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Es decir, el lugar no remite de manera inmediata ni la ciudad, con el juego de las representaciones origina-
automática a los ordenamientos convencionales de la rias, con las formas particulares de concebir una ciudad
esfera simbólica, sino a este juego cambiante de las que hunde su historia en las raíces prehispánicas. Desde
prácticas, a este modo particular de la acción recípro- ahí, podemos ir acumulando, yuxtaponiendo, amasan-
ca, a esta calidad difusa –a veces duradera y a veces do, conjugando –a veces destruyendo, a veces superpo-
transitoria– de los vínculos humanos. Remite a for- niendo y a veces simplemente adicionando– distintas
mas específicas de la identidad, modos particulares de modalidades de construcción, estilos arquitectónicos
comprensión de sí mismo, formas únicas de expresión diferenciados, formas particulares de monumentalidad
–consciente o inconsciente– de pasiones y pulsiones. completamente discordes histórica y políticamente, que
Podemos pensar que, efectivamente, los lugares son de alguna manera se van conjugando en una especie de
el ámbito de la expresión y de la experiencia pasional constelación errática, equívoca de los tiempos históricos.
de los sujetos, entendida la idea de pasión como esta En realidad, la dinámica de las múltiples edades de
esfera capaz de integrar simultáneamente las calidades la ciudad tiene una extraña relación con la memoria.
diferenciadas de la interacción y el intercambio, así co- No podemos decir que hay en las edades de la ciudad
mo las condiciones del surgimiento y reconocimiento una memoria tácita. Por ejemplo, muchos de los mo-
de las identidades. numentos que de alguna manera se multiplican en la
Entonces, cuando hablamos de ciudad hablamos de ciudad de México han dejado de ser ya referencias de
espacio, de territorios y de lugares. La idea de ciudad in- la memoria, simplemente son extrañas construcciones
volucra una compleja compenetración entre las facetas enigmáticas, formas que remiten a edades mudas, a epi-
de la experiencia sobre una espacialidad enteramente sodios difícilmente reconocibles y reconstruibles, pero
constituida desde la historia de las propias culturas, des- que de alguna manera tienen esta especie de edad
de condiciones conflictivas, desde complejos procesos y difusa de los ancestros. Es decir, se constituyen como
movimientos que dan cabida a las edades diferenciadas referencias claras de esta forma de significar una tem-
de la ciudad. No solamente involucra territorio; sin duda, poralidad más allá del tiempo, corresponden a in ilo tem-
también hablamos de sus tiempos. La ciudad no podría pore, es decir, un tiempo más allá del tiempo.
pensarse sin una crítica de la experiencia del tiempo. La mayor parte de nuestros monumentos, quizá por
En realidad, la experiencia del tiempo en las ciu- nuestra propia ignorancia, quizá por las condiciones
dades también tiene múltiples expresiones, edades, mismas del olvido exigido por la modernidad, se con-
asentamientos y decantamientos diferenciados. vierten simplemente en señales, en residuos que de al-
Simplemente, el centro de la ciudad de México y los guna manera apuntan y hacen patente esta forma viva,
asentamientos recientes en las faldas de toda la cadena este modo particular de intervención constitutiva de
orográfica que la rodea bastan para entender esta es- signos sin identidad. Se convierten en signos cuya única
pecie de, casi completa, discordancia entre las edades. identidad es precisamente referirse a un origen en un
Están los poblamientos recientes, las ocupaciones que tiempo más allá del tiempo, en una historia sin rela-
marcan el crecimiento urbano de los últimos años, de to, en una historia sin narración, en una historia sin
las transformaciones que se van dando en las distintas personajes, pero una historia que de alguna manera
zonas de la ciudad. Y al mismo tiempo, en estas zonas, aparece como el sustrato y el trasfondo de toda nues-
en las cuales se alcanza a reconocer y a leer una raíz tra historia, fundamento de toda nuestra identidad,
de siglos, se tiene la sensación de lo intemporal, prác- pero un fundamento de nuestra identidad difuso
ticamente se da una confusión con el mito mismo de e incierto.
La ciudad como concurrencia de historias HETEROTOPÍAS 08 49

