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No obstante, nos parece que este enfoque ofrece modos Desde la antropología de lo urbano, la ciudad ha si-
sugerentes de mirar la ciudad como lienzo, como espa- do vista prioritariamente como escenario colectivo de
cio de comunicación, como conjunto de significantes y encuentro, de contestación y acomodo, de dominio o
significados construidos por quienes la habitan. subalternidad, de contacto o conflicto de culturas di-
Como ciudad experimentada, la ciudad es un lugar ferentes. Negociación o convivencia vs conflicto; és-
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vivido que facilita experiencias tanto individuales co- tas parecen ser las posibilidades. Sin embargo, no se
mo colectivas, lo cual nos permite hablar de una cier- debe caer en la simplificación de una dicotomía cerra-
ta especificidad de lo urbano, incluso de una suerte de da. No cabe duda de que, como espacios urbanos, las
identidad urbana; pero la ciudad es también un espacio ciudades facilitan la emergencia de nuevas formas de
de significaciones en pugna, pues no existe un úni- interacción, diálogo o conflicto. Así lo afirma Rossana
co modo de explicarla y narrarla. De algún modo, la Reguillo:
ciudad experimentada es trazada por la propia subjeti- La ciudad es espacio de investigación prioritario y
vidad de la persona que la vive. privilegiado, en la medida en que no es solamente el
La cultura contemporánea se caracteriza por la exal- escenario de las prácticas sociales, sino fundamental-
tación de lo vivencial, por la recuperación de la expe- mente el espacio de organización de la diversidad, de
riencia como valor privilegiado en la construcción del los choques, negociaciones, alianzas y enfrentamien-
sujeto social. Desde este punto de vista, la ciudad no es tos entre diversos grupos sociales por las definiciones
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sólo un lugar ocupado, sino más bien un lugar practica- legítimas de los sentidos sociales de la vida.
do, usado, experimentado. Un lugar vivido en toda su
dimensión, el espacio físico de la coexistencia. 2 Mirar la ciudad desde la comunicación
Como vemos, la ciudad experimentada es trazada y la semiótica
por la subjetividad de las personas que la habitan: «con La ciudad es una experiencia de comunicación. En ella
una especie de zapping, la persona elige lugares, estilos, nos vinculamos, establecemos relaciones con otras y
imágenes, códigos, ángulos y los combina en una ex- otros con quienes compartimos el habitar urbano, nos
periencia personal». Una experiencia que, si bien es erigimos como transeúntes que consumen los mensa-
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compartible, nunca es transferible de forma idéntica de jes que inundan el espacio público, expresamos nuestro
unos a otros. Por ello, la homogeneidad de la ciudad es sentir, participamos de movilizaciones colectivas que
una falacia. Siguiendo a Imbert, «la ciudad es palimp- intervienen la ciudad con narrativas reivindicativas.
sesto. Es un ser inacabado, que se va construyendo de Son muchas las formas de experimentar la ciudad si la
acuerdo con los recorridos que en él se efectúan». miramos desde una óptica comunicativa.
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2 Artemio Baigorri, «La ciudad como organización física de la coexistencia», en Agustín Hernández, Ramón López de Lucio, Curso
sobre Rehabilitación Urbano-Ecológica de la ciudad europea, Madrid: Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, 1995.
3 Giandomenico Amendola, La ciudad postmoderna. Magia y Miedo de la Metrópolis Moderna, trad. de Marisa García Vergaray y Paolo
Sustersic, Madrid: Celeste, 2000, p. 105.
4 Gérard Imbert, «Figuras de lo urbano (la ciudad y su reverso)», en Estudios Semióticos, núm. 13-14. Barcelona: Associació d’Estudis
Semiòtics de Barcelona, 1987, pp. 189–208, p. 191.
5 Mary Louise Pratt, Imperial Eyes. Travel Writing and Transculturation, Londres/Nueva York: Routledge, 1991.
6 Rossana Reguillo, «Pensar la ciudad desde la comunicación», en Jesús Galindo y Carlos Luna, Campo académico de la comunicación:
hacia una reconstrucción reflexiva, Guadalajara: iteso–Conaculta, 1995, pp. 109–132, p. 122.
4 HETEROTOPÍAS 08 Ciudades vividas, ciudades narradas

