Page 5 - Estudios sobre la Ciudad
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curso se han contentado en cuantificar, describir he- ciudad misma, es decir, desde quien la narra y la escri-
chos, fenómenos o el recuento de los daños acaecidos be, para contrarrestar todo un flujo violento de discur-
en la ciudad, y no desde la ciudad misma. Cavilar en sos institucionalizados. Hay que recurrir a otros prin-
torno a la ciudad no es más que eso, disponer un trama- cipios de método para hacer que la ciudad hable y grite
do de categorías y numeralias que dibujan saberes sobre con sus propios lenguajes, con sus propias grafías y, por
este espacio de fuerzas y de quienes habitan el mismo. qué no, desde sus propias enunciaciones. Lo cualitativo
La voluntad de enunciación toma la forma de las enun- y lo cuantitativo parecen ya una mala broma.
ciaciones de verdad; en ese sentido, todo presupuesto de Roland Barthes nos dice que «La ciudad es un dis-
verdad tiene como incidencia discursos con la voluntad curso, y este discurso es verdaderamente un lenguaje:
de cohesionar, oprimir, conducir, prescribir, sujetar. la ciudad habla a sus habitantes, nosotros hablamos a
Así, la voluntad de enunciación se emparenta con una nuestra ciudad, la ciudad en la que nos encontramos,
voluntad de verdad en tanto saber institucionalizado, de sólo con habitarla, reconocerla, mirarla». La ciudad
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ello se despliegan ciertas formas de mirar, de enunciar como discurso toma distancia de los discursos que fé-
y, por supuesto, de conducirnos por la ciudad misma. rreamente trazan y delimitan todos y cada uno de sus
La Academia, por ejemplo, mediante sistemas y méto- espacios y quienes los enuncian. El traslado de la ciu-
dos de cálculo y valoración, ha institucionalizado dis- dad como resultado deviene en la ciudad como condi-
cursos que sirven de sustento para toda voluntad de ción de posibilidad, posibilidad misma de enunciación.
enunciación, es decir, a través de la Academia es que un Por ello, cavilar en torno a la ciudad o sobre la ciudad es
enunciado puede cobrar un estatuto de verdad, refor- sólo asumirla como contexto; ahora, de lo que se tra-
zando así sistemas de exclusión. Los métodos de análisis ta, es de apropiarla como discurso mismo, es decir, co-
de la ciudad que sólo han mirado cualidades y cantidades mo una narrativa que funda su propio texto. La ciudad
de fenómenos expresados en la ciudad han valido como como texto no será nunca más la ciudad como contexto.
cimiento irreductible de discursos monolíticos que poco Sin duda, ésta ha creado sus propias formas de narrarse
expresan las ruinas de una ciudad en duelo en medio de y de enunciarse, no sólo desde quien la habita, es decir,
la «Ciudad de la esperanza». Bien lo decía Baudelaire, desde quien la enuncia, sino también desde las propias
«Desde allí, enteramente, puede verse la ciudad: Purga- disposiciones materiales. Ha inventado sus propias gra-
torio, lupanares, infierno, hospitales, prisión». fías, enunciaciones y sentidos. De sus flujos singulares y
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Pináculos erguidos, lupanares al menudeo, telarañas las formas de circulación nace un nuevo lenguaje, a sa-
de corrupción, a saber, formaciones dispersas, irregula- ber, una serie de significaciones que, quizá, y sólo quizá,
ridades, grietas, discontinuidades, eso también es la ciu- cobran su potencia en la eficacia de su puesta en marcha.
dad, «la ciudad de los palacios». Hacer una crítica de la Pensando, por ejemplo, en eso que se entiende como es-
ciudad, no sobre la ciudad, sino desde la ciudad misma, pacio público, se tendrá su eficacia en las capacidades
posiblemente implique un cambio de enfoque fuera de de apropiación, es decir, el espacio público será de quien
las ritualizaciones institucionalizadas que fundamen- lo hace suyo, se lo apropia y configura nuevos sentidos
tan y legitiman determinados discursos; de lo que se del mismo. La ciudad no es unidad entera y consumada,
trata es de mirar las condiciones de posibilidad desde la sino contingencia de la irregularidad de un acontecimiento.
3 Charles Baudelaire, Pequeños poemas en prosa, traducción de Francisco Torres Monreal, Madrid: Alianza, 2014, p. 49.
4 Roland Barthes, La aventura semiológica, traducción de Ramón Alcalde, Barcelona: Paidós, 2009, pp. 260-261.
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