Page 13 - Heterotopías 8
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Reflexiones iniciales sobre habitar la ciudad Schorske define como ciudad: «un condensador simbó-
s en la Europa del siglo xix y en el ámbito de la lico de los valores socioculturales».
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creación literaria, en donde comienzan a aparecer En 1863, Charles Baudelaire retoma la narración de
Elos sentires y pensares sobre habitar la ciudad, Poe y haciendo énfasis en la mirada a detalle y en las
menos desde la complacencia y más desde la extrañeza acciones que realiza el anónimo protagonista del relato,
y ciertos modos de resistencia. Es en ese continente y en su texto «El pintor de la vida moderna», hace apa-
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en ese siglo que empiezan a surgir narrativas sobre los recer a una figura literaria emblemática de la moderni-
anhelos, frustraciones, pensamientos, sueños, imagina- dad: el flâneur. La fisonomía del flâneur ha sido motivo
ción, emotividad y todo aquello a lo que se puede hacer de diversas reflexiones y entre ellas, unas de las más
referencia cuando hablamos de lo que le pasa a la gente importantes son las de Walter Benjamin quien ve en
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en la ciudad. el flâneur un atisbo de conciliación entre el desconsuelo
Casi a mediados de ese siglo, en 1840, Edgar Allan de lo que es vivir en una gran ciudad y la ilusión del
Poe publicó un texto al que tituló «El hombre de la futuro que representa.
multitud». En un fragmento de este relato Poe descri- A la par de la genialidad y sensibilidad de Poe y
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be la vivencia de la aglomeración: Baudelaire, en 1890 Knut Hamsun escribe «Hambre»
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En este periodo particular de la tarde nunca había y el personaje principal es la conciencia del sujeto
presenciado una situación similar, y el mar tumultuo- de la ciudad que encarna el anonimato, la inestabilidad,
so de cabezas humanas me llenó por lo tanto de una la angustia, el aislamiento y el abandono en Cristiana,
deliciosa emoción nueva. Dejé por completo de poner antigua capital de Noruega. Un personaje que
atención a lo que sucedía dentro y me absorbí en la
contemplación de la escena exterior. Al principio mis Escribe, no escribe. Vaga por las calles de la ciudad. Ha-
observaciones tomaron un giro abstracto y general. bla consigo mismo en público. Hace que la gente se
Miraba a los pasajeros en masa, y pensaba en ellos aparte de él, asustada. Cuando, por casualidad, da con
desde el punto de vista de sus relaciones globales. Sin algo de dinero, lo regala. Es echado de su habitación.
embargo, pronto pasé a los detalles y contemplé con Come, y luego vomita todo. En cierto punto tiene un
un interés minucioso las innumerables variedades de flirteo con una muchacha, pero nada resulta de ello
figura, vestimenta, aire, paso, rostro y expresiones. 2 sino sólo humillación. Padece hambre. Maldice al mun-
do. No muere. Al final, sin ninguna razón aparente, se
En las observaciones tan minuciosas a lo largo del apunta a bordo de un barco y abandona la ciudad. 7
relato, Poe nos obsequia una mirada de aquello a lo que
1 Edgar Allan Poe, «El hombre de la multitud», en Bitácora Arquitectura, núm. 28. México: unam-Facultad de Arquitectura, 2016, pp. 52-55.
2 Ibid., p. 52.
3 Carl E. Schorske, Pensar con la historia, trad. de Isabel Ozores, Madrid: Taurus, 2001, p. 22.
4 Charles Baudelaire, «El pintor de la vida moderna», en El gran libro del dandismo, trad. de Jorge Salvetti y Luciana Bata, Buenos Aires:
Mardulce, 2013, pp. 201-256.
5 Walter Benjamin, Libro de los Pasajes, trad. de Isidro Herrera Baquero, Luis Fernández Castañeda y Fernando Guerrero, Madrid: Akal
(Vía Láctea), 2005.
6 Knut Hamsun, Hambre, trad. de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo, Madrid: Ediciones de la Torre (Biblioteca Nórdica), 2016.
7 Paul Auster, «El arte del hambre», trad. de Mauricio Montiel, en https://www.uam.mx/difusion/casadeltiempo/80_sep_2005/101_105.
pdf [Consulta: 28 de febrero 2025].
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