Page 11 - Lenguetrazos 31-32
P. 11
No queremos genocidio
No queremos genocidio
No queremos genocidio
huesos, sus palabras remarcan lo imposible de mos- sus versos en español y en árabe logran devastar el
trarnos las consecuencias del fósforo blanco, no alma de quien la escucha. Ouajd se dirige a la mujer
resistiríamos ver las heridas que provoca, nos dice, que yace en el suelo (Miriam González) y la invita a
pero lo ejemplifica quemándose la mano con un ci- levantarse para dar el último baile. Los dos visten de
garrillo; esto provoca que algunos espectadores se negro, en las manos de la mujer se distinguen hilos
incomeden e incluso alguno caiga desmayado. rojos que bien podrían ejemplificar la sangre derra-
El perfomance de Karkar está inspirado en el mada de rifeños y palestinos.
pequeño film “Fuego inextinguible” (1969) de Harun No es coincidencia que los actos performáticos
Foracki, que aborda cómo los gobiernos le pagan tengan relación con la protesta ya que más allá de
a la industria para diseñar armas tan letales como sólo ser representaciones estéticas, su objetivo es
el napalm (un fuego que arde a 3000 mil grados irrumpir en la normalidad de lo cotidiano. Hay actos
centígrados, lo cual da una idea de la dimensión de performáticos que son artísticos y de protesta a la
la barbarie, pues, como se afirma en el film y en el vez, aunque en algunos casos sólo hay protesta,
performance, un simple cigarrillo se quema a 40 pero no voluntad de producir arte. Esto lo que re-
grados centígrados). En el cortometraje se muestra petía, concluyente, el profesor que nos impartía el
a un hombre vietnamita denunciando los crímenes taller, José Antonio Cordero. El acto de Ouajd tiene
de guerra que se cometieron contra su pueblo. ambas dimensiones porque la sublimación del acto
Ouajd hace lo propio, pero lo adapta a su contexto y el nivel semántico del mensaje resuenan altamen-
en Rif. Nos cuenta cómo los gobiernos europeos, te en el espectador.
entre 1924 y 1927, lanzaron armas químicas sobre su El baile es sutil, pero desgarra: no es un acto de
pueblo natal, y cómo el gobierno marroquí continuó mera sublimación artística. Cada movimiento dice
la masacre lanzando napalm y fósforo blanco en algo, cada verso que acompaña el baile quema tan
los años cincuenta. También denuncia la barbarie profundo como el fósforo blanco. La parte más de-
que ahora mismo se vive en Palestina a manos del vastadora, sin embargo, se da cuando Ouajd baila
gobierno de Israel, con la complicidad de muchos con Miriam y, mientra todo parecía normal, ella co-
gobiernos del mundo y el apoyo económico y arma- mienza a tambalear. Él lucha por no dejarla caer, pero
mentístico de Estados Unidos. Al escuchar el relato, su pareja termina por ser como un trapo que las balas
queda claro que, a pesar de la distancia temporal alcanzaron. Esta escena hace pensar en los pales-
entre las invasiones que se dieron en Rif y el exter- tinos y rifeños, cuántos de ellos habrán levantando
minio en Gaza, hay un continuum en los proyectos con desesperación a sus hijos, y con la impotencia
coloniales, y cómo resulta alarmante que Israel uti- los vieron desvanecerse ante la inclemencia de las
lice armas prohibidas internacionalmente como el bombas. Cuánto habrán insistido antes de resignarse
fósforo blanco, un químico que contamina el suelo, a no ver caminar y mucho menos bailar y sonreír a sus
destruye ecosistemas agrícolas y causa daños en seres amados. En este punto supe que jamás se iría
los órganos de la población civil. de mi memoria este acto de protesta, que inspira a
De pronto la guitarra y la voz de la tunecina trascender las barreras de la distancia y el tiempo.
Emel invaden el espacio; la voz es sublime, pero hay Desde la primera intervención de Ouajd en el ta-
dolor en el canto. La canción es “Nací en palestina”; ller fue clara la voluntad de protesta que seguiría. En
lengüetrazos 15 | 31-32 | 2024 11

