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Nada importa para encerrar el tiempo del deseo, el fin con la certidumbre del deseo y la complicidad del
último por el que nuestros dedos se entrelazan. Después apego, las cuales no se fundan en el entendimiento
de cruzar por puestos, locales y calles, llegamos a aquel sino en un principio carnal y material. Lo nuestro es
lugar que, aunque sigue en el corazón de la ciudad, se una verdad somática y física, pero también anímica
encuentra alejado ya del ruido, envuelto por un velo y vital. Por eso corremos: más calles, gente, espacios
ardiente de silencio que estremece los huesos antes de sin sentido… nos rodea una ciudad cuyo único sitio
entrar. Al cruzar descubrimos la inquietud deseante valioso está a unos pasos. Y al fin llegamos. Pero el
de otros que se comen los labios y susurran caricias hotel está repleto y nos dicen que deberemos esperar
inquietas. Entonces lo miro, pero sus ojos gritan, en la cuarenta minutos, al menos, para que la agitación y
sala de espera, que ya no tiene esperanza. ¿Esperar en un el brío ardoroso puedan reventar, después de lo cual
día soleado y claro? ¡Por supuesto que no! Frustración. seremos de nuevo los de siempre, aquellos a quienes
Desengaño aniquilador de dos cuerpos que se alejan. todos ven sin conocer esta fiebre que nos arrasa.
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Nadie nos ve. A ella y a mí. El tiempo es corto y lo fu- No sólo es deseo, el lenguaje de la piel. Desde que
gitivo no siempre permanece. Caminamos el asfalto, entramos, platicamos de aquello que nos rodea, del
cruzamos avenidas, nos rozamos con multitudes. tamaño de las escaleras, las texturas. Hablamos de
Todo con la ansiedad de llegar ahí, al sitio preciado. las ventanas y del frío, del día, de las noches de fiesta
Sabemos que está cerca y que nuestros apetitos lo en que no estamos juntos. Del silencio. Charlamos
desean. Mientras tanto, las manos se aferran unas a de tantas cosas que no hay necesidad de tocarnos,
otras, los besos se amarran en las esquinas en que las palabras lo hacen por largo tiempo. Cada vez que
esperamos que un semáforo no nos entretenga. habla me suspende, me pierde en sus letras seductoras.
Pero lo hace. Y pareciera que nuestros pasos no son Descubro el movimiento de sus labios, sus comisuras
lo suficientemente veloces o audaces. Vemos a otras casi borrosas y surge en mí una necesidad imprudente
parejas y nos preguntamos a dónde irán: ¿si vibra el de callarlo, a besos, de refugiarme de sus palabras para
lazo que los enlaza, por qué no burbujea la sangre darle paso a aquellas formas que me hacen conocerlo.
por sus arterias? Y enseguida volteamos a vernos Luego, me mira con el café enardecido de sus ojos y
PALABRIJES 19-20 • ENERO-DICIEMBRE 2018 51

