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resultante es capaz de contemplar lo que no es visible  so literario también logra transformar la relación polí-
               o lo que ya no podemos ver en esos paisajes materiales  tica entre la ciudad y sus habitantes, ya que entonces
               porque hace evidente su artificio, su fabricación discur-  las palabras y sus usos diversos son capaces de poner al
               siva, su construcción histórica. Así que la mirada lite-  descubierto el entramado político de los discursos, de
               raria tampoco renuncia a los paisajes materiales de una  las imágenes y de las imaginaciones, exhibiendo, ade-
               ciudad, sólo que los construye de otras maneras, a través  más, la configuración y el funcionamiento de las ciu-
               de otro tipo de organización de su trama imaginaria, y  dades como espacios de poder donde suceden, transitan o
               con esta misma estrategia también libera a la imagina-  se ponen en movimiento todas las pequeñas pasiones y
               ción y al pensamiento, ya que hace evidente —como sos-  los más mezquinos intereses, todas las micro-disputas
               tenía Umberto Eco— que todo mundo posible no es sino  y esos micro-ejercicios de poder que tienen lugar en la
               una construcción cultural.  La mirada literaria utiliza,  vida cotidiana, lo mismo desde su escena pública que desde
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               por ejemplo, la trama imaginaria de las fantasías, de los  su escena privada, pues han logrado convertirse en espacios
               sueños, de los deseos, de las alucinaciones visionarias,  de producción de significaciones constituyéndose primero en
               y de este modo logra hacer posible la contemplación de  espacios de producción de relaciones de poder. En este sentido,
               los paisajes nunca antes vistos de una ciudad fantástica,  el totalitarismo que actualmente despliega el discurso
               soñada, deseada, alucinada o visionada. La mirada lite-  material de las grandes ciudades siempre cobra una for-
               raria propicia de este modo la activación y el ejercicio  ma concreta —convirtiéndose así en un acontecimiento
               de múltiples miradas en sus lectores y, por lo tanto, la  histórico— a partir de un tipo específico de producción
               proliferación de todo tipo de discursos anormales prove-  y organización de las relaciones de poder. 30
               nientes de la propia ciudad.                  Pero es justo esta organización específica la que puede
                 En segundo lugar, el discurso literario, al poner en  llegar a cambiar profundamente con la intervención del
               movimiento unas  tramas imaginarias completamente  discurso literario, ya que pone en movimiento la diver-
               anormales, además de liberar las imágenes e imaginacio-  sidad política de los discursos, de las imaginaciones, de
               nes de una ciudad y neutralizar el poder del discurso to-  las miradas, interrumpiendo esporádicamente la incan-
               talitario de las ciudades, también logra recuperar el uso  sable repetición del discurso de la ciudad, fragmentán-
               de las palabras —de la lengua y el habla— para nombrar y  dolo, diversificándolo, rompiendo su unidad y haciendo
               para pensar a la ciudad de modos diversos, detonando de  imposible las identificaciones totalitarias con que se in-
               inmediato un enriquecimiento crítico del pensamiento  tenta imponer un determinado dominio político. Con la
               de los habitantes de una ciudad. Pues como logró pre-  intervención del discurso literario, todo queda en juego
               cisar Umberto Eco: «La literatura pone en escena el   y no hay en los paisajes de una ciudad intervenida por la
               lenguaje,  trabaja  sus  intersticios,  no  se  mide  con  los  literatura más que el enfrentamiento constante e inten-
               enunciados ya hechos, sino con el juego mismo del su-  cional de los discursos diversos, de las culturas diversas,
               jeto que enuncia, descubre la sal de las palabras». Y es  así como de las diversas literaturas.
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               así que, con ayuda de las palabras liberadas, el discur-






               28  Cf. U. Eco, Lector in fabula, cap. 8, 8.4, p. 183.

               29  U. Eco, «La lengua, el poder, la fuerza», en La estrategia de la ilusión (traducción de Edgardo Oviedo), Barcelona: Editorial
                 Lumen (Palabra en el Tiempo, 164), 1986, p. 339.

               30  M. Foucault, «El lenguaje del espacio», en op. cit., 11, pp. 265-267.


           52    HETEROTOPÍAS 03     El discurso de la ciudad
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