Page 53 - Heterotopías 8
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llos, en la historia sutil de cada una de las fachadas,   El modo en el que la mirada se redefine en el espa-

               en la modelación de los interiores de las casas, en las  cio urbano se ha reconstituido completamente. Forma
               formas en las cuales se ordena la subsistencia de las  parte de estas calidades extrañas del tiempo que están
               familias, en los distintos espacios, en la manera en que  en relación con la trasformación de una ciudad para la
               juegan los niños en las calles o que ya no juegan.  velocidad, una ciudad para un modo particular de com-
                 A mí  me tocó  jugar  en las calles, se  jugaba en  prender una forma de vida, constituida desde el tiempo

               las calles, se transitaba a pie a las doce de la noche,  como precipitación, como urgencia. La idea de urgen-
               a las dos de la mañana, sin demasiado sobresalto. Se  cia, que de alguna manera marca la ciudad, define el
               podía caminar por en medio de la calle, los carros tran-  modo de los equipamientos, las proporciones y los espa-
               sitaban con otros hábitos de manejo, con otra forma  cios; define también las calidades de la construcción,
               particular de comprender la vida de los peatones, entre  los instrumentos y las condiciones en las cuales se
               otras cosas porque éramos más peatones que coches,  garantiza tanto la vida cotidiana como las rutinas de
               y ahora son mucho más coches que peatones. La his-  la vida en la ciudad. El tema del tiempo en la ciudad
               toria de la proliferación del automóvil es la historia  es un tema absolutamente crucial, porque el tiempo
               de la recomposición de los espacios para los tráficos,   no es solamente la historia, sino hay una historia del
               es la modificación de las amplitudes de la calle para que  tiempo en la ciudad. No es solamente la historia de
               ahora puedan pasar camiones gigantescos, para que los  las ciudades, sino la historia de la temporalidad en las
               vehículos puedan aumentar la velocidad y para hacer  ciudades. El tiempo tiene también una historia dis-
               dobles, triples o cuádruples pisos. Es decir, esta ciudad  tinta y la experiencia del tiempo tiene una historia
               que es hoy, era inimaginable hace treinta años, pero  distinta en las ciudades.
               inimaginable en la textura cotidiana, inimaginable en   El tiempo en la ciudad en la que yo crecí de niño (ca.
               las vitrinas que antes se hacían para que la gente ca-  1957-1967), no tiene nada que ver con esta ciudad,
               minara y las viera, ahora son un residuo extraño de la  con este modo de vivir la aceleración. Al conjugarse la
               invisibilidad, del decaimiento de la mirada. Nadie mira  precipitación, la urgencia y las exigencias del despla-
               las vitrinas cuando va en su coche.         zamiento, resulta una especie de paradoja. La urgen-
                 Esta mítica y maravillosa figura de Baudelaire del   cia se conjuga con la dilatación de los tiempos, cada
               París del siglo xix, tan celebrada por Walter Benjamín,  vez más urgentes. Son cada vez más largos los tiem-
               la del  flâneur, la del hombre que vagaba, del hombre  pos para transitar por la ciudad. Cada vez necesitamos
               moderno por excelencia, que transitaba por las calles,  llegar más rápido y cada vez ocupamos más tiempo
               se extraviaba en estas rutas y a su paso miraba las vi-  para llegar a donde tenemos que llegar. Cada vez tene-
               drieras, paseando; ahora se ha vuelto algo extraño, ya  mos más prisa y cada vez los tiempos se extienden de
               no se transita en el espacio público, sino en una zona  una manera monstruosa. Esta paradoja de los tiempos
               intermedia entre lo privado y lo público que llamamos  es la paradoja de una urgencia que reclama un conjunto
               «centro comercial». El centro comercial, que es en  de modos de vida, de formas de acción, de modos de
               realidad el lugar al que ahora está confinado el flâneur,  uso instrumental y de formas particulares de operación
               lo constituye en una especie de residuo paradójico, casi  que producen siempre movimientos encontrados, mo-
               grotesco. El flâneur estaba destinado a extraviarse por la  vimientos paradójicos, formas de relación cada vez más
               ciudad, a perderse por las calles, a transitar por un infi-  extrañas, cada vez más inhabitables.
               nito número de vidrieras, a asomarse por ellas, a mirar
               desde afuera ese modo particular del habitar.




                                                                 La ciudad como concurrencia de historias   HETEROTOPÍAS 08  51
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