Page 71 - Heterotopías 8
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La Plaza de las Tres Culturas persiste como un es-  del tiempo, un anclaje de sentido, lo cual evidentemen-
               pacio en disputa, de tiempos, de sentidos, de prácticas,  te resulta insostenible. El acto de habitar estos espa-
               memorias y olvidos. Estas dos últimas operaciones se  cios supone una práctica de aprehensión del espacio,
               juegan en diversas formas, el olvido desde Freud no   el propio habitar supone una constante pesquisa por
               se puede entender como pasividad pues se trata de una  significar estos: «todo proceso psíquico es un acto que
               acción que confronta al pasado y sus sentidos, se trata  engendra por sí mismo sentido». Volver la mirada ha-
                                                                                   29
               de una acción contra el pasado: las huellas mnémicas  cia las prácticas de los habitantes supone volver la mi-
               del recuerdo resguardan el regreso de aquello olvida-  rada hacia una aprehensión reflexiva del propio hacer
               do. Los esfuerzos estatales por mostrar otra cara de  ciudad, en donde el sentido último que tiene el espacio
               una nación abrazando su pasado suponen la puesta en  no es otro sino el que le otorgan los usuarios de ésta.

               escena de una organización espacial que no deja de di-  La experiencia del tiempo enlaza dos sentidos inse-
               vidir y jerarquizar la plaza. Esta forma de escribir la ciu-  parables e inabarcables, una experiencia que no se en-
               dad nos permite cuestionarnos por los sentidos de ésta,  tiende sino en su devenir: devenir ausente y devenir
               por los sinsentidos también, las formas de ausencias y  presente. El advenimiento de sentido no se produce si-
               las posibilidades de reinterpretar las ruinas incluso.  no en el encuentro de estos devenires, el sentido no co-
                                                           bra forma sino en la resignificación de las huellas de lo
               VIII. Advenimiento de sentido               pasado, materialidades discursivas que no encuentran
               En el mar de signos y sentidos que supone la expe-  su sentido sino en la práctica presente: «Pero el instan-
               riencia de ciudad, los sentidos unívocos parecen ex-  te humano es ante todo la experiencia de la implanta-
               traviarse entre la multiplicidad de posibilidades que  ción de una huella evanescente que cobra su sentido al
               ofrece un mismo espacio. Al cuestionarnos acerca de  constituirse únicamente en el vértice de la memoria y

               cuál es el sentido de esta ciudad, el advenimiento  de la espera». 30
               de sentido parece resguardarse en las formas del tiempo,   La plaza revela su condición ideológica en el sentido
               pues el sentido requiere del tiempo como posibilidad de  de una serie de construcciones imaginarias que busca-
               emergencia. Los sentidos abundan y se tropiezan en las  ban dotar de sentido la propia idea de nación, una idea
               Plaza de las Tres Culturas. Los tiempos que no llegan y  que se asemeja a los espejismos de modernidad, una
               el porvenir de un futuro moderno que devino en otro  serie de producciones espectaculares de una mirada
               suponen el tiempo de la espera como una promesa de  nacionalista a partir de una producción de imágenes
               un sentido por advenir, en donde el silencio marca el  puestas en la escena de lo público. Estas disputas por
               tiempo del sentido, promesa de un sentido del espacio y  el pasado y las formas de significarlo suponen modos
               de los actos. La comprensión del tiempo presente supo-  de legitimación a través de la construcción de una me-
               ne romper la comprensión convencional de un tiempo  moria oficial que se vale del uso de símbolos y saberes,
               cronológico lineal, en donde la práctica del espacio po-  entre los cuales podríamos ubicar a las plazas públicas
               ne en juego otros tiempos que se trastocan.  y que en el caso de la Plaza de las Tres Culturas queda
                 En los discursos de modernidad el espacio ha jugado  evidenciado este uso; no obstante, en esta cuadrícula
               un papel fundamental, pues las construcciones no se  del poder aún es posible escribir otras historias, otras
               pensaban en un sentido efímero, sino como detención  memorias. La plaza en tanto espejismo de modernidad


               29   Raymundo Mier, «Umbrales y ámbitos de la experiencia del tiempo: sujeto e interacción», p. 14.
               30   Ibid., p. 17.




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