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Jorge Armando Ibarra Ricalde
¿Alguna vez te has peleado con un taxista? Esta historia explora los resortes ocultos de
la violencia verbal.
unque de tanto en tanto interrumpida por mitoteras de la esquina y otros chavos que como todos
alguna bocina o algún grito ininteligible, sea los días, faltaron a la escuela... Así que, aunque no hu-
A por la lejanía o la cantadilla con la que se hizo, bieran escuchado la mentada, la vieron y, en esa calle,
la calle permanece silenciosa como cualquier mediodía. no imponer respeto cantando el tiro cuando la madre ha
Demasiado tarde para el ajetreo desmañanero, dema- sido mentada, se cobra caro. Así que el joven, caliente,
siado temprano para matar el tiempo en reuniones pero más que nada fiel a los ideales de donde creció,
informales con el pretexto de darle humor a la calle cierra la puerta de la unidad azotándola con desprecio.
porque es libre y porque alguien en el feis dice que ya El golpe seco se convierte en un reflejo verbal
es legal, un rumor breve pero constante crece; la voz de que el taxista libera en un grito: “¡Ratero!”; y el chavo
un joven que reclama la tarifa del taxímetro. contesta como niño de cinco años queriendo ganar la
Sucede rápido; no hay que conocer al taxista para conversación: “Ratero, tú”. Pudieron seguirle así por
saber que su taxímetro tiene truco. Casi todos lo tienen, horas y terminar chupando como compadres, pero el
porque es la única forma en la que sale lo que el señor chavo aún sentía el peso de las miradas, la memoria y
Mancera les roba en despoblado. Desafortunadamente el honor de la cuadra, por lo que invocó el insulto más
para todos los involucrados, hoy, el joven que reclama grande que pudo proferir a un taxista de muy mencio-
en voz alta encontró desmedido el abuso y externó su nada madre: “¡Por eso la gente prefiere el Über!”
enojo diciendo que es demasiado para la ruta de siem- Ufffff, hasta ahí todo había sido civilizado, pudie-
pre. El taxista ya se la sabe, está preparado porque el ron haberse dado en la madre y luego ser amigos, pero
reclamo es parte del juego, tiene que insistir en que el después de invocar a Über, ya no habría amistad. El calor
taxímetro está bien; en el peor de los escenarios, no le se notó en la cara del chofer. Ni siquiera se entendió
pagan, en el mejor, sólo hace un breve coraje. Lo difícil del todo “el pinche chamaco pobre y pendejo” porque
es saber cómo se resolverá el asunto, pues el chavo le inmediatamente movió el carro hacia adelante y con
avienta el dinero en la unidad, así que no hay manera un breve pero sonador tallón de llantas amenazó como
de comprobar si le paga lo cobrado, o le paga lo que si fuera a atropellarlo. El joven no lo vio venir, si acaso
quiere. Pero aguanta y solo para no dejar, truena la boca como reflejo levantó las manos y lanzó para atrás las
y le recuerda a su madre con una mueca. Obviamente nalgas, de forma que casi pareciera que hizo algo para
al chavo no le gusta que lo manden a importunar a esquivar el carro; aunque en realidad, ni siquiera pasó
la meretriz que lo parió, pero entiende bien que él cerca de él. Aun así, la adrenalina se le fue tan rápido
comenzó el exabrupto, así que al igual que al taxista al gañote y, sin pensarlo, pateó con fuerza la puerta
sólo le resta aguantar. de la unidad.
Lo malo es que en ese instante, aunque silen- Al menos fue un aironman, porque si hubiera sido
ciosos, están ahí mirándolo: la señora de los dulces una kiti lo habrían acusado de misógino. El punto es que
debajo del cansado árbol, el hombre de la tienda junto la puerta había sido pateada. ¿Qué pasó en la cabeza
al descolorido poste, el maestro de la esquina sacándole del taxista en ese momento? Será el eterno misterio en
sombra a su sombrero, las ni tan viejitas pero así de todas las charlas sucesivas. Quizá fue la cuenta del día.
PALABRIJES 19-20 • ENERO-DICIEMBRE 2018 57

