Page 31 - Heterotopías 6
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chas veces sólo se sostiene mediante el artificio de un  cidad, siguiendo los relatos hasta donde nos conduzcan
               encuadre específico que cuida que las intervenciones  y articulando estrategias de resistencia desde aquí.
               humanas —el asentamiento, la fábrica, el camino o el   Volvamos, por ejemplo, al caso del tlacuache. Porque
               basurero—  queden fuera del marco de visibilidad.    la tremenda proximidad entre los mundos de los tla-
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                 No hay tal cosa como una naturaleza sin más. In-  cuaches y los humanos no es cosa nueva. Este mamí-
               cluso las ciencias de la vida dependen de discursos  fero ha vivido siempre en los lindes de lo humano. De
               específicos, de aparatos de visualización, de sistemas  ahí su carácter de pillo y ladrón, astuto y escurridizo,
               de cómputo para procesar datos, de la producción del  que pervive hasta en las canciones de «Cri-Cri». En su
               hecho científico en tanto hecho según un protocolo de  famoso estudio sobre los tlacuaches en el mundo me-
               investigación, y de toda suerte de condiciones situadas  soamericano, López Austin demuestra el lugar central
               que posibilitan eso que llamamos conocimiento cientí-  que tenían estos animales en el imaginario simbólico
               fico de la naturaleza. La objetividad no se da de suyo,  y religioso, pero también cotidiano de los pueblos pre-
               sino que se va construyendo laboriosamente. No hay  hispánicos.  Célebremente, el tlacuache es una suerte
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               encuentros inmediatos con lo natural. Ya sea a través  de Prometeo que roba el fuego a los dioses usando su
               de las ciencias o de los sentidos y el cuerpo, lo que hay,  cola como mechero. Pero el tlacuache también forma
               dice María Antonia González Valerio (investigadora),  parte de otras redes semánticas. Cuando se le amenaza,
               son «mediaciones de mediaciones. No hay sí mismo.  este animal tiene la capacidad de tirarse al suelo, con
               No hay en sí. No hay origen. No hay unidades —ni  el cuerpo tieso y los ojos vidriosos, e incluso expedir
               discretas ni continuas— porque sobre todo no hay in-  un tenue olor a putrefacción. Cruza, de ida y vuelta,
               mediatez».  Toda interrogación en torno a lo natural,  los umbrales entre la vida y la muerte. Por eso en el
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               entonces, ha de comprometerse con una imbricación  mundo mesoamericano estaba estrechamente asociado
               radical e irrenunciable.                    al crepúsculo, el inframundo y la embriaguez. Doble-
                 Hay algo sospechoso en postular que la naturaleza  mente nacido y también desmembrado y reconstituido,
               debe ser aislada, preservada a toda costa del daño que le  remite no sólo a Prometeo sino también a Dioniso. El
               estamos infringiendo, no porque no sea urgente cam-  té de cola de tlacuache es diurético, laxante, induce el
               biar las formas de producción, desarticular relaciones  parto, el vómito y es abortivo. Y, en el mundo moder-
               opresivas, vincularnos de formas menos violentas y  no, el tlacuache se ha vuelto uno de los de los animales
               extractivistas con el mundo. Sino porque esta postura  más estudiados, con cientos de artículos científicos, en
               supone que existe la posibilidad de romper las comple-  buena medida por la velocidad de su ciclo reproductivo.
               jas redes de interdependencia en las que estamos ya  También es uno de los más narrados en fábulas, mitos,
               siempre inmersas y, de paso, insiste en la excepciona-  cuentos, refranes y consejas.
               lidad de lo humano. Seguir las diferentes derivas que   Estos marsupiales están condicionados por la ciudad,
               se desprenden de una observación pausada indica más  por sus procesos de urbanización, por sus resquicios y
               bien que habría que hacernos cargo de esta cercanía y  sus grietas. Y lo que somos nosotras mismas está tam-
               atender con cuidado los distintos cruces en su especifi-  bién tejido por las relaciones, materiales y  simbólicas,

               13  María Antonia González Valerio, Cabe los límites: Escritos sobre filosofía natural desde la ontología estética. México: Herder, 2016, p.
                 73. Abordar la pregunta ontológica por la naturaleza desde la perspectiva teórica de la estética filosófica, sostiene la autora, permite
                 atender el problema de las mediaciónes históricas, lingüísticas y materiales en función de las cuales se da tanto la obra de arte
                 como la naturaleza en sus diferentes modos de ser y aparecer. Desde este horizonte que González Valerio construye para pensar
                 la naturaleza, las condiciones de posibilidad del ente sensible son inmanentes, plurales y distintas en cada ocasión.
               14  Alfredo López Austin, Los mitos del Tlacuache. Caminos de la mitología mesoamericana. México: unam, 2020.




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