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como se difundía en las fotografías de los libros La ar-  quería decir también, higienizarla, organizarla para su
               quitectura en México. Iglesias,  Spanish Colonial Architecture,    buen uso, diseñar sus espacios en proporción al lugar,
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               o La Patria y la Arquitectura Nacional  entre otros.  y otorgar a las edificaciones que la rodeaban carácter
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                 El proyecto del segundo lugar, de los arquitectos   arquitectónico. Pero el Zócalo continuó siendo un jar-
               José Luis Cuevas y Manuel Cortina, contribuyó tam-  dín para el esparcimiento de poca calidad arquitectó-
               bién para la futura transformación de la Plaza. En él se   nica, para algunos, rodeado de los principales edificios
               proponía ya la apertura de una amplia avenida de sur   simbólicos de nuestra historia y cultura, sin unidad
               a norte, por la calle de la Diputación, que remataría   estilística. Ni aún en las Fiestas del Centenario de la
               en el centro de la plaza, tomando como eje principal   Consumación de la Independencia, en 1921, pudo ha-
               el longitudinal de la Catedral, además preveía la edi-  cerse algo sobresalientes. Antes bien, a raíz de ese últi-
               ficación de un edificio gemelo al del Ayuntamiento, el   mo festejo, se mostró la importancia de consultar a los
               cual en este proyecto fue concebido en un estilo neoco-  arquitectos de la Escuela de Bellas Artes para intervenir
               lonial sobrio y austero. A diferencia del proyecto de los   en esta Plaza. A través de artículos de periódicos, los
               hermanos Ituarte, donde los elementos de la Plaza eran   arquitectos protestaron enérgicamente porque  el  co-
               para delimitar el tránsito vehicular, el proyecto Cuevas-   mité organizados de dichos festejos ordenó construir
               Cortina proponía en su lado sur un monumento al   unos pedestales en cada una de las esquinas del jar-
               principal mártir de la Revolución: Francisco I. Madero.   dín para colocar en ellos las esculturas que adornaban
                 Ambos proyectos muestran cómo, aún no terminada   entonces el exterior de la tramoya del Teatro Nacio-
               la Revolución, se iban definiendo los elementos y usos   nal, hoy Palacio de Bellas Artes. Las esculturas de los
               urbanos con los cuales el gobierno federal recuperaría   Pegasos, esculpidas por español Miguel Querol, eran
               la plaza tanto  simbólica como funcionalmente años   (son) de calidad artística, pero nada relacionadas con
               después. Primero, no levantaría en ella ningún monu-  el barroco mexicano con el que se había imaginado la
               mento; segundo, su estilo no sería el renacimiento he-  plaza, decían. Pero los arquitectos fueron desoídos; el
               rreriano; tercero, a ella desembocaría una gran avenida   comité bajó las esculturas y adornaron el jardín cen-
               siguiendo el eje longitudinal de la Catedral; cuarto, se   tral del Zócalo entre 1922 y 1933. Lamentándose por
               levantaría un nuevo edificio administrativo de la en-  tan desafortunada decisión, los arquitectos dijeron:
               vergadura de los edificios públicos que embellecen las   «México, como ciudad, merece tener su principal plaza
               plazas públicas; y quinto, su uso sería cívico conmemo-  pública a la altura de su importancia y dignidad». 9
               rativo; el lugar simbólico del gobierno revolucionario.
                 Como anteriores proyectos urbano arquitectónicos,  La Plaza de la República en la fase
               los de 1916 no se realizaron. Quedaron en el archi- armada y en los primeros gobiernos
               vo del Ayuntamiento y en la memoria de quienes se  revolucionarios

               interesaron en el concurso, de las autoridades y de   Los trabajos en la Plaza de la República tampoco iban
               los arquitectos de la Escuela de Bellas Artes, quienes   bien. Desde 1913 comenzaron a llegar a las ofici-
               insistentemente demostraban que hermosear la plaza   nas de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Pú-


               6  Antonio Cortés, La arquitectura en México. México: Talleres de imprenta y fotograbado del Museo
                 Nacional de Arqueología, 1914.
               7  Sylvester Baxter, Spanish-Colonial Architecture in Mexico. Boston: J.B. Millet, 1901.
               8  Federico Mariscal, La patria y la arquitectura nacional. México: Universidad Popular Mexicana, 1915.
               9  Revista Arquitectura, núm. 5, 1922, p. 5.




           46    HETEROTOPÍAS 02     La invención del imaginario revolucionario en la Plaza de la República y la Plaza de la Constitución en 1933
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