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a idea de vernos tenía dos motivos: entregarle otra más en la muñeca. Los navajazos llegaron a una
la microdosis de ginseng + hoja de coca y ver velocidad impresionante, como estrellas fugaces, que
Lla exposición de Toledo en el Museo de Arte cuando te das cuenta de lo que está sucediendo, la luz
Moderno. Tres días antes nos habíamos visto por ya se perdió en la encabronada noche de la urbe. El
casualidad en el bar La Bota. Un lugar ubicado en lugar exacto fue saliendo del metro que nombraron a
la calle de San Jerónimo 40, exactamente atrás del manera de tributo para aquel pinchurriento batallón
Claustro de Sor Juana, en el Centro Histórico. En ese que les partió la madre a algunos japonesitos en la
lugar llevo más de diez años en la vendimia de cine segunda guerra mundial: el Escuadrón 201. La sangre
pirata. “Cine de arte”, para que se escuche menos salía disparada del cuello hasta dar a un puesto de pe-
pinche. La clientela es basta: van desde intentos de riódicos que vende dulces; sí, en Iztapalapa se quitan
escritores (como yo) y otros que ya lo son, hasta Godínez los puestos de periódicos-dulces hasta las 12:00 de la
aspiracionistas que por ver Amélie, ya sienten que noche, no sé si se deba al naquísimo vicio que tienen
entienden de cine. En el lugar hay dos cabezas de toro los mexicanos por el azúcar, o por trabajar 12 horas
disecadas y las meseras se quejan de misoginia por parte diarias (ni modos, hay que perseguir la chuleta). Las
de los dueños. El Brian me platicó sobre los horarios gotas de sangre bañaban las Tutsi-pop, los Duvalines,
de trabajo infrahumanos que tiene que fletarse en la los Skwinkles, los Marlboro, y al Esto, que anunciaba
mezcalería kitsch de Polanco. Fue por eso que le hablé que al otro día México jugaba su primer partido en el
de las cualidades del gingseng: básicamente funciona Mundial, el de 2014.
contra tres males: reduce el cansancio crónico, ayuda La primera figurilla que llamó mi atención fue la
a recobrar la memoria y también aliviana problemas de un niño, bueno, su esqueleto. La escultura era un
de impotencia. Sí, impotencia, ¡así como se escucha! cubo negro donde un cráneo, con una cachucha roja,
“Te espero a las 10 am en la Suavicrema”, dijo. se asoma por una ventana del cubo. El morro daba
Llegué a las diez con quince minutos a la Estela de Luz. la impresión de querer salir del cubo a través de la
No estaba el Brian, me puse a leer las placas de metal ventana. Ese cubo está rodeado por otro cubo y otra
incrustadas en la base del monumento. Eran placas ventana más grande... ¡daba una especie de efecto de
con nombres de personas desaparecidas, se leía algo resignación! El laberinto oscuro de Toledo comenzó a
así: “Me llamo Rubén Castro, soy ingeniero, tengo 26 ponerme ansioso, me eché 20 gotas más de ginseng.
años, me gusta mucho cocinar y llevo 7 años desapa- Las preguntas siempre son las mismas: “¿Te
recido”. Media hora después ya había leído la mitad de dolió?”, “¿qué se siente?”, “¿qué pensabas en ese mo-
las placas y no llegaba el Brian, me eché ocho gotas de mento?”, “¿no te daba miedo salir después a la calle?”,
su gingseng. Cuando terminé de leer todas las placas, “¿tienes pesadillas?”. Cuando llegó la ambulancia
incluyendo una muy grande con 43 nombres, ya eran cortaron con tijeras la playera y mi chamarra de cuero.
las 11:20 de la mañana. Le escribí un mensaje: “Pinche Resanaron los hoyos de mi carne con toallas sanitarias.
puto, llevo esperándote una eternidad, me muevo al Mi padre llegó cinco minutos después, escuchaba su
museo, chao”. Ya sólo por joder, puse 15 gotas más voz, que no era su voz, sino la de un niño que pide
sobre mi lengua del frasco de tintura que el Brian me chance a la maestra para que lo pase de año; o la voz
había pagado días antes. de un niño que se echa la culpa para que a su amigo
Llegué a las puertas de la sala C del Museo de Arte no lo castiguen, para que no se quede sin recreo. Los
Moderno. Me senté en una silla para hojear los libritos paramédicos se comunicaban a través de un radio con
que colocan en las galerías: la expo se llamaba Duelo. todos los hospitales de la Ciudad de México gratuitos.
Eran esculturas hechas de barro. Hacían referencia a En ninguna clínica había lugar, todas se encontraban
la infinidad de muertos y desaparecidos que el país ha hasta el tope. “Híjoles, jefazo, no hay viada por ningún
acumulado por su travesía en los últimos sexenios. lado, ¿quiere que lo llevemos a un particular?”. Me
El recorrido empieza donde termina. Hay es- quitaron los tenis y veía cómo a los dedos de mis pies
culturas grotescas, iluminadas, que flotan en medio se los chupaba el frío, comenzaban a hacerse morados y
de un laberinto negro. Comencé hace dos años con la el temblor de mi cuerpo parecía un puto tsunami. Sólo
elaboración de las microdosis de plantas medicinales escuchaba: “¡No te duermas, no cierres los ojos!”, “Jefe,
después de caerle a un laberinto igualito al de Toledo: la única opción es Tepito, pero ahí siempre están hasta
estuve internado cuatro días en un hospital de la la madre”, “¡No manche, jefe, es viernes, no va haber
Ciudad de México. La causa fue un puto filero ente- lugar en ningún hospital! Sólo que vayamos hasta Juan
rrado en mi cuello, la herida tenía una profundidad de la chingada… pero se mocha con lo del tanque y una
de siete centímetros, había otra similar en el brazo y feria más, ¿no, jefe? ¿Juega?”
PALABRIJES 19-20 • ENERO-DICIEMBRE 2018 37

