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EL SISMO DESDE TEZONCO



                           Jovani Hernández Claudio









                                                             Giro sobre mi derecha atraído por la mirada de Davi,
                                   I                       un amigo de Ciencias Políticas que vende libros, me

                                                           mira como gato que embauca a un pichón.
               Termina la clase de Narrativa Norteamericana en la Uni-  . ¿Cómo estás?
               versidad Autónoma de la Ciudad de México-Tezonco,   . Bien, el Davi, ¿ya se llevaron el de Galeano, verdad?
               y el cuento «Cuando la escuadra llegó a Mobile» de   . ¡Uuuuy, ya! Ayer pasó un profe, soltó la mortaja
               Patricia Highsmith, me hace ruido en las ideas. Bajo    y se lo llevó. Te tardaste, amigo, pero aquí hay más,
               las escaleras del edificio donde me encuentro. A tres   chécale, chécale, sin miedo.
               horas de mi siguiente clase, no tengo destino. Me en-  El vocerío de la comunidad se esparce y rebota por
               cuentro a la maestra Lavín, le expongo la inquietud de   la caja acústica  que es el «Flores Magón». Hacia el
               mis conjeturas y con parsimonia me expone las suyas.   norte se escucha el rugir de la furia de un tráiler que
                 Ella se dirige a su cubículo, vaya a saber Dios a dónde.   sale de la mina y que cual Sísifo arrastra la piedra de su
               Justo antes de entrar al domo «Ricardo Flores» me dice:   destino. El desgaste del volcán Yahualixqui parece que
                 . ¡Un horror! Esto de los sismos y simulacros siempre   jamás se detiene. Algunos metros más abajo de donde
                 me reviven los recuerdos. En el ochenta y cinco yo   circula la máquina de carga, la estructura suspendida
                 estaba embarazada, me agarró en mi departamento.  donde estamos se cimbra. Casi a la misma velocidad, la
                 Escucho callado, pienso en mi noche de insom-  mirada de Davi y la mía se cruzan.
               nio, un poco por los eventos del siete de septiembre,   . ¡Está temblando!, decimos al unísono.
               y otro tanto por el estado emotivo de los diecinueves   La alerta sísmica no se escucha, sólo los gritos de
               de septiembre. Desde hace treinta y dos años afloran   pánico de las compañeras y compañeros que intentan
               sentimientos diversos. Seguimos caminando y, en el   ponerse a salvo. Todos hacemos el intento de llegar
               momento indicado, nos despedimos.           al estacionamiento de profesores, el diseño experimen-




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