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fundamentales, lo que nos permite introducir espacios   siquiera un acceso filosófico específico a ella. La hipótesis
               dinámicos y fluidos. La teoría de topos presentó una   que aquí se avanza, es que el giro espacial que ha te-
               teoría donde los espacios son leídos a partir de otros   nido lugar en las ciencias humanas y sociales apenas
               espacios, a partir de morfismos (o mapas, en sentido   comienza a ser desentrañado en la filosofía, y que dicha
               general) o reflejos de unos en otros, de tal modo que   tarea solamente puede cumplirse a partir de un recorri-
               a un punto de un espacio le puede corresponder un es-  do crítico por la geometría contemporánea. Es ella la
               pacio diferente completo, de modo que nuestro primer   única capaz de orientarnos rigurosamente en el pensa-
               espacio será un espacio de espacios «pegados», lo que   miento de los espacios concretos, como el de la ciudad.
               lo hace más rico y complejo. Para conocer el espacio   Es natural que las ciencias empíricas, e incluso la mate-
               hay que recorrerlo, y sobre la marcha hay que interve-  mática, se abran camino en su praxis y que la filosofía,
               nirlo. Hay que extenderlo, hay que deformarlo, hay que   de manera tardía o a posteriori, comience a comprender
               asociarlo a otros espacios y hay que dinamizarlo. Así,   los motivos de esos caminos. Quizá estemos ahora en
               multiplicamos los espacios. Pero que siempre quede la   el momento apropiado para preguntarnos sobre los su-
               pregunta de cómo se relacionan entre sí. Y no basta ha-  puestos, las implicaciones y las omisiones que cruzan
               cer proliferar puntos de vista: hay que mostrar también   todos estos discursos.
               los tránsitos y las obstrucciones posibles entre ellos.  No es que falten referentes filosóficos cuando hablamos
                 Los trabajos de Michel Foucault sobre las heterotopías,   de la ciudad, pero sí un tratamiento específicamente
               las ideas de Gilles Deleuze sobre el territorio,  pero   filosófico. En La producción del espacio encontramos una
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               también el trabajo de Henri Lefebvre sobre la construc-  tipología interesante del espacio: percibido, concebido
               ción social del espacio, o la geografía crítica de David   y vivido, la cual pone en juego una idea compleja del
               Harvey, pasando por textos como los de Doreen Mas-  espacio citadino, al involucrar diferentes planos simul-
               sey o los de Edward Soja, entre otros, han servido para   táneos. No obstante, se asume demasiado rápido qué
               establecer las bases de este giro espacial en las ciencias   significa percibir, qué significa concebir, qué significa
               humanas y el urbanismo, en particular. Sin embargo,   vivir. Tan sólo fenomenológicamente, esos tres tipos
               como ha notado Bily López,  estamos lejos de contar   de cogitaciones exigirían una estructura de relación
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               con una ontología, vale decir, una filosofía de la ciu-  sutil y diferenciada. Pero si seguimos filosóficamente
               dad. En efecto, no tenemos una filosofía, stricto sensu,   esta idea, resulta evidente que el espacio, incluida la
               de la ciudad. No es necesario decir que hace falta una   ciudad, posee sus  dimensiones o, al menos, sus  capas. 4
               ontología de la ciudad; basta con decir que no tenemos



               2  Deleuze es quizá el único filósofo contemporáneo que se ha dedicado a pensar filosóficamente el espacio: de Leibniz a
                 Riemann y a Thom el concepto de diferencia se transforma en el concepto de diferencial del análisis matemático. Sin
                 embargo, en su obra sigue teniendo preponderancia el tiempo. El diferencial matemático es desarrollado en Leibniz
                 para pensar el cambio, la variación infinitamente pequeña en una función curva, como sucede con la aceleración. La
                 desterritorialización y la resistencia al código tienen como telón de fondo la preocupación bergsoniana por liberarse de
                 la espacialización que opera el pensamiento sobre la duración pura.
               3  Bily López, «La ciudad como experiencia y acontecimiento. (Hacia una ontología de la ciudad)», en Andamios, núm. 38,
                 vol. 15, septiembre-diciembre 2018, pp. 141-161.
               4  También son importantes las consideraciones de escala. A nivel planetario, la curvatura de la tierra juega un papel fun-
                 damental, pero a escala de la ciudad, ésta es despreciable. Cada escala revela información diferente. La escala también
                 permite determinar si un fenómeno es continuo o discontinuo. Consideremos la migración. Podemos verla como un
                 fenómeno discreto, si seguimos los cuerpos uno por uno, siempre irrepetibles, singulares. Pero si miramos los flujos
                 migratorios, entonces veremos rutas, sinuosas líneas continuas.




                                                        Consideraciones espaciales para una filosofía de la ciudad   HETEROTOPÍAS 03    5
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