Page 61 - Heterotopías 8
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I. La ciudad y sus prácticas como forma de sentido  tiempo y el espacio imponiendo su juego a las do-
                    l pensar en los sentidos que habitan la Ciudad de   minaciones de éstos, apartándoles de su meta, tram-
                    México hemos reparado en la capacidad discursiva   peando. Lo urbano es así obra de ciudadanos, en vez
               Asubyacente a los espacios, capacidad que convoca al   de imposición como sistema a este ciudadano. 3
               habitante de esta ciudad como su intérprete. Para este texto   La producción de sentidos obedece a los sujetos que
               hemos decidido abordar la Plaza de las Tres Culturas como  habitan los espacios, esta producción resulta una pro-
               un punto relevante de la ciudad en donde convergen tres  ducción de masas, donde el protagonista de la ciudad
               tiempos. La plaza como punto de encuentro supone un es-  no es sino un sujeto necesariamente anónimo: todos
               pacio particular de tránsito en donde sus usos son variados  y ninguno. La toma de la ciudad supone una toma de
               y se anudan decisivamente a las prácticas de los usuarios.   palabra, por lo cual debe ser entendida en su carácter
                 Como en todo espacio social, en la plaza es posible en-  simbólico. De esta manera, la apuesta por las prácticas
               contrar huellas de los discursos que las concibieron. En  cotidianas implica una apuesta por las posibilidades de
               ese sentido, la Plaza de las Tres Culturas remite a tres  transgresión de las lógicas imperantes, como posibi-
               períodos históricos que conviven en el mismo espacio,  lidad lírica de un arte de hacer, lo cual conlleva una
               tres sentidos de ciudad conviviendo de alguna manera en  desobediencia silenciosa hacia el poder y las lógicas
               el mismo espacio. Si atendemos a Michel de Certeau,  de una ciudad que pareciera hecha solamente para la
               entenderemos al espacio como un discurso y una prác-  producción de plusvalor. Ante las posibilidades de las
               tica, donde la acción caminante interpreta al discurso:  prácticas el tiempo reclama un papel principal.
               «La acción caminante que se vale de las organizaciones
               espaciales, por más panópticas que sean: no les resulta  II. Tiempo y sentido de ciudad
               ni extraña (no sucede en otra parte) ni conforme (no  La experiencia y el sentido de ciudad no se entienden
               recibe su identidad de ellas) Ahí crea una sombra y algo  sin las formas de entender el tiempo, o bien las formas
               equívoco en ellas».  Asimismo, Manuel Delgado plantea  tomadas por el tiempo y sus inscripciones en el espacio.
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               que la ciudad: «[…] es palabra, habla, sistema denotativo.  Quizá sea mejor hablar en plural, es decir, de tiempos
               Lo urbano va más allá, no es un tema, sino una sucesión  transcurridos en un modo necesariamente dinámico.
               infinita de actos y encuentros realizados o virtuales,  Cuando Prigogine aborda el tema del tiempo plantea a
               una sensibilidad hacia las metamorfosis de lo cotidiano  la irreversibilidad como una propiedad universal «to-
               que le debe no poco a la sensibilidad». 2   dos envejecemos en la misma dirección». De esta ma-
                                                                                          4
                 Si bien el autor plantea una diferencia entre la ciudad  nera, la irreversibilidad se corresponde con la idea de
               y lo urbano, nos parece que uno no se entiende sin el  disipación, con el desorden; por lo tanto, los proyectos
               otro; es decir, las prácticas toman este sistema denota-  de ordenamiento suponen una fuerte disputa contra es-
               tivo y lo interpretan. Así la vida cotidiana:  te principio, una lucha contra el tiempo. En ese sentido
                    Intenta volver los mensajes, órdenes, presiones veni-  se entiende la edificación de la plaza como sostén de la
                    das de lo alto contra sí mismas. Intenta apropiarse el   propia identidad nacional.


               1  Michel de Certeau, La invención de lo cotidiano I. Artes de Hacer, x  edición, México: Universidad Iberoamericana e Instituto Tecnoló-
                                                          a
                 gico y de Estudios Superiores de Occidente, 2010, p. 113.
               2  Manuel  Delgado,  «Lo urbano como fogón de  brujas»,  en  http://manueldelgadoruiz.blogspot.com/2015/08/lo-urbano-como-fo-
                 gon-de-brujas.html, 1 de agosto, 2015.
               3  Id.
               4  Ilya Prigogine, El nacimiento del tiempo, x  edición, Buenos Aires: Tusquets, 2006, p. 45.
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