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yendo por sus morros a la escuela porque fue casi a la aquí y por allá en el sur, no sé, la Roma o la Del Valle.
hora de la salida, como a eso de la una. Ahí sí lloré cabrón, me quedé mirando la pantalla y la
Que llego a la esquina y que me empiezo a sentir gente también se detenía diciendo pendejadas. No es
mareado, creí que por el sol y por ver a toda la gente mamada, me sentí de la chingada, primero como que
como loca: en sus naves o en bici, en moto o corriendo algo me quería salir del pecho y se fue subiendo hasta
cabrón, iban que se los llevaba Pifas (¿quién habrá sido los ojos, pero antes de eso, que me sale un quejido por
ese Pifas?). Bueno, me empecé a sentir preocupado, pero la boca, como le hacía la güera cuando lloraba, o creo
después me di cuenta que no tenía por qué, la verdad que fue una grosería, ni me acuerdo, lo que sí recuerdo
me salí morro de la casa y ni ganas de regresar, mucho es que con los ojos llorosos que topo la dirección de la
menos de creer que allá se acuerden de mí. Creo que fábrica que se cayó en la Obrera y en chinga que me
más bien me andaba contagiando del… ¿cómo se dice? muevo pa’cá.
¿Eso de cuando te da una impresión como de miedo Y aquí llevo tres días con sus noches. Na’más que
y te traumas? Electro… ah no… shock, pues ya me estos culeros, los putos militares, ya nos quieren sacar a
sentía así como enfermo. El piso como que se seguía la chingada. Creo que quieren meter la máquina y arra-
moviendo, pero me quedaba quieto y no, no se movía. sar con todo. Quesque porque son indocumentadas y
Fue la impresión, o igual estaba así por los gatos, pero nadie las va a reclamar. Pero ni madres, para eso estamos
no creo. Son tres: dos negritos y uno gris, a veces lle- nosotros. De aquí no me muevo hasta que saquemos a
gan más, pero sólo esos tres se quedan a dormir ahí. todas las morras que trabajaban en la pinche fábrica.
Es que la pinche güera les daba de comer y eso que a A güevo.
veces no teníamos ni para nosotros, pero como le daba
risa cuando se le echaban todos y le ronroneaban, eso
me gustaba na’más. Bueno, también darle, pero casi
no se podía porque en cuanto sentía que me le estaba
metiendo, empezaba a chillar y a temblar como si la
quisieran matar, por eso casi no le entraba; yo creo
que si no hubiera sido muda me hubiera dicho qué
pedo, pero nomás se ponía tiesa como muerta cuando
por fi n se podía. No me gustaba eso, pero por todo lo
demás, sí estaba a gusto con ella… pinche güera… no
le gustaba salir mucho, yo creo que porque afuera la
vida es cabrona. Yo, porque tengo que salir a talonear,
pero ella estaba bien ahí adentro. A veces, cuando ya
era noche, me despertaba con sus quejidos, lloraba
raro, como si algo tuviera atorado en la garganta, se
la pasaba viendo por la ventana, no sé qué, porque
pa’fuera no se veía ni madres. La neta sí me güachaba.
Después se fue, creo que fue cuando se fue el José, no
sé. Pinche José. El de la basura me dijo que la vio en
una vecindad de la Obrera. Pero eso sí, los piches gatos
ahí se quedaron conmigo a ver si les daba algo, pero ni
madres, si de por sí estoy bien pinche fl aco, pa’andarles
dando de comer. Más bien creo que ya estaba chido por
eso sentía que se movía todo todavía. Es que a veces
prefi ero ponchar que echar taco. ¿Traes trolitas? ¿O un
encendedor? Desde hace rato ando buscando y nadie
trae. Nada más se me quedan viendo raro cuando les
pido algo. Me gusta el vicio, pero siempre tranqui.
¿Qué te estaba diciendo? Ah sí, que camino para
el metro viendo como colores en el polvo que sacaba
toda la gente en chinga y, ahí en la entrada, en un
puesto de películas, estaban viendo las noticias en una Bino fue estudiante de la carrera de Creación Literaria en la UACM. Ahora escribe en las
tele, y no mames güey. Se habían caído edifi cios por paredes de los baños de ciertos bares.
PALABRIJES 19-20 • ENERO-DICIEMBRE 2018 35

