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car, reproducir y reelaborar, pero no como una repetición los puntos más interesantes de la ciudad, donde los
mecánica, sino como una actualización de los procesos. tiempos y los sentidos de ciudad no sólo se encuentran,
El éxito de toda durabilidad de la memoria está en su po- sino parecieran disputar las formas del tiempo mismo.
sibilidad de presentarse como otra cosa, en donde quedan Tlatelolco fue, quizá, la cúspide de estos proyectos
restos, pues no todo lo pasado se reactualiza. Quizá la habitacionales, donde la plaza ubicada en la tercera sec-
idea de identidad nacional se construye no sólo en una ción jugó un punto de disputa memorística que persiste
memoria museográfica, sino en las formas de olvido. hasta nuestros días. En esta plaza es posible ubicar tres
En las formas de construcción de una identidad na- edificaciones que remiten a tres tiempos de la ciudad.
cional (quizá subjetiva también) hay una disputa por Los trabajos de construcción del conjunto habitacional
las formas de contar la memoria nacional, hay algo trajeron al descubierto los restos de la antigua ciudad
de épica en la construcción narrativa identitaria. Una paralela de Tenochtitlan: Tlatelolco. Esta zona arqueo-
acción memorística requiere de una conexión impor- lógica se encuentra al lado de la Parroquia Colonial de
tante, la de conectar lo que se ha obligado a olvidar. Santiago Tlatelolco y en la esquina es posible observar
El anacronismo supone en cierta medida una táctica la antigua torre de Relaciones Exteriores, ahora Centro
de aquellos que no han tenido posibilidad de afirmar- Cultural Universitario de la unam.
se: «cada discurso social borra los síntomas que le han
permitido nacer». La historia trabaja necesariamente
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con la muerte, el muerto y hace lugar a lo vivo.
El pasado habita al presente, insiste y persiste en la
creación de sentido, el advenimiento de sentido no ocu-
rre sino como un acontecimiento que reescribe el pa-
sado todo el tiempo. Enterrar los testimonios, silenciar
las incomodidades (como la matanza de 1968) queda
explícito en esta plaza, donde los desaparecidos también
reclaman el espacio, reclaman un sentido a imponer su
silencio. Lo desparecido no es lo que ya no está sino
aquello que asalta al presente. En ese sentido, como lo
advirtieran Laclau y Mouffe, todo significante está dis-
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ponible y en disputa en el ámbito de la política, por lo
tanto, el espacio opera como un signo en disputa tam-
bién, lo cual implica reimaginar una política del tiempo.
III. La Plaza de las Tres Culturas: tiempos
disputados en el espacio
La construcción de unidades habitacionales como pro- Imagen 1. Plaza de las Tres Culturas, fotografía del autor, abril,
2025.
mesa de un futuro moderno dejó como legado uno de
8 Michel de Certeau, La escritura de la Historia, x edición, México: Universidad Iberoamericana, 2006, p. 285.
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9 Cf. Ernesto Laclau y Chantal Mouffe. Hegemonía y estrategia socialista: Hacia una radicalización de la democracia. México: Siglo xxi
Editores, 1987.
Espejismos de tiempo: Plaza de las Tres Culturas HETEROTOPÍAS 08 61

