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oy quedé con Monika en Lichtenberg. Me citó —Llegamos. Gracias por tu tiempo...
hace una semana en el Katzencafé, posiblemen- —Luis. Me llamo Luis.
Hte el primer café hipster de la zona B, fuera de —Mucho gusto, Monika.
la zona céntrica de Berlín y cuya atracción principal —Toma mi tarjeta, por si te pierdes por el barrio
no son los cinco gatos que siempre están ahí, sino los o necesitas que cuide de tus plantas.
pasteles de la casa. El café queda a una hora de donde Tomó la tarjeta y la guardó sin leer. Yo atravesé la
vive ella. Es la primera vez en nuestra relación que Berliner y seguí por la Landhaus, el gato seguramente
repetimos lugar, lo cual es mucho decir, llevamos poco tendría hambre.
más de tres años saliendo. Quiere hablar conmigo. De Monika me llamó una semana después. Yo ya esta-
la emoción, me he venido a pie los siete kilómetros de ba instalado en Mitte en casa de Cecilia y miraba libros
camino. Seguro que desea que volvamos a la zona A, de fotografía tomando el sol en el balcón. Quedamos
como la gente normal. Lo presiento. para un paseo en Hansaplatz, un punto intermedio
Conocí a Monika cuando yo vivía en la casa de según ella; yo la habría citado en Nollendorfplatz,
Víctor. Ella todavía tenía dos piercings en el labio in- que era ideal para ambos, pero al ser la zona rainbow
ferior y llevaba rastas. Coincidimos en la estación de de Berlín, tenía el pequeño inconveniente de que ella
metro Berliner Straße, una de aquellas estaciones de pensara que yo era gay o bisexual.
Berlín donde es imposible orientarse. Estaba un poco Empezamos nuestro paseo al lado del río, por
perdida y llevaba prisa. Yo no tenía ganas de volver a la Wikingerufer. Me preguntó si la Ciudad de México
casa y alimentar al gato de Víctor. Así que me detuve también era atravesada por ríos. Le dije que en México
a ayudarla. fluían dos, el río Churubusco y el río Piedad. Ella se
—¿Adónde vas? sorprendió mucho porque tenía otra imagen de la mega-
—¿Español? lópolis. Entonces agregué que ambos iban cargados de
—Mexicano —corregí—. ¿Por dónde quieres coches y que un tercer río, el Magdalena, por cuestiones
salir? de seguridad nacional ya sólo fluía subterráneo. Pero
—Voy al bar badenscher Hof. no entendió mi humor.
Le expliqué en siete frases mal construidas cómo Supongo que por eso sacó un tono seco y distante,
salir de la estación y en quince cómo no saldría. Ella como si hablara con un turista. Me contó del Muro, de
encontró mi explicación muy confusa. Le volví a explicar la Segunda Guerra y de aquellas placas doradas en el
todo, pero a la tercera frase ni yo supe qué quería decir. adoquinado, las Stolpersteine, que uno encuentra en el
Le propuse acompañarla. piso en memoria de los judíos víctimas del holocausto.
—¿Eres de Berlín? —le pregunté mientras salía- No me atreví a interrumpirla y decirle que ya sabía eso.
mos de la estación—. Quería escucharla hablar.
—Sí, vivo por Dahlem —hizo una pausa—. ¿Y tú Cuando atravesamos la calle Lessing, me dijo
en qué parte de la ciudad vives? que por ahí debía estar la casa del autor. Yo le dije que
—Ahora por aquí, en la calle Tharandter. estaba en el barrio Nikolaiviertel. En casa de un cliente
—¿Y luego te vas a mudar? había hojeado libros de bachillerato y sabía bien que
—No exactamente. Después me voy a Mitte. Una con el tal Lessing torturaban a los alumnos alemanes.
amiga necesita que riegue sus plantas, se va unos meses De lo que leí del autor no recordaba nada, pero sí de
fuera. No tengo casa fija. la introducción con una foto en blanco y negro de la
—Ajá —torció la boca y se mordió un piercing—. casa. Ella buscó la información en el celular. Al leer la
¿Vas de casa en casa? respuesta se mordió el labio y guardó el teléfono en
—Sí. su mochila.
—¿Desde cuándo? —¿Estudias Historia?
—Dos años, creo. —Estudiaba Filosofía, pero se me acabó la beca
—¿En Alemania? ¡Imposible! ¿Y tu correo postal? —contesté—. No quería confesarle que a causa de mi
—Tengo buzón postal. corazón roto jamás conseguí terminar la tesis.
Sonrió y ahí me di cuenta de que tenía una son- —Ahora me dedico a cuidar pisos.
risa preciosa, pero no le dije nada, porque si se lo decía —¿Por qué en tu tarjeta dice “Sub”?
evidentemente pensaría “latino”. Yo lamentaba que mi —Sub de “subalquiler”. Así me conocen amigos
alemán fuera tan básico que no alcanzara a pedirle su y clientes.
teléfono de una manera ingeniosa. De repente reconoció —Ya... ¿Se gana bien?
la calle y avistó el bar. —Suficiente.
PALABRIJES 19-20 • ENERO-DICIEMBRE 2018 23

