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no es este tejido de elementos comunes que están unos   A diferencia de la construcción de la ciudad en
               en función los unos de otros,  el urbicidio ejercido ata-  donde hallan lugar las prácticas espaciales, su
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               ca a estos espacios construidos porque se espera que sus  4. destrucción pone en crisis esta condición, y,
               estragos sean efectivos para desarticular modos de vida  con ello, la posibilidad de relación social, en tanto que
               y formas de vivir en común. En otras palabras, el ob-  relaciones de comunidad o habitar en común.  Esto
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               jetivo de ataque son los edificios, elementos materiales  porque la constitución de la ciudad no es solamente
               porque son nudos que mantienen y sostienen al tejido  un conjunto de materias (metales, piedras, maderas
               del espacio urbano.                         o vidrios) cuidadosamente planeadas, fragmentadas y
                 En su aspecto material, llámese domo, urbs, ville o con-  diseñadas. Esta materialidad convive con sus habitan-
               cretamente espacio construido,  las ciudades se han man-  tes, es parte de sus prácticas espaciales, y da sentido y
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               tenido como una unidad de edificaciones diversas. Con  orientación a las mismas. La conforman lugares que se
               la destrucción aparecen formas arquitectónicas, arqui-  distinguen y que al mismo tiempo son comunes entre
               tecturas del terror reflejadas en lo inhóspito de la ruina  los habitantes. Su destrucción provoca todo lo contra-
               y el escombro. La producción de espacios de destrucción  rio: un espacio sin referencialidad ni orientación. Sobre
               configura una nueva fisonomía y textura urbana marca-  esto, vale la pena preguntar si la destrucción de la ciu-
               da por lugares de muerte y terror. De esta manera es que  dad, en términos materiales, reducida a los escombros,
               las ciudades se van configurando y construyendo con-  implica el fin de las prácticas espaciales. O, en su defec-
               forme y paralelamente con las prácticas bélicas. Es decir,  to, si genera otras prácticas alternativas que resisten o
               parte de su arquitectura se constituye en función de la  conviven con el espacio destruido.
               recepción y asimilación de la violencia. Frente a esto,    La idea de ciudad como espacio de seguridad desapa-
               la arquitectura tiene lugar como una forma de diseño de  rece frente a estas prácticas totalitarias de espacio béli-
               la ciudad para la implementación o resistencia de gue-  co. Esto, porque la guerra se presenta como una práctica
               rra. Esto es contrario a lo que originalmente se había  meramente espacial, donde las dimensiones del espacio
               pensado: una arquitectura que protege y hace frente a la  no se reducen al espacio público, privado ni al es-
               intemperie. Aquí se puede ver lo que Andrea Cavalletti  pacio construido. Más bien muestra que, ahí, la produc-
               denomina como la inversión de la arquitectura,  una  ción y alteración socioespacial en el daño y destrucción
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               arquitectura del terror que genera precisamente la cons-  es un producto de guerra. Arquitectónicamente, la ciu-
               trucción de espacios de y para la violencia. Esto porque  dad en conjunto con todos sus elementos genera un
               el ejercicio del poder (en casos violentos) puede llevarse  volumen: cualidad de generar espacio o ambientes. Ello
               a cabo a partir de la apropiación del espacio.  abre la necesidad de pensar a la ciudad en todas sus va-
                                                           riantes interpretativas, las cuales forman parte de las



               18 Ildefons Cerdà, Teoría general de la urbanización y aplicación de sus principios y doctrinas a la reforma y ensanche de
                 Barcelona, Madrid: Imprenta española, 1867, p. 29.
               19 Richard Sennett, Construir y habitar, Barcelona: Anagrama, 2019, p. 9.
               20  Andrea Cavalletti, Mitología de la seguridad. La ciudad biopolítica. Buenos Aires: ediciones Andrea Hidalgo, 2010, p. 42.
               21 Aquí es importante tener presente la condición ontológica que se mantiene como cualidad inherente a la existencia
                 de cualquier ente corpóreo. Algunos autores como Jean-Luc Nancy hablan de un ser-en-común para referirse a esta
                 relación entre los cuerpos. Esta noción debe ser fundamental para comprender la manera en que ontológicamente
                 el hombre se encuentra en relación con todo lo que lo rodea; hay una disposición a relacionarse que no tiene que
                 fundamentarse más que con la forma de ser del hombre como un ser en común. Jean-Luc Nancy, «Conloquium» en R.
                 Esposito, Communitas: Origen y destino de la comunidad. Buenos Aires: Amorrortu editores, 2003, p. 16.




           22    HETEROTOPÍAS 03     Urbicidio: violencia bélica contra las edificaciones desde la filosofía forense
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