Page 44 - Heterotopías 8
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trabajo o disfrute. Ambas instancias, aunque diferen- dos tamales que se venden en la ciudad de Oaxaca. Aun-
ciables, se entrelazan en la práctica, definiendo la com- que ambos puedan estar envueltos en hoja de plátano,
plejidad de la reproducción social. 9 los ingredientes al interior, la cantidad de masa utili-
La repetición constante y la prevalencia del sonido zada, e, incluso, el amarrado exterior difiere de manera
por sobre el paisaje sonoro habitual de la ciudad le con- significativa. Por lo que podríamos decir que los tamales
fieren un foco perceptivo que muchas veces no puede oaxaqueños son un producto exclusivo de la Ciudad de
pasar desapercibido. El consumidor de tamales se con- México y que los tamales que se venden en la ciudad
forma como sujeto dentro de una colectividad consu- de Oaxaca, y en todo el estado de Oaxaca, no se deno-
midora de tamales. La variedad de los tamales dentro minan oaxaqueños, sino únicamente tamales.
de la Ciudad de México tanto separa a los consumido-
res como los une. Por un lado, el gusto constituye otra III. Paisaje sonoro
producción de percepciones, que implican el contexto Murray Schafer propone el término soundscape (paisaje
y los elementos mencionados a lo largo del texto; por el sonoro) como el conglomerado de ambientes sonoros. 11
otro, al mismo tiempo que el consumo de tamales forma Diferentes ambientes sonoros pueden estudiarse como
parte de la construcción de la identidad de los habitan- paisajes sonoros de acuerdo con Schafer: el musical, el
tes de la Ciudad de México. El no consumo de tamales, industrial y el que ligamos a la naturaleza. Pero se debe
es decir, que existan personas que no consuman tama- tener en cuenta que el estudio específico de un paisaje
les, no implica que ellas no estén dentro del constructo sonoro, y sus resultados, no se extiende necesariamente
cultural de la comunidad que sí los consume. a los demás.
El entramado social desde el cual se consumen los El paisaje sonoro de la Ciudad de México se com-
tamales implica a las personas encargadas de su distri- pone de una cantidad desbordada de ruidos, a ve-
bución, a las personas encargadas de la producción, y ces cadenciosos, a veces ensordecedores y muchas
a los consumidores. Esta red de producción y consumo veces un conjunto insondable de ruidos que condicio-
puede ser explicada de esta manera: nan la sociabilidad, la percepción y hacen explícita la
En el caso del pan, se trata de un objeto que ha resul- experiencia presente de la vida dentro de la ciudad.
tado de una acción específica del sujeto de trabajo, Aquí entra en juego lo sonoro de la grabación de
particularizado como «panadero», y que está desti- los tamales oaxaqueños. Mientras que el producto, el
nado a la satisfacción de una parte del hambre del tamal en sí mismo, no es el que se nos presenta, su
sujeto de disfrute, particularizado como «consumidor peculiaridad es instalada en nosotros por la sonoridad
de pan». El pan es un objeto práctico de consumo de la grabación. Esta sonoridad es significativa, inde-
inmediato, que entra directamente en el proceso de
disfrute, como todos aquellos otros alimentos que lo pendientemente de si queremos satisfacer el antojo de
acompañan al satisfacer el hambre de un cierto tipo tamal. Nos sitúa geográfica y temporalmente. Es un
de ser humano. 10 ancla de sentido, de comunidad y un índice de produc-
Hay una diferencia significativa entre los llamados ción. Mediante la diferenciación podemos estar segu-
tamales oaxaqueños producidos, vendidos y consumi- ros de que no estamos en la ciudad de Oaxaca, u otra,
dos en la Ciudad de México y los simplemente llama- sino que nos encontramos en la Ciudad de México.
9 Cf. Bolívar Echeverría, Definición de la cultura.
10 Ibid., p. 63.
11 Cf. R. Murray Schafer, El Paisaje sonoro y la afinación del mundo, Barcelona: Intermedio, 2013.
42 HETEROTOPÍAS 08 Hay tamales oaxaqueños, tamales calientitos. La producción de la percepción sonora urbana

