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Lo sagrado de la







             ciudad, objeto de






                            obediencia







                                          Ulises Luján Rodríguez



             Este ensayo explora los modos en que la ciudad, en aras de la modernización, deja de lado
               tanto el carácter sagrado de la naturaleza como el sentido original de sus tradiciones.




          El desencantamiento del mundo                 ciudades ya no son hermosas por pintorescas, tranqui-
                                                        las, sino por el grado de caos que puedan deparar. Las
          Apunto de desaparecer en su propia inmensidad,  ruinas de las ruinas hoy generan variantes de ruinas
          víctima del crecimiento desmedido, no planeado,  perdurables. Y el progreso, monstruo consciente de sí
          que repite los nombres de las calles cientos de ve-  mismo, corta de raíz el designio vital, la edad de las
          ces, bajo el falso orgullo de sus ídolos, la ciudad es  fosforescencias, el pálpito insaciable de seguir nutrien-
          apreciable sólo a la distancia, y aun así, cualquier  do lo invisible. El alto grado del estrés citadino deriva
          imagen concebida de ella resultaría trivial. Mancha  del terror y del desplazamiento, la banalización de lo
          voraz su ingeniería, domesticada, salvaje y efímera,  sagrado repitiéndose como fórmula. Nadie escapa a
          como un sueño irrealizable, avanza. Los automóviles,  pertenecerte, inclusive aquel que sólo te imagina,
          bestias tripuladas, carraspean a deshoras una misma  vieja ciudad de hierro, “si algún día fuiste del tiempo
          desesperación; los camiones aúllan con dolor el peso de   un remanso, dejarías de ser ciudad”, canta Rockdrigo
          sus cargas. Dentro de la mamachoncha, el peatón debe  González desde el submundo.
          ingeniárselas para no terminar siendo una cruz más
          sobre el camino. Atolladero de ilusiones (capturadas en  ¿Y qué más sagrado que la vida misma?
          oficinas, escuelas, congestionamientos viales, fábricas,
          complejos subterráneos, hoteles, estacionamientos,  En estos días, se construye el aeropuerto de la ciudad
          condominios…), la ciudad nos prepara para el auto-  sobre los charcos de lo que alguna vez fue el gigantesco
          sacrificio espiritual. La satisfacción del deseo en las  lago de Texcoco. Zona rural donde, hace más de cinco
          grandes urbes puede ser fácilmente confundida con  siglos, se realizaban importantes ceremonias de fertili-
          una condena existencial, el excedente de confort anula  dad, a través de la captación de agua dulce, procedente
          cualquier ejercicio de libertad ciudadana, aunque existen  de los cerros Tláloc y la Sierra Nevada. Anteriormente,
          espacios inhabitables que por un momento se vuelven  llegaban al lago cientos de aves migratorias, entre ellas
          puntos de encuentro, intercambio de mercancias, zonas  flamencos, garzas, patos, quetzales, guacamayas… ahora
          de liberación, tal como sucede en los tianguis, donde  en vez de eso aterrizarán miles de aviones procedentes
          el peatón vuelve a apoderarse de las calles.  de todo el mundo. Al margen de cualquier reproche, la
               La fijación por nuestra enorme variedad, represen-  migración de aves a la cuenca de México sigue siendo
          tada en una ciudad empacho de otras tantas ciudades,  muy elevada. El irremediable crecimiento de la urbe
          va más allá de la simple contemplación estética. Las  fuerza a sus especies a espacios restringidos, justifica

          PALABRIJES 19-20 • ENERO-DICIEMBRE 2018                                                               43
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