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prender que el espacio es materialmente heterogéneo con sobrevivir sino aspira a vivir bien. Según Aris-
a la vez que permite ubicarnos, es decir, dar cuenta de tóteles, la vida humana siempre aspira a vivir mejor,
que estamos en un punto específico dentro del espacio. al buen vivir, y esto se refleja en la mayoría de las
Si bien esta ubicación es necesaria como función configuraciones e intervenciones en el mundo que van
de vida en la experiencia cotidiana, también hay que más allá de la mera necesidad. El mismo hecho de
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notar que se trata de una diferencia metafísica en tanto pensar formas arquitectónicas, planos y/o planeaciones
que otorga cierto sentido (dirección y significado) a urbanas supone cierto nivel de abstracción que muchas
la vida en comunidad. Cuando nos preguntamos ¿por veces no corresponde con las necesidades naturales del
qué estoy aquí?, ¿cuál es mi lugar en el mundo? o pen- ser humano, sino más bien, a los intereses económicos
samos que estamos fuera de lugar, el espacio aparece como en el caso de nuestro sistema político basado en
como la causa de mi estado de estabilidad topológica la producción de bienes y servicios.
y ontológica pues cuestiona no sólo el espacio que se Este es el problema que se concluye aquí, problema
habita, sino el habitar mismo. que da como resultado una ciudad que paradójicamente
Si cuestionamos «¿qué es habitar?», inmediatamente priva del habitar cuando priva de la vivienda, que nace
lo relacionamos con el construir —como ya se había a raíz de que el mercado inmobiliario se ha apropiado
dicho—, sin embargo, este binomio tiene una raíz on- del plus poiético, la fuerza de trabajo y obra colectiva
tológica: la capacidad del hombre como ser poiético (o del hombre: su ciudad. Esto expone la vulneración
creador) para hacerse, para hacer del espacio un mundo de lo que antropológicamente implica la idea de un
y ubicarse en él. En otras palabras, habitar se trata hombre en constante construcción de mundo, pero que
de hacer a partir de las cosas naturales un artificio ahora queda reservado a unos cuantos en función del
que promete generar un espacio más cómodo y habi- valor económico. El problema ha supuesto el despojo y
table. Aunque en apariencia este proceso deviene de desalojo del resto de los habitantes. Tenemos habitantes
una necesidad biológica —encontrar cobijo, refugio, que paradójicamente construyen una ciudad con su
sobrevivir en conjunto, tener mayor protección, etcé- trabajo diario pero que no necesariamente se benefician
tera— la construcción que, con la historia evidencia su de esa obra. Si esta última es una obra colectiva, lo
complejidad, tiene alcances que, incluso, a momentos que queda es una comunidad desobrada —para llamarla
separan lo humano de su dimensión natural. con Nancy—, a este sector marginado que no tiene
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derecho a la vivienda y, menos aún, derecho a la ciudad.
Conclusiones: Consumir y vender la obra colectiva Aunque esta asimetría entre construir y habitar abre
De acuerdo con la reflexión anterior, desde las di- una brecha entre los que gozan la ciudad y los que la
mensiones materiales hasta la dimensión política y mantienen, también resalta el hecho de que el poco
social, la pérdida de una casa en el espacio no sólo acceso a la vivienda merma en la capacidad de sentirse,
representa la privación de un alojamiento que permite por un lado, acogido y abrigado por el espacio y, por
la sobrevivencia, pues la humanidad no se conforma otro, sin orientación, sin sentido, sin obra y sin mundo.
20 Abraham Akkerman, Phenomenology of the Winter-City. Nueva York-Londres: Springer International
Publishing, 2016, pp. 1-6.
21 Jean-Luc Nancy, La comunidad desobrada. Madrid: Arena Libros, 2001.
Derecho a la casa. Derecho a la ciudad HETEROTOPÍAS 06 11

