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la limpieza y la organización racional, que defi nían el en las paredes” (171); “Oíamos cómo los vidrios de las
paradigma con el que se pretendía resolver el problema tienditas de la planta baja del Chihuahua explotaban
de vivienda en México, son todos elementos evidentes y corrimos justo a la escalera donde nunca debimos
desde esta perspectiva. Si pensamos que estos edifi cios habernos parado nuevamente” (181); “Vidrios rotos.
se construyeron luego de derribar y desplazar a más de Departamentos quemados. Las puertas de los edifi cios,
cien mil familias, también la violencia detrás de este destruidas. Las cañerías de algunos, rotas. De varios
urbanismo moderno lo es. edifi cios salía agua. Y las ráfagas aún continuaban”
(186); “Las puertas de los elevadores estaban agujera-
La gente viene y va, de Tlatelolco y de cualquier das” (205); “No había luz en todo el edifi cio y estaba
otra parte. Dicen que luego del 68 se marcharon varios inundado. Yo no sabía por qué, pero […] los calentado-
de los habitantes de la primera generación del com- res de agua fueron perforados. […] La primera orden
plejo. En 1985, el terremoto tiró varios edifi cios. Mucha al entrar al departamento fue: ‘¡Quítense los zapatos,
gente tuvo que irse y otra tanta se fue por voluntad hijos de la chingada!’” (212). 1
propia, asustados de que pudiera sucederles lo mismo
durante otro sismo. Pero nuevos habitantes tomaron Salgo de Tlatelolco a pie. Al cruzar la avenida Flores
su lugar, eso sin duda. Hoy, varios departamentos tie- Magón (el “camarada”, como algunos le dicen todavía),
nen en las ventanas letreros de “Se vende” o “Se renta”. el ruido del tráfi co es apabullante, sobre todo por el
Pronto llegarán nuevas familias o parejas o grupos de hecho de que al interior del complejo casi no existe. Me
amigos a vivir ahí. Apenas el otro día, un amigo arqui- dirijo por la calle Héroes hacia el centro de la ciudad,
tecto sugirió en una discusión que Tlatelolco estaba el centro del que “Ciudad Tlatelolco” fungiría como
ya inmerso en el mismo proceso de gentrifi cación que un satélite relativamente autónomo según los ideales
en los últimos años se ha desplazado del poniente y de Mario Pani. Al voltear atrás, luego de apenas unos
el sur al centro e incluso al norte, reconfi gurando por cuantos metros, ya sólo pueden verse los edifi cios más
completo el mapa social de la ciudad. altos, además de la Torre Banobras a la izquierda y la
Torre CCU a la derecha. Pero incluso éstos empiezan
Estos son algunos fragmentos de los testimo- a enredarse entre las construcciones multiformes
nios recopilados por Elena Poniatowska en La noche de la ciudad.
de Tlatelolco, todos los cuales describen la utopía del
Conjunto Nonoalco-Tlatelolco convertida en un esce- 1 Poniatowska, Elena. La noche de Tlatelolco. México: Era, 1971.
nario de terror: “Recorrimos un piso tras otro y en la
sección central del [edifi cio] Chihuahua, no recuerdo Alfonso nació en la Ciudad de México (antiguo Distrito Federal). Ahí vivió hasta que cruzó
en qué piso, sentí algo chicloso bajo mis pies. Volteo y la frontera para empezar el doctorado en literatura latinoamericana. Ahora va y viene de
veo sangre, mucha sangre […]. También había sangre Berkeley. Le gustan el rock y las plantas. Extraña los tacos al pastor.
PALABRIJES 19-20 • ENERO-DICIEMBRE 2018 33

