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necropolítica, he leído bastante y siempre estoy tratando de
buscar salidas. El panorama que tenemos es desolador, los
diagnósticos creados desde la primera mitad del siglo XX
hasta acá se han concentrado en encontrar barreras, tram-
pas, codificaciones, producción de subjetividades por el
capital, por la disciplina, por la política institucional, por la
educación, por los sistemas de salud. De pronto pareciera
que estamos coartados por todos lados, y por ello todo el
tiempo estoy tratando de buscar salidas. Trato de plantear-
me cómo salimos de esto, cómo salimos de las obligaciones
que nos impone la producción de cierto tipo de economía
capitalista, cómo salimos de las objetivaciones o las subjeti-
vaciones, de la familia, de las instituciones, en fin… En todo
este proceso me he dado cuenta de que no hay receta, no
hay un paso definitivo que te diga “si hago esto, entonces ya,
se libera todo este campo y para siempre”. Porque siempre
parece haber esto que Deleuze llamaba un poder sobrecodi-
ficador del capital, que te vuelve a traer al mismo problema o
al mismo dominio. Y parecería que en ese camino –que tú y
yo, de una u otra manera, hemos estado recorriendo juntos,
pero desde diferentes horizontes teóricos– ves en el arte esa
potencia, digamos, hacedora de surcos, esa potencia que es
capaz de instaurar conflictos, de hacerlos visibles, de poten-
ciar la aparición de cosas que puedan producir cambios. En
ese sentido, me parece muy prolífico que lo plantees así: un
arte, independientemente de quién lo plantee, tendría que
encontrar la manera de irrumpir donde tenga que irrumpir,
de hacer lo que tenga que hacer, de producir los efectos que
tenga que producir. Eso de alguna manera siempre me ha
llamado la atención, tú sabes que yo soy muy reacio hacia
este tipo de cosas, pero siempre me ha llamado la atención.
No obstante, me surge la duda de si esto no pasaría por la
destrucción misma del arte tal y como lo tenemos pensa-
do. Es decir, si partimos de que estamos en un paradigma
moderno del arte –que además es un paradigma que está
relacionado con la producción de subjetividad, con el esta-
blecimiento de lo común, etcétera¬–, y que posibilita ciertas
cosas, pero también cancela muchas otras; entonces, si tratá-
ramos de radicalizar estas potencias políticas del arte… ¿no
pasaría incluso por su propia destrucción, o al menos por la
destrucción de la institución que lo soporta?
HC: No creo, porque tampoco es una sola institución,
es decir, también creo que de pronto esencializamos
mucho; no hay una institución que soporta el arte,
son miles, son cientos que trabajan en sentidos muy
diferentes. No es lo mismo cómo opera el Pompidou
que cómo opera El Chopo, que cómo opera el Museo
Comunitario de Xico…
8 LENG Ü ETRAZOS Enero-diciembre 2020

