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Samara Marahuara
Una narración lúcida, entretenida y muy crítica sobre el terremoto del
19 de septiembre de 2017 ocurrido en la Ciudad de México.
ra un martes de septiembre y, como siempre, todo pienso que seré el último empleado que se dedique a
transcurría aprisa. No, era todo aún más rápido cumplir esa labor”.
Epor la urgencia que tenía de llegar a tiempo a la El metro paraba varios minutos en cada estación,
oficina. Había escuchado claramente el despertador, el hedor de los demás era insoportable y sus codazos,
pero una parte de mí se empeñaba en cinco minutos sus estornudos en plena cara, comenzaban a conver-
más de almohada, de sábanas calientes, de seguridad tir mi pánico de llegar tarde en ira. No faltaban los
frente al mundo exterior. Mi cuerpo se dejó llevar y imbéciles que, a pesar de ver que era nulo el espacio
tiempo después, cuando me hallaba en una de esas del vagón, empujaban una y otra vez para entrar en él.
posiciones de contorsionista, que sólo un vagón ates- Los odiaba, en especial a aquellos que lograban entrar.
tado de gente puede lograr, me maldije por permitirme Deseaba que una desgracia los aniquilara, que la tierra
tiempo perdido y maldije también a esa autoridad, se abriera y tragara a ese estiércol de personas. Ellos
ente siempre invisible a nuestros ojos, que se empeña me detestaban también, sus miradas me lo decían. Si
en un horario exacto, “formal” dirían ellos, de entra- yo no existiera, seguro lo pensaban, un espacio más,
da y salida de trabajo. “Malditos burócratas”, pensé. un desgraciado menos cuya presencia abochorna. La
Irónico, un burócrata insultando en sus adentros a imaginación no puede hacer milagros. Convivimos
otros burócratas. Me acordé que, una tarde en que juntitos por varios minutos.
intentaba devorar un bistec incomible en una fonda No sé cómo llegué a tiempo al trabajo. Me había
cualquiera, escuchaba atento la conversación de dos salvado de quejas a mi persona, de adjetivos calificativos
sujetos, cuya aversión a todo lo que fueran trámites, agregados a mi nombre. Sólo me había costado que mi
oficinas gubernamentales y, por supuesto, burócratas espalda y antebrazos estuvieran bañados en sudor antes
era evidente. “Cuánto dinero no ganan esos infelices de comenzar a trabajar.
con la mordida. La credencial, los trámites, se aceleran Qué potentes pueden llegar a ser las quejas estéri-
dando dinero. Si no, ahí te pueden tener como tarado les. A mis oídos llegaba la insolencia de una señora que
en una fila que nunca acaba”, dijo el más viejo de ellos. desafiaba a la autoridad con palabrotas. “Es que ésas
En mis adentros pensaba: “Yo no, yo no tuve la suerte son chigaderas, me traen de un lado a otro nomás… no
de que mi oficio fuera atender directamente a idiotas voy a bajar la voz, he andado aquí toda la semana y me
como ustedes, quienes se quejan mucho, pero al final vuelven a pedir los mismos papeles; si por eso estoy
sueltan el dinero para ser libres e ir a comer. Mi escri- aquí, porque necesito recuperarlos, chingada madre”.
torio no está a la vista del público, el dinero mal habido En un principio pensé que más estúpida no podría
nunca llega a mis manos, se queda en esos infelices que ser, no lograba entender adónde quería llegar con eso.
dan la cara a cada ciudadano o que manejan la parte Luego me dio algo de lástima, su coraje se me hacía
esencial de un trámite. Lo mío es insignificante, a veces familiar. Me olvidé de ella cuando vi la fecha del calen-
2 PALABRIJES 19-20 • ENERO-DICIEMBRE 2018

