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—¿En qué barrio vive Th  ilo Sarrazin? —pre-  los hipopótamos, una plazuela que por alguna razón
          guntó—.                                       que no quiso confesarme le recordaba Nueva York. Nos
               —¿Ese ex político que habla de inteligencia y  recargamos en la pileta circular y ella me contó que el
          genes y quiere echar a los musulmanes de aquí? ... ¿En  hipopótamo que veíamos ahí en realidad era una réplica,
          Zehlendorf con los ricachones?                el original lo habían robado.
               —No —y sonrió—.                              —¿Cómo alguien se puede llevar un hipopótamo
               —¿Dónde?                                 de una tonelada sin que nadie lo note?
               Ella se quedó con la respuesta en los labios porque   Ella se encogió de hombros. Una pareja pasó frente
          justo entramos a calles que yo no conocía. ¿Estaríamos  a nosotros y arrojó una colilla a la fuente.
          en Wedding?, pensé. A ella le gustó verme desorientado.   —Ahora con la maestría casi no tendré tiempo —
          Me atreví a tomarla de la mano, era como si la ciudad  dijo y yo pensé en que en nuestro último paseo Martha
          nos hubiera guardado una sorpresa. Desde ahí hicimos  y yo no entramos a ver la catedral, pero sí vimos los
          un acuerdo tácito: siempre salir a lugares que alguno  murales de Palacio Nacional—.
          de los dos no conociera, sin repetirlos.          —Además, tengo que buscarme un trabajo de
               En esos paseos hablábamos de todo. Ella quería  medio turno. Te llamo la próxima semana.
          saber de mis clientes, cómo vivían, qué tenían en sus   No lo hizo. Supuse que ese lugar le recordaba a la
          libreros, cómo eran sus muebles. Con el permiso de  Gran Manzana por el sabor a despedida que la fuente
          Víctor y Cecilia, la llevé a conocer sus pisos. Después  emanaba.
          visitamos el de unos clientes abogados. Alucinó con la   Estuvimos casi un mes sin contacto. En dos años
          cantidad de antigüedades que tenían en la sala. Tam-  de paseos, de repente no recordaba cómo se sentía
          bién había ocasiones en nuestros paseos en las que me   deambular sin decir palabra, la extrañaba. Fue cuando
          contaba por qué cierta calle se llamaba de tal o cual  me salió el primer cliente en la zona B, cerca de la anti-
          manera. Casi siempre terminaba contándome cómo el  gua embajada de Irán en la ahora inexistente RDA, que
          maldito capitalismo estaba acabando con su país. De la  decidí llamarla yo. Me parecía una pena que no viniera
          nada decía que por eso le encantaba mi actitud política   conmigo a estos sitios que ella seguramente tildaría de
          frente al sistema: sin casa, sin muebles, cero posesiones.  alternativos y le recordarían mi actitud política frente
          Entonces, y si estábamos cerca del piso a cuidar, me  al maldito sistema capitalista.
          golpeaba el hombro para que la llevara ahí a tener sexo:   La cité en la zona B. Se alegró y se disculpó por no
          encima de camas desconocidas, o de antigüedades, o  haberme contactado. Inauguramos los paseos fuera del
          en la habitación de los niños. Yo no me atrevía a decirle  centro el día que ella se despidió de las rastas y empezó
          que no se trataba de una cuestión de principios, sino  a trabajar para una cadena de café.
          de algo que empecé a hacer por necesidad y sin querer   Primero, y a pedido suyo, quedamos en el lado
          resultó más rentable de lo que pensaba.       occidental porque estaba mejor conectado. Visitamos
               Los paseos con Monika se volvieron frecuentes.  unos lagos e incluso una vez fuimos a Dahlem a ayudar
          Sólo los interrumpíamos en invierno, la temporada  a sus ex compañeros con una mudanza, tenían que
          más dura en mi trabajo porque había muchos clientes  dejar los dormitorios estudiantiles.
          que me dejaban su piso y había que peregrinar por toda   Luego la cambiaron de sucursal y tuvimos que
          la ciudad llevando lista en mano para no errar con los  quedar en el lado oriental. A mí ese lado me parecía
          alimentos de las mascotas ni las veces de riego. Yo no  desdibujado, además a Monika le quedaba muy lejos de
          podía aprovechar las bibliotecas personales ni los discos  la universidad y la casa. A veces llegaba muy cansada,
          de mis clientes. Había que mudarse continuamente  caminábamos un poco y los paseos se acababan pronto.
          y eso me estresaba. Pero Monika no me reclamaba  Yo pensaba que parte del problema era lo que veíamos,
          nada. Entendía cuánto me agobiaba esa logística y me   sobre todo los Plattenbau, edifi cios sin chiste alguno
          dejaba en paz.                                en avenidas amplísimas, pero vacías de gente. Una vez
               Vernos con tanta frecuencia y con la regla de  en un paseo no dijimos nada, esa noche Monika me
          no repetir calles tuvo sus consecuencias. En nuestro  mandó un mensaje quejándose de esos deprimentes
          segundo año juntos, mientras mirábamos el mapa en  multifamiliares por donde uno no se atrevía siquiera
          la Sonntagstraße nos dimos cuenta de que nos queda-  a conversar.
          ban a lo sumo seis calles sin ver en la zona A, pero no   No hablar era una de las reacciones que le pro-
          dijimos nada. Tal vez ambos pensamos que ahí había  vocaba la zona, la otra era hablar de temas aún más
          acabado todo. Y que era estúpido continuar con nuestra  deprimentes que los Plattenbau, como la pensión o el
          relación en la zona B. Ese día me llevó a la fuente de  seguro de desempleo. Yo sufría por ella porque fi nal-

          PALABRIJES 19-20 • ENERO-DICIEMBRE 2018                                                               25
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