales, estéticas, éticas, históricas que conforman una lógica del quehacer femenino en un mundo mixto, un mundo donde conviven los dos sexos, con sus diferencias, pero no necesariamente con sus desigualdades.
La memoria ha sido tema de reflexión desde la antigüedad. Los filósofos han tendido que darle mucha atención debido a su importancia al otorgar sentido de identidad a una persona. Un ejemplo temprano puede encontrarse en el diálogo de Platón Memo, donde al esclavo se le enseña geometría a través de hacerle recordar lo que ya sabe por medio de preguntas formuladas por Sócrates. Platón creía que la gente recolectaba literalmente lo que había aprendido en existencias previas. Esta idea es retornada, en parte, por Rousseau, quien pensó que gracias a la memoria se pueden activar conocimientos recientemente adquiridos preguntando.
Como un juego de cambios, de selecciones y combinaciones, lo ecléctico representa una renovación y confluencia de diferentes corrientes del pensamiento en una sola. A partir de la conjunción de diversos elementos heterogéneos de la naturaleza intelectual del hombre se reformulan las cosas para componerlas de manera más amplia e innovada. Lo anterior se traduce en que lo ecléctico es un procedimiento filosófico que traza una línea de entendimiento formada por varias corrientes de pensamiento que, en su conjunto, generan una visión que relaciona dialécticamente los diferentes conocimientos del hombre.
El posmodernismo se hace presente de forma tangible en los años ochenta; nace como una necesidad de analizar los antiguos conceptos por los que se aspiraba a que la sociedad se uniera, luchara y avanzara en conjunto. Más que un rompimiento absoluto con la modernidad, existió la inquietud de no dejar ni el pasado de la modernidad ni otros más remotos todavía. Hoy, aún en la posmodernidad, también queremos cuestionar, retomar y analizar la herencia histórica con todo su legado ancestral.