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sus significaciones. Pero vale la pena dejar señalado, por lo  aunque no se trate de la escritura de un dios ausente y
               menos, que este reconocimiento místico del discurso divino  omnipotente, como en el caso del pensamiento místico,
               también es posible materialmente, como sucede con la  sino de la escritura que han logrado desarrollar los ha-
               idea que ha formulado Calvino sobre la el discurso de  bitantes de una ciudad involuntariamente, gracias a los
               una ciudad. En ambos casos, si está presente un discurso  procesos de significación que producen sus acciones y
               en el mundo y es reconocible para alguien como tal, se  sus relaciones, las cuales resultan significativas, como
               debe a que su discursividad puede reconocerse en la mis-  si nos hablaran, porque son portadoras de un mensaje
               ma materialidad del mundo, por ejemplo, en las formas  que se ha articulado más allá de los códigos de la orali-
               materiales de una ciudad que cuentan, por lo menos, su  dad, ya que sus acciones y modos de relación —aunque
               propia historia. Tienen un relato. Para el pensamiento  no sean nombrados por la palabra— producen diversos
               místico, sin embargo, el origen divino de la discursividad  tipos de escrituras y diversos modos de representación
               del mundo se justificaba asumiendo, no sólo la perfecta  en tanto que son capaces de producir mundo o de trans-
               belleza y la infinita inteligencia de todo lo creado, es de-  formarlo.  Además, esta escritura humana puede ser
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               cir, su divina bondad, sino también la imposibilidad de  leída por la mirada porque no se trata de una escritura
               que los seres humanos pudieran ser considerados como  desarrollada mediante el uso de letras, palabras o fra-
               autores de tan magnífica obra. Para Calvino, en cam-  ses, o mediante su articulación verbal, sino a través de
               bio, aunque no se pueda atribuir a unos seres humanos  imágenes de sí misma que nunca lograran presentarla
               concretos, la discursividad del mundo, al menos en parte,  o representarla en su totalidad, pero sí logran, todo el
               siempre es una creación humana y se puede diferenciar  tiempo, su significación y su comunicación mediante la
               de aquella otra creación asumiendo una diferencia onto-  activación de complejos y sofisticados códigos cultu-
               lógica entre naturaleza y civilización. Pero no sólo la ciudad  rales. La imagen —según nos advertía Roland Barthes—
               es producto de la acción humana, lo realmente impor-  deviene escritura a partir del momento en que resulta
               tante es que también lo es su discurso, el cual logra cons-  tan significativa como la escritura, ya que supone una
               tituirse y desplegarse a partir de la materialidad concre-  lexis.  Las imágenes mediante las cuales la ciudad logra
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               ta de ciudades específicas, que son producto o creación  hablar de sí misma dependen por completo de la mira-
               directa de sus habitantes en el proceso de habitarlas o   da que es capaz de captarlas, articularlas y compren-
               de hacerlas habitables. No hablamos, empero, de éste o de  derlas en un flujo específico, en un momento y en un
               aquel habitante particular, sino de todos ellos en su con-  espacio determinado, como un discurso que la ciudad
               junto; lo que sucede no tanto a partir del desarrollo de  está pronunciando continuamente sin un principio y
               sus fábulas o fabulaciones individuales, como en la trama  sin un final. Esto es así porque estas imágenes que la
               infinita o indeterminable de sus acciones y de sus relaciones  mirada puede recorrer no pueden ser simultáneas en el
               que producen todo tipo de relatos sobre su propio acon-  espacio, pues tienen como punto de referencia espacial
               tecer en la existencia. 16                  y temporal la perspectiva de la propia mirada que pue-
                 Por eso el discurso de una ciudad, para Ítalo Calvino,  de leerlas sólo desde su propio punto de vista, es decir,
               puede ser leído como si se tratara de una escritura,  únicamente desde su perspectiva, así que justo por eso,


               16 U. Eco, Lector in fabula. La colaboración interpretativa en el texto narrativo (traducción de Ricardo Pochtar),
                 Barcelona: Editorial Lumen, 1981 (Palabra en el Tiempo, 142), 1981, cap. 6, 6.1, pp. 145-146.
               17 R. Barthes, «El mito es un habla», en Mitologías (traducción de Héctor Schmucler), 3ª reimpresión revisada y
                 corregida de la 2ª edición (2010), México: Siglo xxi Editores (Teoría), 2015, p. 200.
               18 R. Barthes, «El mito como sistema semiológico», en Mitologías, p. 201.




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