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de la perspectiva del daño a los cuerpos espaciales en la  en niveles de devastación total le es propia la pro-
               ciudad.   Es  decir,  el  conflicto  bélico  como  agente  de   ducción de escombro. Ciudades destruidas, demolidas o
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               la destrucción material de las ciudades daña a la vida hu-  bombardeadas adquieren en su dimensión arquitectó-
               mana en su condición orgánica, a la par que genera daños  nica una relación con el escombro como la materiali-
               en la infraestructura que constituye y es constituyente –si-  dad destruida, amorfa y fragmentada, residuo y producto de
               multáneamente– de las formas de vivir, o sea, en las formas  la destrucción. De esta forma, las ciudades se volvieron
               de ser habitante de un espacio construido y compartido.  no sólo protagonistas, sino también víctimas de un
               Eso que Iván Ilich llama «umbral de mutación» de la ha-  ambiente en dimensiones de aniquilamiento de la cor-
               bitabilidad: en donde habitar en común ya no es posible. 13  poralidad de sus objetos de violencia. Muchos de los
                 En tal tenor, resalta el marco histórico de compren-  edificios destruidos durante la Segunda Guerra Mun-
               sión de la destrucción de las ciudades desde la revalora-  dial, por ejemplo, quedaron irreconocibles, reducidos
               ción conceptual de teorías corpocéntricas.  Es decir, el  a escombro. En un intento de arquitectura forense, W.
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               cuerpo reconsiderado en su diversidad espacial: geomé-  Sebald se dio a la tarea de describir los edificios des-
               trica (longitud, altitud y profundidad), matemática  truidos a partir de sus restos. Con esta acción tomó
               (masa, peso y volumen), antropológica (relación, co-  conciencia de que algunos sólo se podían registrar por
               municación, símbolo y socialización) y forense (cuerpo  la cantidad de escombro a la cual fueron reducidos, me-
               dañado al que se le ha cometido un delito). Consecuen-  didos en metros cúbicos de piedra, concreto, madera,
               temente, la atención recae en la violencia urbicida; una  acero, vidrio. 16
               violencia que atenta contra la ciudad, en la integridad   Identificar los edificios como víctimas en un conflic-
               de sus cuerpos monumentales, estos son: casas, edifica-  to bélico, no sólo tiene que ver con el recuento de los
               ciones públicas, calles, plazas, puentes y corporalidades  daños causados, también quiere resaltar la recuperación
               que son constituyentes del habitar urbano.  de la memoria de un espacio habitado cuyas marcas y
                                                           huellas de sus citadinos se resisten a desaparecer entre la
                    Desde el siglo xx se ha pensado que la destruc-  homogeneidad del escombro. Recientemente, en la gue-
                    ción de espacios urbanos era la consecuencia de  rra de la llamada Franja de Gaza, las dinámicas de guerra
               3. un daño colateral: resultado de una dinámica  se han enfocado en la generación de daño a partir de la
               circunstancial a la guerra. No obstante, el concepto de  destrucción de los edificios por encima de las víctimas
               urbicidio en los últimos cincuenta años ha modificado  humanas. Algunos análisis, como el de Eyal Weizman,
               sustancialmente esta idea propia de quienes ejercen la  dan cuenta que alrededor de 1400 personas fueron ase-
               violencia y no de las víctimas que la padecen.  sinadas y 15 000 edificios destruidos o dañados en el
                 El urbicidio, como violencia deliberada contra el es-  ataque a Gaza de diciembre 2008 a enero 2009. Esto no
               pacio edificado, afecta la cualidad arquitectónica de la  es de sorprenderse pues muestra la intrínseca relación
               urbe cuando hace de los edificios y construcciones sus  entre la proporción de muertos con los edificios. 17
               objetivos a destruir.  Así, a esta forma de destrucción   Aquí hay que distinguir que, si bien el espacio urba-
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               12 Ibid., pp. 51-54.
               13 Iván Illich, «La reivindicación de la casa», El País, (5 jun 1983), s/p.
               14 Martin Coward, Urbicide. The Politics of Urban Destruction, Nueva York: Routlegde, 2009, pp. 12-13.
               15 Stephen Graham, «Disruption by Design: Urban Infrastructure and Political Violence», en Disrupted Cities When
                 Infrastructure Fails, New York: Routledge, 2010, p. 113.
               16  Winfried Sebald, On the Natural History of Destruction, Nueva York: Random House, 2003, p. 5.
               17 Eyal Weizman, The Least of All Possible Evils. Humanitarian Violence from Arendt to Gaza, Londres-Nueva York:
                 Verso, 2011, p. 125.


                                               Urbicidio: violencia bélica contra las edificaciones desde la filosofía forense   HETEROTOPÍAS 03    21
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