Page 6 - Estudios sobre la Ciudad
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El acontecimiento es, en ese sentido, elemento irre- No se narra la ciudad para ser definida, la ciudad
nunciable en la sintaxis de la ciudad como discurso. se enuncia para ser experienciada. Desde esta espe-
Los delirios, sentidos y sinsentidos de la ciudad no se cificidad irreductible, la ciudad murmura sus propios
potencian desde la valoración o cuantificación de los fe- sentidos y significaciones, por ello, esa otra lengua,
nómenos o de los daños, sino desde los espacios pre-dis- cuasi extranjera, no tendrá otra tarea sino reventarla
cursivos de la ciudad, es decir, desde las condiciones de en su propia enunciación, en una disposición colectiva
posibilidad en la formación de la ciudad como discurso. de enunciación. La enunciación desde el Yo en la ciu
El azar y la apropiación inciden como elementos que dad como discurso no es más que una voluntad de ver-
potencian el acontecimiento, pues el aparecer del autor dad instituyendo límites y fronteras. La ciudad como
como nuevo personaje de la ciudad, como habitante una narrativa está lejos de pretender una analítica de
de la misma, genera una experiencia discursiva desde sus flujos; más cerca estará de la búsqueda de poéticas
la ciudad misma. Este otro enfoque no está posibilita- y retóricas con la voluntad de evocarse en su propia
do en los hechos descritos o cuantificados, sino en el lengua. Poetizar y narrar la ciudad en su propia lengua
acontecimiento en tanto potencia de un discurso, o enun- es ese otro principio de método al cual podemos recu-
ciación, de las nuevas formas de tensión y apropiación rrir cada vez que busquemos reconocimientos prísti-
entre el texto (la ciudad) y el autor (quien la habita). nos de eso enunciado como ciudad. Desde las poéticas
La ciudad como discurso funda otras relaciones con y retóricas de la ciudad, la palabra como enunciación
quien la reside, con quien la enuncia. En medio de una esboza nuevos sentidos y, por consiguiente, inusitadas
urdimbre de acontecimientos acaecidos desde la ciudad y formas de experiencia de la ciudad, de habitarla, pero
sus residentes se disponen diálogos donde éstos ya no también de habitarnos.
son el lugar de sometimiento de la experiencia en pro El estatuto de verdad en la enunciación deja de co-
de frontispicios categoriales e inamovibles, sino más brar relevancia, más que una analítica del espacio pú-
bien el intersticio en donde el acontecimiento no necesita blico y privado, la ciudad como discurso, como espacio
ser valorado, sino enunciado desde su propia lengua. poético, construye sus propias narrativas que, en todo
Decir desde la ciudad, y no sobre la ciudad, es construir caso, poco le importan los ejercicios de una voluntad de
dialogismos desde una lengua que, para muchos que verdad que se impone a cada paso. Una voluntad de ver-
aún la sistematizan, nace de un lenguaje completa- dad es una máquina de imposición de discursos; asumir
mente ajeno. La ciudad que se expresa desde su len- la ciudad como una discursividad no anula la emergen-
gua y aquel que mora en ella entablan vínculos que cia de la fundación de nuevos e inusitados discursos,
dan cuenta de los constantes movimientos de uno y sino que los hace fluir, es una instancia que más que
del otro, contingencias que ansían ser enunciadas en anular la posibilidad de discurso la detona. La ciudad
su carácter singular, mas no determinadas a una in- como potencia creadora del pueblo que falta.
variabilidad. La ciudad y su residente acontecen en la
perpetuidad del desplazamiento y la contingencia. Es el
devenir de la ciudad en su propia lengua.
6 HETEROTOPÍAS Ciudad-Discurso

