Page 49 - HETEROTOPIAS3
P. 49
sus significaciones. Pero vale la pena dejar señalado, por lo aunque no se trate de la escritura de un dios ausente y
menos, que este reconocimiento místico del discurso divino omnipotente, como en el caso del pensamiento místico,
también es posible materialmente, como sucede con la sino de la escritura que han logrado desarrollar los ha-
idea que ha formulado Calvino sobre la el discurso de bitantes de una ciudad involuntariamente, gracias a los
una ciudad. En ambos casos, si está presente un discurso procesos de significación que producen sus acciones y
en el mundo y es reconocible para alguien como tal, se sus relaciones, las cuales resultan significativas, como
debe a que su discursividad puede reconocerse en la mis- si nos hablaran, porque son portadoras de un mensaje
ma materialidad del mundo, por ejemplo, en las formas que se ha articulado más allá de los códigos de la orali-
materiales de una ciudad que cuentan, por lo menos, su dad, ya que sus acciones y modos de relación —aunque
propia historia. Tienen un relato. Para el pensamiento no sean nombrados por la palabra— producen diversos
místico, sin embargo, el origen divino de la discursividad tipos de escrituras y diversos modos de representación
del mundo se justificaba asumiendo, no sólo la perfecta en tanto que son capaces de producir mundo o de trans-
belleza y la infinita inteligencia de todo lo creado, es de- formarlo. Además, esta escritura humana puede ser
17
cir, su divina bondad, sino también la imposibilidad de leída por la mirada porque no se trata de una escritura
que los seres humanos pudieran ser considerados como desarrollada mediante el uso de letras, palabras o fra-
autores de tan magnífica obra. Para Calvino, en cam- ses, o mediante su articulación verbal, sino a través de
bio, aunque no se pueda atribuir a unos seres humanos imágenes de sí misma que nunca lograran presentarla
concretos, la discursividad del mundo, al menos en parte, o representarla en su totalidad, pero sí logran, todo el
siempre es una creación humana y se puede diferenciar tiempo, su significación y su comunicación mediante la
de aquella otra creación asumiendo una diferencia onto- activación de complejos y sofisticados códigos cultu-
lógica entre naturaleza y civilización. Pero no sólo la ciudad rales. La imagen —según nos advertía Roland Barthes—
es producto de la acción humana, lo realmente impor- deviene escritura a partir del momento en que resulta
tante es que también lo es su discurso, el cual logra cons- tan significativa como la escritura, ya que supone una
tituirse y desplegarse a partir de la materialidad concre- lexis. Las imágenes mediante las cuales la ciudad logra
18
ta de ciudades específicas, que son producto o creación hablar de sí misma dependen por completo de la mira-
directa de sus habitantes en el proceso de habitarlas o da que es capaz de captarlas, articularlas y compren-
de hacerlas habitables. No hablamos, empero, de éste o de derlas en un flujo específico, en un momento y en un
aquel habitante particular, sino de todos ellos en su con- espacio determinado, como un discurso que la ciudad
junto; lo que sucede no tanto a partir del desarrollo de está pronunciando continuamente sin un principio y
sus fábulas o fabulaciones individuales, como en la trama sin un final. Esto es así porque estas imágenes que la
infinita o indeterminable de sus acciones y de sus relaciones mirada puede recorrer no pueden ser simultáneas en el
que producen todo tipo de relatos sobre su propio acon- espacio, pues tienen como punto de referencia espacial
tecer en la existencia. 16 y temporal la perspectiva de la propia mirada que pue-
Por eso el discurso de una ciudad, para Ítalo Calvino, de leerlas sólo desde su propio punto de vista, es decir,
puede ser leído como si se tratara de una escritura, únicamente desde su perspectiva, así que justo por eso,
16 U. Eco, Lector in fabula. La colaboración interpretativa en el texto narrativo (traducción de Ricardo Pochtar),
Barcelona: Editorial Lumen, 1981 (Palabra en el Tiempo, 142), 1981, cap. 6, 6.1, pp. 145-146.
17 R. Barthes, «El mito es un habla», en Mitologías (traducción de Héctor Schmucler), 3ª reimpresión revisada y
corregida de la 2ª edición (2010), México: Siglo xxi Editores (Teoría), 2015, p. 200.
18 R. Barthes, «El mito como sistema semiológico», en Mitologías, p. 201.
El discurso de la ciudad HETEROTOPÍAS 03 49

