Page 26 - Palabrijes 19-20
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Seguimos caminando sin decir nada. Si mi alemán   Antes contestaba que era una maravilla haber
                      hubiera sido fl uido le habría enlistado lo práctico que es  llegado a Berlín como daño colateral de un corazón roto
                      no aferrarse a las cosas. Pasamos por un par de edifi cios  y una oportuna beca de posgrado en el extranjero. Pero
                      de la Universidad Técnica. De repente, ella empezó a  la respuesta había cambiado con el tiempo.
                      contar cosas personales. Me dijo que su abuela había   —Sí, sí. Tengo amigos por toda la ciudad —y en
                      estudiado en la Universidad Libre. Estuvo en la primera  ese momento recordé que no había regado las plantas
                      generación, recalcó, cuando no había campus ni nada  de Cecilia—.
                      y las primeras clases las daban donde se pudiera. A su   —¿En dónde?
                      abuela le tocó en un establo, estudió para ser profesora.   —Charlottenburg, Wilmersdorf, Friedrichshain...
                      Monika se decidió por Ciencias Políticas.    Y clientes en todos esos lugares. Por eso conozco bien
                          Y mientras hablaba de cómo le encantaba vivir  la ciudad.
                      en una ciudad tan llena de historia, yo pensaba en el   —¡Cualquiera puede decir eso! A ver, ¿calle Weser?
                      último paseo que hicimos Martha —mi ex— y yo.     —En dos barrios, Neukölln y Friedrichshain.
                      Terminamos frente a la catedral. “Se está hundiendo   —¿Museo judío?
                      mucho”, dijo aquella vez. Y yo susurré “y debajo pirámi-  —Fácil. En Kreuzberg. Hay que bajarse en Hal-
                      des aztecas”. Creo que fue lo último que comentamos  lesches Tor.
                      antes de despedirnos.                             Le contesté quince preguntas seguidas, todo lo
                          No sé si notó que me quedé callado, pero, cuando  que nos tardó recorrer la Gotzkowskystraße. Se mor-
                      nos detuvimos en la Helmholtzstraße a ver cómo ti-  día fuerte el labio, no le gustaba nada que yo supiera
                      raban edifi cios para construir después departamentos   las respuestas. Cuando atravesamos la Turmstraße,
                      impagables, volteó a verme.                  un grupo de adolescentes turcoalemanas miraba un
                          —¿Te sientes bien en la ciudad? —preguntó y se  escaparate que mostraba los pañuelos de moda para
                      ató sus rastas en una cola—.                 el pelo. Monika se las quedó mirando.
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