Page 62 - Heterotopías 8
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En realidad, pareciera no poder controlarse sino el   El tiempo como experiencia subjetiva convoca a un
               pasado y el espectro de todos aquellos que están en  desdoblamiento paradójico, pues el olvido se encuentra
               este, el pasado, y la memoria tienen un alcance políti-  con el porvenir en el mismo espacio, como disputa de
               co, también. Por lo tanto, no hay posibilidad de pensar  la memoria. El espacio funge como garante de la pre-
               a la ciudad sino en la idea de nación jugada en ella y,  servación, en ese sentido las inscripciones en el espacio
               por lo tanto, el papel que juega la plaza pública en es-  reclaman un ejercicio de la imaginación, la cual no sólo
               ta posibilidad. Sin embargo, como apuntamos atrás, la  evoca sino recrea tanto lo pasado como el propio por-
               plaza no se entiende sólo como una materialización de  venir en cada paso.
               discursos nacionalistas, también es preciso reparar en   La necesidad de una memoria única y aglomerante
               las prácticas y en los modos de habitar estos espacios.  de sentidos sólo existe en la fantasía de una identidad
               El porvenir de la nación se anuda ineludiblemente al  nacional cerrada, la práctica del espacio de la plaza no
               pasado, el cual permanece abierto como posibilidad de  deja lugar a dudas «la exploración de la memoria y
               vincular a los sujetos e interpelar el propio espacio. El  la modelación fantasmagórica del futuro exhiben in-
               tiempo transcurre en un sentido opuesto a lo estático,  cesante trabajo de recreación recíproca».  La disputa
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               la finitud la desaparición y la extinción transcurren co-  del espacio y sus modos de memoria no puede ser sino
               tidianamente por más que el espacio pretenda detentar  pasional. En ese sentido, el presente como imperativo
               un poco el paso del tiempo parece inevitable.   reclama una respuesta que no es sino una acción, un
                 La  experiencia del tiempo supone  en el sujeto la  acto, una práctica. De tal forma, el deseo puesto en
               percepción y la afección de la transformación, esta  juego en la plaza pública y en particular en la Plaza de
               misma experiencia posibilita el sentido del aquí y el  las Tres Culturas, en Tlatelolco, no es sino un deseo
               ahora. Para San Agustín, hay una distinción esencial  de reconocimiento, de memorias habitando al espacio.
               entre el tiempo humano y el tiempo de la divinidad «la  Los tiempos en los que sucede este reconocimiento se
               disolución del tiempo humano en lo infinitamente pre-  trastocan en los modos de hacer memoria, en las for-
               sente del tiempo absoluto de la divinidad».  El tiempo  mas de inscribir las historias en el espacio.
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               como experiencia humana, es decir, narrativa, convo-  Habrá entonces que suspender la concepción lineal,
               ca dos sentidos inconmensurables del devenir: devenir  cronológica del tiempo para pensar en una concepción
               ausente y devenir presente, siguiendo a Mier sólo es  experiencial del tiempo. Esta particular forma de enten-
               posible encontrar las huellas de lo que fue, el espacio   der el tiempo invita a un saber del pasado el cual no se
               supone entonces una huella evocando una presencia  mantiene estático, sino que su evocación y reelaboración
               del pasado. La plaza juega el papel de garante de un sen-  incide y da forma a la construcción del presente, tanto en
               tido de nación, pero este sentido sólo se concretiza en  un nivel subjetivo como en las formas espaciales urbanas.
               la práctica del espacio: «El instante humano es ante   De este modo, la memoria que se disputa en los es-
               todo la experiencia de la implantación de una huella  pacios de la ciudad no es sino una memoria asociativa
               evanescente que cobra su sentido al constituirse úni-  entre tiempos, una memoria inscrita en los cuerpos de
               camente en el vértice de la memoria y de la espera». 6   los sujetos y en el espacio habitado. El espacio convoca
                                                           a una memoria silenciosa que los sujetos habrán de evo-

               5   Raymundo Mier, «Umbrales y ámbitos de la experiencia del tiempo: sujeto e interacción», en Tramas. Subjetividad y Procesos So-
                 ciales, vol, x, núm. 33, México, uam-x, 2010, p. 15.
               6   Ibid., p. 17.
               7   Ibid., p. 19.




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