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objeto de atracción turística que nadie contempla. “Yo  ción del espacio, un atentado en contra de la privacidad
          artificial paso a ser natural, y es lo natural lo que me  del individuo. No somos los mismos al oír ajeno, pero
          resulta extraño”, reafirma Pessoa.            terminamos aceptando el ruido de los demás, como si se
                                                        tratara de un acto de tolerancia premeditado, una regla
          La peregrinación hacia adentro ya no es un    de convivencia. La preocupación por habitar un lugar
          reencuentro con el infinito                   nos orilla a la sustitución de gustos, sólo para reafirmar
                                                        que nuestra individualidad es una broma. Sin embargo,
          Vivimos una lucha constante entre dos posturas es-  con una entidad musical cada vez más violenta, donde
          pirituales igual de dañinas: la credibilidad a ciegas,  el dinero, las drogas y el sexo son la fuente eterna de la
          hereditaria, sin cuestionamiento alguno, y el ateísmo  felicidad apenas pellizcada, pareciera que las bromas se
          implantado en el corazón de las inquietudes que dejaron  salen de control, pasan del plano imposible a la infinidad
          de importarnos. Aun así rezamos, sin saber a dónde  de posibilidades que derivan de lo banal. En este caso,
          irán a poblar tantas añoranzas. Cada año, casi a me-  ya no sólo se trata de una banalización espiritual, sino
          diados de diciembre, la más grande peregrinación de  de una sustitución de la entidad sagrada.
          guadalupanos se dirige rumbo al norte, hacia el Tepeyac,   La música ya no conecta a los individuos por me-
          otro lugar sagrado en tiempos antiguos, dedicado esta  dio de la armonía, sino que lo induce a las vertientes de
          vez al culto de la tierra. Cada año somos testigos de la  consumo. La individualidad se deforma, sin ser nosotros
          impresionante fuerza magnética que el Tepeyac ejerce  nunca alcanzamos el estrado de la colectividad, así, tal
          sobre la muchedumbre; ya sea un acto litúrgico o no,  como escribe Jezreel Salazar en su libro La ciudad como
          la peregrinación no es sólo una reconciliación con el   texto: “lo popular deja de ser exótico para convertirse en
          pasado, sino la única muestra de fe en donde rige el  aspecto activo de la sociedad”. Poniendo música a altos
          desencuentro. “Se le reza a la virgen de Guadalupe  niveles de volumen sientes que existes, las cacotopías se
          porque es nuestra madre, y además es morenita, como   dispersan para rebasar el contexto donde se originan.
          nosotros”. Tonantzin, semilla del sol oscura, corteza  Así lo banalizan o lo engrandecen, lo vuelven cotidiano
          desconocida, señora de las flores. Por encima de todo,  y sin posibilidades de cambio; esto aunado a los círculos
          las ceremonias de fertilidad o el simbolismo revestido  de poder, que dictan cuál es la música popular del ayer
          con el manto de estrellas, quedan sustituidos por  y hoy. Detrás de la sonoridad elocuente, la contrariedad
          la lámpara maravillosa que cumple cualquier deseo.  reivindica un arraigo domiciliario; por ello le subimos
          Muchos devotos vienen a la Basílica desde lugares  a todo volumen al estéreo, para mostrarnos frente a
          muy distantes, no para preservar un equilibrio con el  los otros, para escondernos de lo que no somos afuera.
          cosmos, sino para demandar beneficios tan abstractos  La música popular es la supremacía de la masa, si no
          como materiales; su sacrificio ha sido el largo trayecto  perteneces a ella de todas maneras perteneces.
          recorrido. Mantener la banalización por medio de
          nuevas tradiciones, nuevas apariencias, requiere de  El corazón y la piedra
          una institución apodada como la fe de la mayoría;
          pero con o sin esperanza, el espíritu no sabe en dónde  Cuatro rumbos esenciales para la perfecta distribución
          hallarse en realidad. Después del peregrinaje, los días  de la dimensión humana, cuatro puntos para ubicar
          siguientes a la festividad, las calles quedan inundadas  la conciencia cósmica en el espacio, para no perder
          de basura, se reportan accidentes, extravíos, raptos. El  los estribos del confín sin fronteras. Cada ciudad del
          habitante rural se enrola en los rituales caóticos de la  mundo —por pequeña o irregular que ésta sea— posee
          urbe, a la que tanto reprueba o teme. La ruptura con lo  la misma distribución cuatripartita del pensamiento.
          sagrado llega al absurdo cuando muchos van a la Villita   La ciudad es el máximo representante de nuestra or-
          por mero desmadre, para ver quién saca el chupe o  ganización: el caos perfecto.
          cuántas nenitas pueden ligar. Entonces los verdaderos   Alimentada de virtudes y sueños colectivos, la
          objetivos, el acto de fe actual y el ritual fecundador del  ciudad es la única que modifica su permanencia, decide
          pasado, quedan sustituidos por la trivialidad moderna.  ser otra, asombrándonos o aturdiéndonos; sobrevive
                                                        a las más severas aniquilaciones, pues cuenta con una
          Todo contacto contigo mismo es anulado en la  voluntad irreversible a la que los hombres, por más que
          diversidad de los tantos                      lo intenten, terminan por acostumbrarse. Congrega
                                                        y rechaza a sus propios habitantes, pero es peor aún
          La música a alto volumen, aquella imposible de silenciar  con aquellos de las periferias, quienes viajan a ella por
          atrancando puertas y ventanas, es ante todo una irrup-  necesidades primarias, llámense trabajos, escuelas,

          PALABRIJES 19-20 • ENERO-DICIEMBRE 2018                                                               45
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