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La literatura —en opinión de Umberto Eco— sabe pero siempre es posible construir otras fábulas, liberadas
muy bien que puede ser recuperada por la fuerza de la en distinta medida de dichas ficciones, gracias a la liber-
lengua, pero, justamente por esto, está pronta a abju- tad fantástica de la imaginación, que también libera a la
rar, dice y reniega de lo que ha dicho, se obstina y se mirada (dejándonos ver las ciudades invisibles) y a la me-
aleja con la volubilidad, no destruye los signos, los hace moria (dejándonos escuchar todo lo que la ciudad tiene
jugar y juega con ellos. 31 que decirnos, incluso cuando se resiste a decirlo, al dejar
El poder crítico de los discursos literarios radica, pues, al descubierto la trama que nos narra permanentemente a
en su capacidad para colapsar la unidad del discurso de la través de sus imágenes, de sus paisajes y de sus silencios).
ciudad totalitaria y para hacer posible la contemplación Quizá por eso Maurice Blanchot afirmaba que:
de la invisible y silenciosa diversidad y complejidad dis-
cursiva de todas las ciudades, ya que con palabras que se […] la literatura es una actividad gracias a la cual quien
escriben para insubordinar a la imaginación, el discurso se esfuerza en ella no solamente tiende a producir
literario logra liberar a las palabras que ya sólo pueden de- obras bellas, interesantes e instructivas, sino a expe-
rimentarse uno mismo totalmente, no a contarse, a
cirse, hablarse o enunciarse si están debidamente sujetas expresarse, ni siquiera a descubrirse, sino a proseguir
al discurso totalitario de una ciudad. Lo más interesante una experiencia en donde se pondrá al descubierto,
en todo esto es que la literatura, para lograr la insurrec- en relación con él y con su propio mundo, el sentido
ción de las palabras, primero debe lograr la insurrección de la condición humana en su totalidad. 33
de la imaginación, de la mirada y de la memoria, y esto
sólo puede hacerlo aprendiendo a construir diversos rela- Con lo que también se hace posible que los habi-
tos sobre los movimientos silenciosos —y muchas veces tantes de una ciudad logren participar de su organiza-
invisibles— del discurso totalitario de una ciudad. De este ción discursiva, no a partir de sujeciones voluntarias
modo puede reconstruir o reorganizar de muchas mane- o involuntarias, sino desde una interminable diver-
ras su trama, es decir, de la silenciosa narración que las sidad de tramas imaginarias que podrían impulsar y
propias ciudades nos ofrecen sobre su complejo entrama- alimentar diversos modos de resistencia política o
do discursivo, productor de significaciones y de relaciones hasta diversas formas de experiencia libertaria de una
de poder, productor de las ciudades invisibles, las ciudades ciudad: esas ciudades invisibles que se pueden imagi-
que no podemos ver sin ayuda de la literatura; liberando nar y pensar gracias a las miradas que se activan con
con esto, sobre todo, el juego ético-político de nuestras los movimientos del discurso literario: «Porque —co-
fabulaciones sobre este complejo entramado, que siempre mo bien supo apreciarlo Roland Barthes— lo que está
se están moviendo peligrosamente entre fabulae abiertas y en juego en el trabajo literario (en la literatura como
fabulae cerradas —como las llama Umberto Eco. Esto es trabajo) es hacer del lector no ya un consumidor, sino
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muy simple después de todo, pues hay fábulas que cons- un productor del texto».
truimos estando sujetos a las ficciones (prácticas discur-
sivas) organizadas por la trama totalitaria de una ciudad,
31 U. Eco, «La lengua, el poder, la fuerza», en op. cit., p. 339.
32 Cf. U. Eco, Lector in fabula, cap. 7, 7.4, pp. 169-171.
33 M. Blanchot, «Gide y la literatura de la experiencia», en La parte del
fuego, pp. 195-196.
34 R. Barthes, S / Z, cap. i, p. 14.
El discurso de la ciudad HETEROTOPÍAS 03 53

