Page 35 - Estudios sobre la Ciudad
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movimiento. Lo que se califica como violencia suele ser   cos al pastor que recorre un puesto en una esquina y
               la combinación de varios flujos determinados que son   entonces emerge una persona que come tacos al pastor
               observados y juzgados desde otros flujos específicos:   en la esquina de la calle con el eje vial. La boca del
               contemplar un cuerpo que es movido y que dicho mo-  transeúnte, que antes le sirvió para hablar, para comu-
               vimiento se ejerce fuera de los márgenes establecidos   nicarse o dar órdenes, se convierte ahora en un ins-
               por nuestros flujos morales, políticos, económicos, et-  trumento que mastica y deglute; sus brazos y manos,
               cétera. Toda violencia, en este sentido, se determina a   que antes funcionaron para hacer señas, tomar cosas
               partir de flujos determinados en los que muy frecuen-  y apartar a la gente, ahora llevan alimento a la boca;
               temente están inmiscuidos nuestros flujos morales.   el trompo del pastor, que a lo lejos era un espectáculo,
                  Con facilidad se puede ver lo tembloroso del asun-  ahora es comida efectiva; los flujos y las intensidades,
               to: basta con estar en un flujo determinado para obser-  tanto del trompo como de la persona, pues, se confor-
               var todo aquello que lo transgrede como violento, pero   man ahora como una máquina, una máquina alimenticia.
               también basta con cambiar de parámetros o de flujos   Antes de serlo, quizá la boca fue, junto con las manos,
               para ver lo que antes era propio como violento. De esta   máquina insultante, y quizá el trompo fue una máquina
               forma, es violento el capital, es violenta la moral, las   incitante. Pero, ahora que están juntas, se transforman y
               leyes, el deber, el aparato de estado; es violenta la ciu-  conforman una máquina alimenticia. 6
               dad, el eje vial y nuestras propias ilusiones.  En un puesto de tacos al pastor en la esquina de la
                  Con esta ontología de los flujos, las intensidades,   calle con el eje, sin embargo, no hay nunca sólo una
               los cortes, las direcciones y la profunda violencia que   máquina alimenticia, sino varias, y juntas se conectan
               recubre toda codificación, la ciudad se nos aparece   para hacer una máquina, digamos, de consumo, pero
               como un enorme dispositivo de regulación, distribu-  no sólo de eso, sino de placer, de gula, de infecciones
               ción y normalización de los flujos, es decir, como una   intestinales, máquina de desorden vial, muy probablemen-
               gigantesca máquina de codificación. 5       te. Y esa máquina, de lo que sea según el caso, se conecta
                                                           con la máquina de transporte microbús que deviene má-
               II Alegría, tristeza y descodificación      quina de atracos o máquina de burdel rodante, que a su vez
               Cuando los flujos se encuentran, se cortan, se com-  se conecta con el resto de los automovilistas apresura-
               binan y se acompañan, forman singularidades finitas   dos para formar una máquina neurótica de a ver quién se
               destinadas a su mutación, a su cambio, a su extinción.   chinga a quién pasando primero.
               Sin embargo, mientras el flujo insiste y persiste junto   Máquinas, máquinas por todos lados, funcionando
               con otros flujos no sólo se crea una singularidad, sino   bajo sus propios principios y con sus propias conexio-
               muchas de ellas conectadas por sus propios flujos y sus   nes. No hay esencias, sino aconteceres, devenires, flu-
               propios cortes, sus intensidades. Es así que el flujo de   jos e intensidades cruzándose y cortándose, transfor-
               hambre de una persona se combina con el flujo de ta-  mándose a cada momento en una máquina diferente.




               5  Sobre la codificación de los flujos en la subjetivación se puede consultar la serie Capitalismo y esquizofrenia,
                 compuesta por El Anti Edipo y Mil mesetas. Acaso un lugar más pedagógico sea el libro de Gilles Deleuze, Derrames
                 entre el capitalismo y la esquizofrenia, Buenos Aires: Cactus, 2006.
               6  Sobre el maquinismo o la ontología maquínica, consúltese, sobre todo: G. Deleuze y F. Guattari, «Las máquinas
                 deseantes», en El Anti Edipo. Capitalismo y esquizofrenia; así como G. Deleuze y F. Guattari, «Introducción: Rizoma»,
                 en Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia.




                                       Codificación y máquinas de guerra (Apuntes cartográficos desde la ciudad)   HETEROTOPÍAS     35
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