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que me diera sed. Admiré un rato los brazos fuertes de   Volví en mí dos días después en el hospital de la
          un puente que lleva a todas las direcciones de la ciudad  Federal; lo primero que se me aclaró fuiste tú con tu
          para luego tomar la carretera a Zacatecas.    uniforme de gala, ofreciéndome una caja de chocolates
               Entonces me cayó el veinte de que ustedes están  Costanzo rellenos de rompope, me saqué más de pedo
          con los Golfos porque nunca me habían interceptado  cuando preguntaste si alguna vez vi a Princesa sin
          en la carretera a Zacatecas, la teníamos comprada para  maquillaje, que ya tenías medio año tras de mí, que
          salir de emergencia, en caso de necesitarla. Un azul me  cómo te había costado caerme chido y hacerte amigo
          indicó que me parara a la altura de una iglesia que le  de Vicente… A wevo, ya me acordé, eso fue en el cum-
          dicen Santiago, ni madres que le hice caso. Ahí se armó  pleaños Osiel, en Tampico, pero de eso ya tiene rato,
          la fi esta. El día que me nombraron jefe de la plaza de  ¿tres años? M e reclamaste que hasta te cogió un jefe
          SanLuis mandé a hacerme un crucifi jo de oro; sí, un  de plaza porque con tus pinturitas te ves bien guapa,
          crucifi jo, yo no creo en la Santa, ni en el diablo, aunque  así me dijiste tú.
          muchos digan que somos satánicos; con un diamante   Pues ora que lo pienso. No. Nunca lo vi sin sus
          como la cabeza de Cristo y una Z grabada en el centro,  chingaderas en la cara, y sí. Ora que lo pienso. Sí. Te
          lo apreté fuerte y aceleré más. La euforia de la perse-  pareces a Princesa.
          cución me despertó un hambre de fuego, de sirenas,
          de sangre... Eso de que no usamos AK-47 es verdad a
          medias porque para esos casos era más que necesaria,
          la recortada es pésima a grandes distancias, la Uzi a
          veces se calienta y se traba, por eso siempre traíamos
          un cuerno, nunca lo habíamos usado hasta esa noche. Al
          fi jarme en el retrovisor ya traía tres trocas de la federal;
          si me paraba más adelante, en la mera carretera, iban a
          tener más espacio para disparar desde cualquier punto.
          Sí, ustedes putos; es más, si no me hubiera tropezado
          ahorita no estaría aquí, o me hubieran chingado o
          mis refuerzos caerían en corto, es más, de seguro no
          tardarán en partirles toda su madre… ¡Ahhh! Espérate,
          cabrón, ¡ahhh! Sí me dolió. ¡Ahhh! ¡Yaaa! Está bueno…
          Entonces decidí parquearme afuera de un Aurrera: es-
          trellé el Eclipse en la cortina de color verde, amarillo y
          rojo, “las ofertas de Mamá Lucha”, para así tener más
          protección. Luego luego empecé a rafaguearlos, bajé
          a Chente y a Inje para que me sirvieran de escudo,
          fíjate, ¡hasta muertos me hacían el paro! Tiré hacia la
          primera camioneta y le di al conductor, el pendejo fue
          a estrellarse a una barda del súper, la segunda unidad
          se paró a distancia, no bajó ningún azul, me dio tiempo
          de acomodarme para tirar. Un paso que di hacia atrás…
          Ese fue el momento fatal. Me tropecé con el cuerpo del
          Ingeniero… ¿dices que fuiste tú el que me disparó?... Sí,
          a wevo tuvo que ser una fusca; si es con un cuerno, me
          desmadras la pata. La pierna me quemaba, al pararme,
          a duras penas, ya me tenían encañonado cinco azules,
          tú me lanzaste tremendo patín a la cara… te juro que
          no esperaba ese putazo que me noqueó y me fracturó
          la quijada. Es lo último que recuerdo. El resto ya te
          lo sabes: me trajeron a la comandancia, me echaron
          un bote de hielos para despertarme. Me daban hasta
          por debajo de los wevos, no podía hablar, ya ni sentía   Lucas es neurótico en su expresión más pura. Habla a gritos porque es sordo de un oído.
          dolor, era como si yo fuera un hormiguero entero, con   Desfachatado y a veces irrespetuoso. Supersticioso. Admirador de Dostoievski, de Rulfo y
          chingo de hormigas.                           de Lázaro Cárdenas.

          PALABRIJES 19-20 • ENERO-DICIEMBRE 2018                                                               19
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