Page 10 - Estudios sobre la Ciudad
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También sentí la respiración de alguien en la oreja. Darth   Fue como escena de película grin-
               Vader sacó a relucir la espada fluorescente, esos juguetes   ga: un acontecimiento importante,
               tan de moda en los ochenta, y se ejercitó con versati-    multitudinario, como telón de fon-
               lidad, haciendo juego de cinturas, quiebres y contoneos   do del beso final. Pero acá, entre la
               bruscos y mariposeo con la capa. Un dedo con la uña       muchedumbre, no hubo beso final,
               bien afilada me recorría la ingle. Me pareció que Karla,   al menos no para mí, en el Zócalo,
               a mi lado, besaba a alguien y soltaba un jadeo apagado    cuando  López  Obrador  se  declaró
               por la música o quizá por el mismo jadeo del Lord.        presidente legítimo de México, un 20
               Cerré los ojos y me dejé hacer, el dedo de la uña afilada   de noviembre con bastante frío, de
               se sentía muy hábil y la lengua en la oreja me hacía   ese frío seco del invierno chilango, con mucho viento,
               tiritar. Cuando nuevamente miré hacia el escenario   ideal para observar desde alguna azotea cómo las nu-
               Darth Vader se sostenía una gran verga negra en abier-  bes se disipan y aparece, por fin, Iztaccíhuatl, en lugar
               ta ofensiva contra los insubordinados. Parecía como si   de quedar aplastado por millones en el Zócalo presen-
               los bordes del glande fueran branquias, se movían, res-  ciando una simulada investidura mientras la multitud,
               piraban, aleteaban. Las lamidas en la oreja y los toque-  entre la que aparece Karla feliz sobre los hombros de
               teos en la ingle cesaron de golpe, tal vez por la sorpresa   su novio eterno, vitorea, vitorea al presidente legíti-
               del espectáculo, y para cuando el Supremo Comandan-  mo y yo me quedo paralizado comprendiendo que con
               te soltó el chorro, un chorro fluorescente como su es-  los novios eternos no hay caso, carajo, y lo mejor será
               pada, pero más largo, más extendido en el espacio y en   entonces caminar de vuelta por Tacuba y salir al Eje
               el tiempo, estoy seguro de que todos miraban hacia el   Central, ahí donde el aire ya es otro, aún más frío, pero
               escenario con la boca abierta. Karla fue elocuente des-  más ligero, y pasa el Trole. Y
               pués de un largo trago de cerveza: ma-messs!!!, y luego,
               cuando salimos y nos subimos a la última combi de la
               noche, aún movía la cabeza diciendo: Nezayork está ca-
               brón, no, no, no, está bien pinche cabrón… ma-mess!!!











                                                  Mart ín Cinzan o

                           (Guayaquil, 1977), publicó el libro de crónicas Perdido (Ciudad de México, UACM);
                         los libros de poemas Peatonal (Cuernavaca, La Ratona Cartonera) y Yo ya (Santiago, G0
                       Ediciones); los fragmentos de El piano de Waldstein (Ciudad de México, Mantra Edixxxiones)
                                      y la nononovela En pana (Santiago, Libros del Laurel).
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