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el ecosistema de la ciudad» y «disloca la brújula que  las emociones en sus análisis. Por ejemplo, Patricia
               orienta la sociabilidad». Al no hallar un asidero   Ramírez Kuri y Miguel Aguilar Díaz –siguiendo a Pablo
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               que cumpla las expectativas de la función securitaria  Fernández Christlieb– han propuesto la noción de afec-
               delegada en el Estado, se explica que la forma de en-  tividad colectiva para «englobar todo aquello que tiene
               frentar el miedo de los ciudadanos se traslade ya sea  que ver con la manera en que se elaboran sentidos y
               al ámbito de la seguridad privada o a un modelo de   significados sobre el mundo social a partir, en primera
               lo comunitario que toma la justicia en sus manos. En  instancia, de la interpretación que se realiza de infor-
               todo caso, siguiendo a Reguillo, «los desniveles en el  maciones y prácticas circundantes».
                                                                                      36
               modo de acceder a una cierta seguridad fragmentarán   Incluso, recientemente, Mauro Gil-Fournier se
               aún más las ciudades en su trazo arquitectónico y en  ha fundamentado en la perspectiva de los afectos de
               el establecimiento de fronteras (reales y simbólicas)». 34   Spinoza, Deleuze y Massumi para concebir un urba-

               Un último elemento relevante dentro del análisis de  nismo afectivo «que produce una observación en el
               Reguillo supone comprender los usos políticos del mie-  movimiento de los afectos dentro de un proceso urba-
               do, toda vez que estos «son también y principalmente un  no, sea una investigación, un proyecto o una actuación
               territorio de disputas políticas por su monopolio, por su  [y que también es] un entorno de resistencia a la emo-
               mercadeo». En otras palabras, las narrativas del miedo  cionalidad urbana del yo imperante, donde los indivi-
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               –transmitidas por los medios convencionales de comuni-  duos participan y se comunican en la vida social». 37
               cación (periódicos, radio o televisión) u otros medios in-  Como podemos observar, las propuestas conceptuales
               formales (la información de boca en boca o, más recien-  son diferentes en sus especificidades, pero convergen
               temente, las redes sociales) e, incluso, las estadísticas ins-  en  el  interés de  proponer  herramientas teóricas que
               titucionales sobre seguridad y violencia– son susceptibles  permitan pensar a la ciudad en su dimensión afectiva.
               de ser utilizadas como elementos retóricos potentes en   Por otro lado, y para concluir este escrito con una
               la implementación de estrategias de control socioespacial.  aportación que vincule a los estudios sobre la ciudad
                                                           con las emociones desde otro ángulo, consideramos que
               Hacia una biopolítica de los afectos en la ciudad   el trabajo filosófico de Michel Foucault podría brindar-
               Lo expuesto hasta ahora nos permite afirmar que los  nos una ruta complementaria para el entendimiento
               estudios sobre la ciudad no están al margen del giro  de los afectos y las emociones en la ciudad. De ante-
               afectivo pues, como hemos visto, las corrientes teóri-  mano es preciso advertir que la perspectiva filosófica
               cas urbanas más representativas ya contemplaban –al  foucaultiana no aborda directamente las emociones,
               menos de forma implícita– ciertas emociones y senti-  los sentimientos o los afectos como parte de sus elabo-
               mientos en sus vínculos con la ciudad.      raciones conceptuales; sin embargo, su enfoque teórico
                 Si bien los marcos interpretativos pueden diferir  pretende indicar históricamente los diferentes modos
               entre sí, nos parece que los estudios urbanos se abren  de subjetivación del ser humano en nuestra cultura y
               cada vez más a integrar explícitamente los afectos y  en ese sentido, en tanto parte de la experiencia subjeti-

               33  Ibid., p. 44.
               34  Ibid., p. 45.
               35  Ibid., p. 47.
               36  Patricia Ramírez Kuri y Miguel Ángel Aguilar Díaz, Pensar y habitar la ciudad. Afectividad, memoria y significado en el espacio urbano
                 contemporáneo, cdmx : uam-Iztapalapa/Anthropos, 2006, p. 8.
               37  Mauro Gil-Fournier, «Urbanismo Afectivo: una aproximación trans a la ciudad», en Dearq, vol. x, núm. 38, Colombia: Universidad de
                 los Andes, 2024, pp. 42-52.




                                                           La ciudad, el miedo y otras biopolíticas de los afectos   HETEROTOPÍAS 08  25
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