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Derecho a tener lugar
Este mundo –el nuestro ya– es el mundo de los cuer- Tener lugar es tener un sitio para estar, es la base
pos porque tiene, porque es la densidad misma del fundamental de la existencia de todo objeto, cuerpo
espaciamiento, o de la densidad, y la intensidad, del
lugar. Esta densidad lo distingue de un universo de o persona. Implica también participar o tomar parte,
presentación (átomos, estructuras, placas, espacios ergo, tener un lugar es también formar parte de algo,
públicos privados de público), como asimismo de una como en el caso de la vivienda en la ciudad que es un
economía de la desgarradura (almas, destinos, nece- sitio que abre la posibilidad de ser parte de lo urbano.
sidades, espacios públicos privados de espacio). 6 Ahora bien, ¿cómo pensar el derecho a la ciudad a
El cuerpo forma parte del espacio cuando se articula partir de un derecho a la vivienda? Para Lefebvre,
con otros (llámese prójimos, casas o edificios, animales autor de El derecho a la ciudad, el espacio es social y
o plantas), al mismo tiempo que decir cuerpo uno y no otro relacional, fundado y tejido a partir de cuerpos en
lo distingue de los demás. Una conclusión acertada con relación constante; en él no hay cuerpos sin espacio
base en lo dicho es que todo cuerpo requiere de un espacio. ni espacio sin cuerpos. 8
En el caso del ser humano ese espacio es la vivienda. Dicho texto es resultado de las reflexiones de Lefebvre
En la práctica cotidiana esta premisa tiene implica- sobre el urbanismo de su tiempo; en él hay posturas
ciones sociales. Habitar tiene que ver con tener y hacer ideológicas usadas tanto por urbanistas como por ha-
un espacio a partir de la intervención y construcción bitantes. Según él, la supuesta filosofía de la ciudad,
del territorio. En este sentido, lo urbano que es común desde la antigüedad, no ha hecho más que idealizar a
y espontáneo a toda forma de habitar queda inhibido las ciudades en las que se quiere proyectar la vida, o
sin este derecho a la ciudad, paradójicamente, sin un sea, sólo ha generado proyectos utópicos e imaginado
hábitat. Tal lógica es la que siguen las consignas y ciudades que no existen pero que, a su modo de ver,
protestas en defensa del territorio y la vivienda como pueden mejorar los hábitats que, con todo y sus errores
en el caso del grupo zaad de Notre Dame, para quie- y vicios, ya habitamos. Lefebvre escribe: «El urbanismo
nes habitar no es igual a alojar o meramente usar el como ideología, interpreta los conocimientos parciales
espacio como mercancía: y justifica sus aplicaciones en el terreno, elevándolas
(por extrapolación) a una totalidad mal fundada o, al
Habitar es otra cosa. Es un entrelazamien-
to de vínculos. Es pertenecer a los lugares menos, mal explicada». 9
en la misma medida en que ellos nos pertenecen. Es Siguiendo con esta crítica, hay una noción errada
no ser indiferente a las cosas que nos rodean, es estar de lo que es la ciudad, porque no hay algo así como
enlazados: a la gente, a los ambientes, a los campos, la ciudad única, ideal y abstracta, es decir, una ciu-
a los setos, a los bosques, a las casas, a tal planta que dad inexistente que pueda aplicarse en lo concreto de
yace en el mismo espacio, a tal animal que se suele la vida cotidiana. Incluso habrá que criticar algunas
ver ahí. Es estar anclados y tener posibilidades abier-
tas en nuestros espacios. Es lo opuesto a sus pesadi- posturas del idealismo antiguo como en el caso de
llas de metrópoli, de las que solo cabe deshacernos. 7 la República, Critias o Las leyes de Platón, obras en las
cuales se exponen proyectos urbanos abstractos, formas
6 Jean-Luc Nancy, Corpus. Madrid: Arena libros, 2003, p. 34.
7 Citado en Consejo nocturno, Un habitar más fuerte que la metrópoli. La Rioja: Pepitas Editorial, 2018, p. 97.
8 Cf. Henri Lefebvre, La producción del espacio. Madrid: Capitán Swing, 2013, p. 92.
9 Henri Lefebvre, El derecho a la ciudad, p. 63.
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