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               tal de los escalones que conectan con el domo com-  Con el sismo se sacuden países, clases sociales, es-
               plican las cosas. El sismo nos vuelve péndulos. En la   tructuras e ideas. Desquiciado, estoico, indiferente o
               parte sur del plantel explotan los potentes motores a   empático, uno sobrevive y se replantea su existir. Sa-
               diesel de las plantas eléctricas, una reacción en cadena   tisfacción y culpa se entremezclan y el primer impulso
               de detonaciones que acrecienta la histeria colectiva.   es querer ser útil.
               Algunos se dejan seducir por el pánico y, sin más, se   Salgo del campus después del desequilibrio tectónico
               detienen. Arriba, las vigas metálicas que hacen de sos-  que deja otro diecinueve de septiembre y busco caras
               tén se mueven como trozos de plastilina. Más de uno   conocidas para intercambiar palabras y que me refres-
               duda de su resistencia; entre el tumulto, se escucha:  quen la sensación de vida, porque la muerte, o estar
                 . ¡Avancen, no se detengan, avancen!      cerca de ella, es justamente lo contrario: un enmudeci-
                 Son los diez segundos más lentos de mi vida. Davi   miento que todo lo consume.
               no está conmigo y el sismo no da tregua.      Me encuentro con un compañero, nos saludamos
                 Me alejo lo más que puedo de la angustia de metal y   con satisfacción. Él se preocupa por su novia que debe
               de concreto que es el edificio de cubículos. Sigo sin en-  estar en las instalaciones y yo mecánicamente le pre-
               contrar a Davi, lo busco entre la masa. Nada. De pron-  gunto qué sabe de lo acontecido. Con evidente descon-
               to, una chica que no conozco me presiona el brazo, sigo   cierto me confiesa:
               hacia donde apunta su mirada (ella está paralizada) y   . No me creas, pero escuché que se cayó un hospital
               me encuentro con la lámpara y sus seis farolas que no   en Tláhuac.
               paran de sacudirse. El movimiento me es arrebatado.   . ¿Cuál?, ¿el de metro Tezonco o el de la Turba? .
               Una voz nos jala, alcanzo a escuchar:         le cuestiono un poco agitado, como a la espera de
                 . ¡Acá, chicos! ¡Todos a la zona de seguridad!   que me diga que ha visto a mi hermano, al que ni
               Buscamos esa mancha verde que nos calme los nervios.  siquiera conoce.
               Ya en ella me encuentro de nuevo a Lavín. Me acerco   . No sé, sólo escuché eso de unos compas que iban
               con la pena de quien escucha augurios. Intercambia-  pasando.
               mos el «¿Estás bien? ¡Qué bueno!». Su teléfono suena.   Intercambiamos unas cuantas palabras más, nos
               «¿Bueno?, ¿hija? Estoy bien». Su rostro cambia. Yo me   despedimos, él continúa su búsqueda y a mí se me es-
               alejo, ya no tiembla. Mecánicamente saco mi teléfono.   tremece el estómago; mi hermano por la mañana me
               No hay señal de mi hermano. Diez por ciento de batería   había comentado que tenía que ir al banco, debe de
               y la red de Movistar ya no existe… Se respira pánico.  estar por esa zona y no tengo modo de comunicarme.
                 Por fin encuentro a Davi.                   No lo pienso mucho y comienzo el pedaleo por
                 . ¿Dónde estabas?,  le reprocho.          Avenida del Árbol, primero para confirmar que no se
                 . El changarro, ya sabes, me quedé a guardar el billu-  haya caído el hospital (y así no sentirme necesitado);
                 llo, ¿estuvo bien fuerte, verdad?         segundo, para jugarle al estadista y por qué no, encon-
                 . No lo sé, estoy confundido. Siento que estuvo más   trarme a mi hermano y juntos volver a casa. Cuando
                 perro el del siete. ¿Será porque fue de madrugada? No   paso Frente al Panteón del pueblo me aferro en vano al
                 tengo datos, ¡carajo!                     optimismo de las parcas pintadas en las paredes del re-
                 . Ya tengo. ¡No chingues! Fue aquí bien cerquita,   cinto. Sobre las banquetas los colonos son espectadores
                 Morelos y Puebla. ¡Puta, se cayeron edificios… esto   del infarto que sufre el tránsito.
                 va a estar cabrón!






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