Page 59 - Palabrijes 19-20
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Jorge Armando Ibarra Ricalde

           ¿Alguna vez te has peleado con un taxista? Esta historia explora los resortes ocultos de
                                             la violencia verbal.

                 unque de tanto en tanto interrumpida por  mitoteras de la esquina y otros chavos que como todos
                 alguna bocina o algún grito ininteligible, sea        los días, faltaron a la escuela... Así que, aunque no hu-
          A por la lejanía o la cantadilla con la que se hizo,  bieran escuchado la mentada, la vieron y, en esa calle,
          la calle permanece silenciosa como cualquier mediodía.  no imponer respeto cantando el tiro cuando la madre ha
          Demasiado tarde para el ajetreo desmañanero, dema-  sido mentada, se cobra caro. Así que el joven, caliente,
          siado temprano para matar el tiempo en reuniones  pero más que nada fiel a los ideales de donde creció,
          informales con el pretexto de darle humor a la calle  cierra la puerta de la unidad azotándola con desprecio.
          porque es libre y porque alguien en el feis dice que ya   El golpe seco se convierte en un reflejo verbal
          es legal, un rumor breve pero constante crece; la voz de   que el taxista libera en un grito: “¡Ratero!”; y el chavo
          un joven que reclama la tarifa del taxímetro.  contesta como niño de cinco años queriendo ganar la
               Sucede rápido; no hay que conocer al taxista para  conversación: “Ratero, tú”. Pudieron seguirle así por
          saber que su taxímetro tiene truco. Casi todos lo tienen,  horas y terminar chupando como compadres, pero el
          porque es la única forma en la que sale lo que el señor  chavo aún sentía el peso de las miradas, la memoria y
          Mancera les roba en despoblado. Desafortunadamente  el honor de la cuadra, por lo que invocó el insulto más
          para todos los involucrados, hoy, el joven que reclama  grande que pudo proferir a un taxista de muy mencio-
          en voz alta encontró desmedido el abuso y externó su  nada madre: “¡Por eso la gente prefiere el Über!”
          enojo diciendo que es demasiado para la ruta de siem-  Ufffff, hasta ahí todo había sido civilizado, pudie-
          pre. El taxista ya se la sabe, está preparado porque el  ron haberse dado en la madre y luego ser amigos, pero
          reclamo es parte del juego, tiene que insistir en que el  después de invocar a Über, ya no habría amistad. El calor
          taxímetro está bien; en el peor de los escenarios, no le   se notó en la cara del chofer. Ni siquiera se entendió
          pagan, en el mejor, sólo hace un breve coraje. Lo difícil  del todo “el pinche chamaco pobre y pendejo” porque
          es saber cómo se resolverá el asunto, pues el chavo le  inmediatamente movió el carro hacia adelante y con
          avienta el dinero en la unidad, así que no hay manera  un breve pero sonador tallón de llantas amenazó como
          de comprobar si le paga lo cobrado, o le paga lo que  si fuera a atropellarlo. El joven no lo vio venir, si acaso
          quiere. Pero aguanta y solo para no dejar, truena la boca   como reflejo levantó las manos y lanzó para atrás las
          y le recuerda a su madre con una mueca. Obviamente  nalgas, de forma que casi pareciera que hizo algo para
          al chavo no le gusta que lo manden a importunar a  esquivar el carro; aunque en realidad, ni siquiera pasó
          la meretriz que lo parió, pero entiende bien que él  cerca de él. Aun así, la adrenalina se le fue tan rápido
          comenzó el exabrupto, así que al igual que al taxista  al gañote y, sin pensarlo, pateó con fuerza la puerta
          sólo le resta aguantar.                       de la unidad.
               Lo malo es que en ese instante, aunque silen-  Al menos fue un aironman, porque si hubiera sido
          ciosos, están ahí mirándolo: la señora de los dulces  una kiti lo habrían acusado de misógino. El punto es que
          debajo del cansado árbol, el hombre de la tienda junto  la puerta había sido pateada. ¿Qué pasó en la cabeza
          al descolorido poste, el maestro de la esquina sacándole   del taxista en ese momento? Será el eterno misterio en
          sombra a su sombrero, las ni tan viejitas pero así de  todas las charlas sucesivas. Quizá fue la cuenta del día.

          PALABRIJES 19-20 • ENERO-DICIEMBRE 2018                                                               57
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