Page 4 - Estudios sobre la Ciudad
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y categorías. Sin embargo, la ciudad ha creado sus pro- Empero, esta voluntad de enunciación no se agota
pias manías, sus propias neurosis, sus propios deseos y en el espacio que codifica el sujeto, sino que se ha tras-
sus propias imaginaciones, así como sus propios len- ladado a las formas de enunciación del otro que también
guajes, vocablos y discursos. Hablar desde la ciudad ya son parte de ese mismo espacio. Una forma de hacer
no es confrontar con ella, sino enunciarla. circular los discursos en relación con el otro es esta-
Sin duda la complicidad entre el sujeto y la ciudad bleciendo sistemas cerrados de enunciación, es decir,
se puede entender y asumir desde un sinnúmero de formas de discursos que asignan inclusiones, exclusio-
horizontes y perspectivas. La relación entre espacio y nes, identidades, personalidades, estereotipos, etc. Un
quien lo habita entreteje una serie de necesidades reci- discurso cerrado siempre lleva a la base unidades fijas e
procas y, en muchas ocasiones, poco generosas consigo invariables que fundan modos de ser en el espacio codi-
mismas. Por un lado, un espacio que se impone en su ficado. Una de las tareas de estas sociedades de discurso
materialidad, mientras que, por el otro, un sujeto que es anular y dominar toda posibilidad de acontecimiento
asigna determinantemente qué y desde dónde enunciar aleatorio, pues siempre tendrá un espacio discursivo
tales espacios y tales materialidades. Así, la codificación asignado frente a toda anormalidad. El loco, el crimi-
de los espacios, públicos y privados, se eslabona como nal, el ilegal, el otro, establecen formas del discurso,
proyecto de un pueblo que deviene ciudad, un barrio enunciados sin variabilidad que, en determinados espa-
que deviene metrópolis y un campo rural que deviene cios de la disposición citadina, siempre tendrán cabida
labrantío capitalista. En tanto sociedades de discurso, para el anormal, para ese otro. Dichas sociedades son
lo anterior no es más que el poder de enunciación, de mallas que no cesan de ensancharse y multiplicarse;
nombrar y ser nombrado. Pese a que siempre hay un cuantos más anormales, cuantos más discursos dis-
intento de enunciar desde el mundo mismo, signifique puestos para anclar todo a su centro. En ese sentido, la
lo que signifique, la construcción de discursos y, en ese enunciación de discursos, como práctica que se impone
sentido, enunciaciones de verdad, tendrá como garante al espacio y las cosas, nunca es neutro, es siempre una
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al sujeto que lo enuncia. De lo que ha deseado y padeci- voluntad ejercida desde un espacio discursivo. Incluso,
do el hablante, erige y dispone discursos para instaurar aquellas enunciaciones que aparecen como «inclusivas»
campos y regímenes de la distribución del espacio vacío. en el fondo establecen límites entre una inclusión y la
En consecuencia, tenemos espacios asignados para reír, próxima, entre un centro y una periferia, un adentro y
para caminar, para correr, para fornicar e, incluso, para un afuera. Las sociedades de discurso que hablan y escri-
robar al por mayor. El vínculo entre el espacio y el su- ben sobre la ciudad son un violento discurso que actúa
jeto que lo habita está mediado por el discurso que, en como sistema y aparato de cultura.
primer momento, enuncia, pero que no se contenta con El discurso, en este caso, como una prodigiosa má-
ello, sino que busca replicar y conservar dicha enuncia- quina de exclusión, despliega y fortalece sistemas en la
ción. Se trata del discurso que se replica y se conserva a formación de la cultura. No hay sistemas sin máquinas,
sí mismo. El trazado cartográfico del espacio público y sin función organizativa. La ciudad se ha conformado
privado de la ciudad contemporánea nace del poder y la como una fábrica creadora y productora de imparables
voluntad de enunciación. discursos. La crítica y análisis a estos sistemas del dis-
2 Cf., Michel Foucault, El orden del discurso, traducción de Alberto González Troyano, México: Tusquets, 2014, p. 53.
4 HETEROTOPÍAS Ciudad-Discurso

