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como síntoma inequívoco de un proceso de deshumani-  El actual discurso expansivo y autodestructivo de
               zación, cuando todas las imaginaciones de la vida humana  nuestras ciudades se despliega cotidianamente dejan-
               se van reduciendo a la imaginación de una vida civili-  do a su paso enormes manchas urbanas, pero sobre todo
               zada, identificando por completo todo lo humano con  muerte, desesperanza y desolación. Sobre este poder de
               lo civilizado, coincidiendo esta perversa identificación  darnos muerte, Maurice Blanchot enfatizaba que: «Es-
               con una paulatina pérdida del paisaje humano dentro del  te momento decisivo podemos caracterizarlo así: hasta
               espectáculo cotidiano que nos ofrecen las grandes ciuda-  estos últimos años, el hombre individualmente y en
               des. El resultado de esta reducción imaginaria no suele  forma solitaria tenía el poder de darse muerte; ahora,
               ser, sin embargo, la pérdida del espectáculo de una civi-  es la humanidad en su conjunto la que ha adquirido,
               lización, ya que las ciudades crecen y siguen creciendo  maravillosa y horriblemente, ese poder».  Lo que está
                                                                                          41
               todo el tiempo, y no dejan de crecer; de hecho, no sólo  en juego, sin embargo, no sólo es el despliegue en el
               crecen, sino que se reproducen repitiendo la imagen de  mundo de lo inhumano de la civilización, sino la cons-
               su propio crecimiento, diseminándola, repitiendo por do-  trucción de un mundo civilizado sin humanidad, una
               quier el horrible efecto devastador de su bello espectáculo;  civilización en la que los seres humanos son prescin-
               la verdadera pérdida, en semejantes circunstancias, es la  dibles y están expuestos a ser seleccionados, excluidos,
               del paisaje íntimo de la cultura humana en la civilización.  abandonados, si no es que incluso exterminados, para
                 Todo esto explica, además, por qué el discurso de  garantizar el bien de la civilización, la seguridad y el
               auto-conservación de una ciudad puede ser simultá-  bienestar de la «vida civilizada».
               neamente un discurso de autodestrucción y de ex-  Las ciudades, aunque perecieran atiborradas de per-
               pansión civilizatoria. Conforme  las  ciudades  crecen,  sonas, se están vaciando constantemente. Unas se que-
               enriqueciendo el paisaje urbano hasta hacer inabarcable  dan sin su población diurna durante la noche, pues sus
               con la mirada el espectáculo de una ciudad,  se vuel-  espacios están diseñados exclusivamente para el traba-
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               ven destructoras del paisaje humano, llegando incluso a  jo; otras se vacían, en cambio, porque sus pobladores
               ser enemigas francas de la vida humana en tanto que  huyen de la miseria, justo porque no encuentran trabajo,
               se vuelven asesinas o inhóspitas para millones de seres  o intentan escapar de la violencia criminal que los ase-
               humanos, a quienes arrojan fuera de sus límites, más  dia todos los días y que sólo parece contentarse con su
               allá de sus márgenes, de sus fronteras, aunque esto no  muerte, aunque a veces ni siquiera con eso, porque su
               necesariamente suceda literalmente de un modo espa-  despliegue en realidad es el de una violencia que busca
               cial, pues esta exclusión política implica, ante todo, un  su explotación y dominación en grados que diversifican
               abandono de estas personas, de estas vidas, mientras se  e institucionalizan diferentes formas de la tortura sá-
               protege exclusivamente las vidas o los modos de vida  dica de sus cuerpos y su comercialización criminal, ya
               sujetos por completo al régimen de la civilización, es  sea en partes o completos, ya sea vivos o muertos. No
               decir, los modos de vida normalizados según la lógica  hay diferencia en realidad entre la violencia genocida
               que impone el proceso civilizatorio, poniendo en juego  de las guerras civiles y el extermino estratégico ope-
               el poder y el deseo. 40                     rado por asesinos pagados por el crimen organizado o





              39  Cf. J.-L. Nancy, op. cit., p. 78.

              40  Cf. M. Foucault, El orden del discurso, p. 25.

              41  M. Blanchot, «El apocalipsis defrauda», en La amistad, p. 98.


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