Page 52 - Heterotopías 8
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Un fundamento al cual no podemos caracterizar y al  tiplican y pueblan una y otra vez las zonas de nues-
               cual no podemos darle ningún tipo de nombre, ningún  tra ciudad. Y es quizá, de esta historia de silencios, de
               tipo de fisonomía, ningún tipo de cuerpo. Un funda-  donde habría que ir entendiendo cómo se van consti-
               mento que simplemente aparece como una huella difu-  tuyendo los perfiles de eso que llamamos la identidad
               sa en un tiempo que sabemos cardinal y constitutivo  urbana, si es que se puede hablar de algo como la iden-
               de nuestra propia historia, pero que al mismo tiempo  tidad urbana.
               se nos escapa.                                La identidad urbana entonces es esta concurrencia
                 Evidentemente, las edades de la ciudad son absolu-  de silencios y de signos que hablan –veladamente, de
               tamente sorprendentes porque convocan modalidades  manera difusa, casi balbuceante– de una historia que
               anónimas de memorias que, sin embargo, mantienen  también es irrecuperable. ¿Podríamos hacer la historia
               cierta carga de identidad. Sabemos, aunque no pode-  de todas las identificaciones de la ciudad? Es muy inte-
               mos reconstruir las historias de los edificios –por ejem-  resante pensar la historia de la ciudad un poco a la luz
               plo, edificios del centro de la ciudad–, que tienen en su  de las revoluciones historiográficas contemporáneas,
               marca arquitectónica la huella de los años cuarenta, de  como la escuela inglesa con Thompson y Hobsbawm o
               los años cincuenta, de los años sesenta. Vemos cómo  la francesa con Braudel.
               se estratifica una huella mucho más de destrucción que   La Escuela de los Annales nos ha enseñado que la
               de construcción. Con respecto a la ciudad, se hace mu-  historia que se centró en los monumentos y en los
               cho más clara quizá, esa feroz caracterización que hace  grandes acontecimientos, prácticamente perdió toda
               Walter Benjamín de la historia, cuando dice que toda  su capacidad de comprender la densidad compleja de
               historia de cultura es una historia de barbarie. Esta fra-  una historicidad hecha de múltiples tiempos, de infi-
               se que es sonora, sorprendente e inagotable, se hace  nidad de voces, de capacidad de diálogo y de tensión
               patente muy claramente en las edades de la ciudad.   y confrontación múltiple entre infinidad de procesos
                 Ahí donde vemos aquello que ha sobrevivido, leemos  ínfimos como son nuestros procesos cotidianos. Es-
               la barbarie de lo que ha sido destruido, de lo que ya  ta consigna de la historiografía de los Annales hace
               no existe. Es decir, donde vemos el Templo Mayor, no  volver la historia a la antropología y la antropología
               es solamente el Templo Mayor lo que subsiste, es todo  a la historia. Es decir, volver a la historia como una
               lo que fue destruido y que es irrecuperable. Ahí don-  reconstrucción minuciosa de la vida cotidiana, pensar
               de vemos las iglesias y las construcciones del siglo xvi  que la historia no está en los grandes acontecimientos
               dispersas por el centro de la ciudad de México y por  sociales, sino que la historia está en la minucia de la

               algunas poblaciones circundantes donde se preservan,  vida, en las formas del ordenamiento cotidiano, en los
               no leemos la sobrevivencia de otras edades, eso es lo  modos de la experiencia de cada uno de nosotros y que
               que leen algunos antropólogos; lo que nosotros leemos  esta suma compleja –podríamos decir abigarrada– de
               es la barbarie, lo destruido, lo que no dejó huella. Aque-  la experiencia colectiva, no en su sumatoria ni en su
               llo que fue demolido, irrecuperable y que, de alguna  ordenamiento, sino en su ruido y en su movimiento,
               manera es ilegible a través de lo que subsiste, es legible  es lo que da lugar a eso que llamamos la historia. Si las
               más como un presentimiento, como una especie de in-  lecciones de la historiografía francesa y de la historia

               ferencia sin asideros, pero lo que se hace patente son  social inglesa nos pueden servir para pensar la ciudad,
               las huellas de la destrucción. La ciudad conjuga en-  nos deberían llevar a pensar que, efectivamente, eso que
               tonces estas historias de vacío, de lo demolido, de lo  llamamos ciudad, está en la historia de la banquetas, en
               destruido, estos silencios que de alguna manera se mul-  la historia de las calles, en la historia de los estanqui-




           50    HETEROTOPÍAS 08     La ciudad como concurrencia de historias
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