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Al seguir el ojo de la cámara se forma otra cartografía Humboldt, hace cinco o seis siglos construyeron e in-
que muestra una serie de plantas de producción eléctrica ventaron una idea de América por medio de la trans-
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construidas por el Proyecto Mesoamérica aparentemente cripción literaria, aunque aparentemente científica,
para favorecer a las comunidades cercanas que carecen de de su mirada, haciendo de aquellas tierras un puño de
energía eléctrica. Hasta este punto, Aragón juega, como carne tentadora. En contraste, la perspectiva poética
sujeto observador, con los roles del viajero explorador y y estética de Aragón desvela tanto al paisaje aún bajo
el viajero conquistador, redirigiendo la atención hacia los dominio como a sus dominadores, al tiempo que, si-
verdaderos propósitos de la iniciativa «social» que ha re- guiendo a Félix Guattari, dibuja una «cartografía que
tomado la noción de Mesoamérica para agrupar y explo- permite la autorrepresentación y, con ello, la produc-
tar una región con fines comerciales: la electricidad gene- ción de nuevas subjetividades e historias». 22
rada por las turbinas de aire no beneficia a los pueblos de El video concluye cuando el primer personaje —y úni-
la zona, sino que es enviada directamente al norte, desde co que aparece en figura a lo largo de la cinta— llega a
Oaxaca, donde es transferida a compañías extranjeras. Cachimbo para conectar la pila que llevaba consigo a
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Lejos de conformar una suerte de documental que un ventilador, un artefacto que podría ser indispensa-
recurre a métodos periodísticos como la declaración de ble en una zona que comúnmente es afectada por las
los afectados, en Mesoamérica: el efecto huracán las voces altas temperaturas y los huracanes que año con año la
son también un elemento visual que igualmente for- dejan casi en ruinas. Mientras el hombre reposa con el
ma el paisaje recorrido, no sólo porque se escuchan ventilador a su lado, declama un extracto de Los hombres
mientras se ven las playas, las chozas en la selva o las dispersos por la danza, de Andrés Henestrosa. Por su par-
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montañas, sino porque su palabra hablada construye te, la serie de 10 mapas que completan la pieza son una
su propio espacio y la experiencia de él. Vale la pena representación cartográfica tradicional y geopolítica del
recurrir aquí a una analogía con la literatura de viajes territorio de México, pero intervenida con colores o ele-
que la investigadora Mary Louis Pratt propone desde mentos iconográficos —al estilo de los mapas antiguos,
una postura poscolonialista: «Cada relato de viajes tie- que utilizaban cierta simbología para acentuar aspectos
ne su propia dimensión heteroglósica: su conocimiento característicos, de diferente orden, del espacio represen-
no surge de la sensibilidad y el poder de observación tado— que recomponen visualmente a la geografía, co-
de un viajero, sino de su interacción y su experiencia mo si se tratara de un rompecabezas compuesto a juicio
habitual, dirigidas y controlados por los “viajados”». 20 de acciones (los pasos) históricas como la Conquista y
Como viajero y sujeto observador, Aragón abate la los actuales sistemas económicos, los cárteles de droga,
figura del explorador tradicional representada por el la explotación de los recursos y eventos como la matan-
personaje de los viajeros que, como Alexander von za de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.
19 En otra de sus piezas, La encomienda (2012), Edgardo Aragón también aborda el tema del colonialismo actual a través de la explo-
tación de los recursos mineros en campos mexicanos por parte de empresas transnacionales.
20 Mary Louise Pratt, Ojos imperiales. Literatura de viajes y transculturación. Argentina: Universidad Nacional de Quilmes, 2011, p. 239.
21 Ibid., pp. 197-252.
22 Félix Guattari, Cartografías esquizoanalíticas. Buenos Aires: Manantial, 2001, p. 167.
23 «El viento del sur venció al del sureste, y condujo las nubes hasta amontonarlas sobre nuestros campos, y la lluvia ruidosamente
desató sus hilos y bajó a lavar el dolor de la tierra. La derrota de los rayos enemigos fue definitiva y el cielo no volvió a sonar porque
durante toda la época desaparecieron. Los zapotecas hicieron nuevos caminos, pues los viejos se ahogaron con las lluvias y salieron
del pueblo para sembrar, y la tierra, seca dos años, fecundó las semillas que en su vientre arrojaron manos agradecidas». Andrés
Henestrosa, Los hombres que dispersó la danza (1929). México: Porrúa, 1997, p. 44.
Cartografías del conflicto: un revés al paisaje y a la historia en la obra de Edgardo Aragón HETEROTOPÍAS 06 45

