Page 54 - Palabrijes 19-20
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cambia el diálogo a última hora, cuando el reloj, casi,  al coche y tomar la misma ruta del metro que me
                      marca el final. Afuera el mundo sigue, mientras escucho,  dejará en otro lugar, aquel en el que el tedio reclama
                      cautivada, aquello que ya no se dice, el secreto de los  la necesidad de que algo cambie. Ahí, ya sola, decido
                      dedos. La impotencia de no poder retenerlo.  terminar con el juego. ¿Acaso no ha sido todo esto un
                                                                   encierro?, ¿un terrible desvelo?, ¿un sueño del que es
                      Niágara                                      necesario escapar? Despierto. Es martes y el sonido
                                                                   insiste en recordarme que debo tomar la misma ruta
                      Mientras más pasa el tiempo, los deseos se parecen  que me llevará a una estación del mismo metro donde
                      cada vez más a lo que viene tras ellos. Esa languidez  él me espera.
                      posterior al choque de los cuerpos, parece ahora ser
                      la reina. ¿Toda pasión tiende a la inercia?, ¿el presen-  Blu
                      te es el único tiempo en que podemos concebirnos
                      juntos? El futuro es arena movediza, pero escapamos  Al entrar la mucama, presencia los restos de esta
                      del ayer ahogándonos. Las dudas se multiplican y  historia: la cama destendida, el sostén extraviado, los
                      uno ya no sabe si es auténtico o falso el mundo que  kleenex húmedos… También yo lo percibo. Cada vez
                      le rodea, las sensaciones que un día fueron irrebati-  más, aquí, el vacío que deja ella al irse. La oquedad del
                      bles. ¿Finge ella ese abrazo, las palabras susurradas,  cuerpo que se aleja. El ansia irrefrenable de retardar
                      lo que creo sentir que siente? ¿O esta incertidumbre  su partida. Pero también, lo otro, eso que no es fácil
                      sólo se deriva del infortunio de no poder amanecer  nombrar. La imposibilidad de permanecer, quedarse,
                      juntos, de la congoja de las despedidas continuas, de  en este lugar, y por siempre. Quisiera detener a quien
                      lo impersonal del espacio en donde ocurre nuestro  se fuga, que la arena caiga lento; pero el tiempo va
                      amor? Sé que hay conexiones profundas en este sitio,  aprisa, minando las emociones previas... volviéndolo
                      a pesar de todo, pero también sé que el único modo  todo incertidumbre o intemperie. Y es otra vez el
                      de que esto crezca sería compartiendo ese espacio  hueco. Sólo que este boquete es muy distinto al del
                      público que no podemos habitar. Y sí, hacia el final  inicio. Aquellos días, aquellas emociones, no son ya
                      de la tarde, veo el reloj. Y tengo prisa por irme. Debo  las mismas. Hay ahora una carencia que proviene de
                      salir de aquí para mantener el lastimoso equilibrio  otro lado. Un lugar innombrable. Acaso es cansancio o
                      que es mi vida allá afuera.                  rutina, algo que no termina nunca de volverse realidad.
                                                                   Sí, como haber estado, todo este tiempo, sonámbulos
                      Pirámides Narvarte                           en un sueño. Y es la desdicha que recorre nuestras
                                                                   pieles que siguen deseándose sin saber hasta cuándo.
                      Hay un sonido en mi cuarto, en mi oído, hay un ruido  Pero es también, por ello, la despedida, porque ya no
                      que insiste y busca mi despertar. Soy un cuerpo dor-  puede ser la vida un secreto vergonzoso. La despedida
                      mido que sueña con no correr, soy un cuerpo que se  que no se da. La despedida que palpita, se asoma, y
                      arrepiente de programar esta hora. La alarma gana, son  dura siempre.
                      las siete y hace dos que me acosté. ¿Por qué sacrificar
                      mi sueño por un encuentro de apenas unas horas?
                      El tiempo corre y me amenaza, tengo que bañarme y
                      poner orden a las cosas que necesito, salir a tiempo.
                      Mi cita es a las diez treinta. Salgo a prisa. El sonar de
                      la puerta tras mi espalda dice que ya es tarde, el aire
                      frío pasea sobre mi cara. Mis dedos se entumen en el
                      pasamanos, los pasajeros empujan, gritan, a veces me
                      tocan, pero no puedo hacer nada, el transporte es lento,
                      inútil; no hay lugar para sentarme o recargarme, me
                      quedo ahí, arrepintiéndome de esta rutina: terminar los
                      pendientes para verlo, levantarme temprano, pasar más
                      de hora y media atrapada en el maldito transporte de   Maida está acostumbrada a la maledicencia, a la cual considera hija de la censura. Harta
                      esta ciudad infinita, correr (siempre correr) y subirme   de quienes buscan controlar su cuerpo, ejerce (ya sin miedo) la libertad de sus deseos.
                      al coche, saludarlo, preguntar lo mismo, desayunar y   Estudió Creación Literaria en la uacm.
                      terminar en una habitación en donde los cuerpos se
                      hablan, se entienden y luego… nada, hay que subir
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