Page 65 - Heterotopías 8
P. 65
La modernidad, en tanto fundamento ideológico, se IV. Breve crónica de la vida cotidiana en la Plaza de
concibió como una «narrativa que ostentaba un sis- las Tres Culturas
tema filosófico capaz de tener planteamientos y solu- Como un equívoco del orden de la ciudad, la Plaza de
ciones para todo el espectro de problemas de la vida las Tres Culturas se erige sobre el Eje Central, al salir
social». Todo lo pasado podía y, más aún, debía mejo- del centro de la ciudad la plaza advierte del conjunto
15
rarse. Para Touraine la modernidad se define «no como habitacional más importante de los proyectos habita-
un nuevo orden sino como un movimiento, como una cionales de la segunda mitad del siglo xx. Como evo-
destrucción creadora». Esta fuerza de destrucción/ caciones de otros tiempos, los restos de las ciudades
16
creación supone un esfuerzo por crear no sólo espacios de Tlatelolco parecen subsistir con dignidad ante las
nuevos sino otro tipo de sujeto y un tipo de sociedad distintas formas de olvido estatales y de los propios
particular, donde el Estado ocupa el lugar de garante habitantes de la ciudad.
tanto de la memoria como de la identidad nacional. Los habitantes suelen pasar el tiempo en este punto,
De esta manera, transitar la plaza pública supone que pareciera sobrecargarse de signos memoriales, di-
una experiencia que convoca a los tiempos trastocados, versas placas inscriben distintas formas de memoria en
encuentro imaginario y real que revela la potencia del el espacio desde las formas estatales, conmemoraciones
espacio en tanto signo que conjuga los tiempos y sus y grafitis pululan en la plaza; no obstante, estos pare-
disputas como huellas. cen pasar desapercibidos para los visitantes y ocupantes
Así, el análisis por los sentidos de la ciudad no se habituales que caminan por los alrededores para llegar
puede sustraer al análisis de la historia, la cual se anu- a sus departamentos. También para las niñas y niños
da de forma peculiar en el espacio. Los espacios no se que improvisan diversos juegos en este espacio, desde
pueden abordar en un mero aspecto físico, pues si nos las clásicas corredizas, los rituales de iniciación en bici-
limitamos a este aspecto quizá sólo veríamos su valor cleta tradicional o las modernas bicicletas eléctricas. De
patrimonial, como valor por sí mismo. No obstante, esta igual manera, los comerciantes instalados en las orillas
materialidad no se entiende sino en el revestimiento de no parecen prestar mucha atención a las placas como
las historias que se construyen en él y por este mismo. tampoco quienes utilizan las astabanderas como bancas.
Excluir al sujeto, o disociar al sujeto, de los modos de
conservación supone el fracaso anticipado de estos pro-
yectos. Espacios en una disputa indisociable, donde la
fuerza de ley recae necesariamente en el Estado como
garante del interés social por más que las políticas del
capitalismo tardío desdibujan su papel. De igual manera
es importante resaltar el papel que toma la plaza en la
vida cotidiana y los modos en que los sujetos la habitan.
15 Isabel Campos, «El origen de la plaza pública en México: Imagen 2. Memorial de la caída de Tenochtitlán, fotografía del
usos y funciones sociales», p. 87. autor, abril, 2025.
16 Alain Touraine, Crítica de la modernidad, x edición,
a
México: fce, p. 94.
Espejismos de tiempo: Plaza de las Tres Culturas HETEROTOPÍAS 08 63

