Page 9 - Estudios sobre la Ciudad
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Karla se pasó un buen tiempo celebrando
                                                                     su graduación. Era todo un desafío seguir-
                                                                      le el ritmo, y a veces, entre combis, taxis,
                                                                      metros y camiones, me preguntaba si no
                                                                      era mejor, o por lo menos más tranqui-
                                                                      lo, ser el novio eterno de Karla. Le en-
                                                                      cantaba ir a los antros gays de la Zona
                                                                      Rosa, a las cantinas de ficheras y a los
                                                           shows travestis del centro. De La Perla al Marrakesh y
                                                           de ahí al Bombay para rematar en El Taller. Toda una
                                                           iconografía, además, sustentaba este itinerario: posters
                                                           de Pedro Infante, bolsitas estampadas con el rostro de
                                                           Frida Kahlo, música de Miranda y Fangoria, concier-
                                                           tos de Astrid Haddad, libros de Salvador Novo, Luis
                                                           Zapata y Carlos Monsiváis: un paradigma estético que,
                                                           sin embargo, cuando nos aventuramos al Espartacus de
                                                           Ciudad Nezahualcóyotl, se quedó corto. Ya solamente
                                                           el nombre era temible, pero ahí fuimos. Apenas en-
                                                           tramos,  nos  sorprendió  el  gran  escenario,  los  mese-
                                                           ros-strippers, cerveza barata, música en vivo y juegos
                                                           de luces a todo dar. Era la noche de la Guerra de las
                                                           Galaxias, lo supimos al ver aparecer en el escenario
                                                           una versión de la Princesa Leia en topless y con una
                                                           tanga harto narizona. En vez de recibir latigazos, como
                                                           en la película, aquí era ella quien amenazaba dárselos
                                                           al público, entre el cual hubo unos cuantos que se saca-
                                                           ron la camisa y ofrecieron sus espaldas, felices. Luego
                                                           se desató el pelo, se sentó, se abrió de piernas, levantó
                                                           la zunga y dejó caer las bolas a ras de piso, unas bolas
                                                           lampiñas, muy morenas, bajando y subiendo, bajando
                                                           y subiendo rápidamente, como si la Princesa tuviese
                                                           un dispositivo instalado en el culo. A esas alturas la
                                                           música era estridente, pero poco a poco se fue apa-
                                                           gando hasta que la Princesa desapareció y se empezó
                                                           a escuchar tenuemente la música del Lado Oscuro de
                                                           la Fuerza. Karla condujo mi mano a su boca y le dio
                                                           leves mordidas, como tratando de calmar la ansiedad.
                                                           Entonces apareció Darth Vader en persona y el griterío
                                                           y la oscuridad entre el público fue total. Una mano se
                                                           deslizó por mi espalda y otra abrió el cierre del pantalón.




                                                                         Distancias de Karla   HETEROTOPÍAS     9
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