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TODOS





             VOLVEMOS A CASA























                                              Jorge Meneses



            En este relato, una serie de voces se unen para mostrarnos, desde la sátira grotesca, que la
                            cotidianidad en chilangolandia no es solamente tragedia.



                   e muerdo las uñas y continuamente miro  para tratar de mantener la paciencia, repito la misma
                   el nombre de la estación esperando que eso  canción: “Vanessa” de Grimes. Detrás del gordito con
          Mponga en marcha el tren. El que está a mi lado  cara de niño regañado hay un anuncio que dice: “Jarri-
          se está rasque y rasque la cabeza, se pasa la mano por  tos te desea un feliz Año Nuevo. Jarritos, qué buenos
          detrás de la nuca y constantemente resopla. El que está  son”. Pero más bien parece una burla. Grimes me pide
          enfrente, un gordo con cara de niño regañado, mueve  paciencia, aunque no sé si Grimes pueda pronunciar
          las piernas compulsivamente. La que está a su lado,  “paciencia”.
          una señora gorda, hace lo que yo pero sin morderse   Por fin, la marcha del tren se reanuda y espero
          las uñas, mira el nombre de la estación para poner en  llegar antes de las doce porque si no, “Dónde andabas y
          marcha el tren.                               ahora no cenas y no tomas”. Y con las ganas que traigo
               Son ya las nueve. Nueve veinte sale la última  de whisky, aunque por el momento me conformo con
          combi y no habrá ya más. A ver, si sale nueve veinte y  un cigarrito, pero ni eso porque ya son las nueve diez
          no hay tráfico en la pista, que no creo porque es Año  y a ver si me dan las piernas para llegar a la combi.
          Nuevo, o bueno quién sabe… a ver, nueve veinte… como   “Tres lugares, tres lugares, ya se va. Súbale, tres
          a las once y cachito ando llegando. Apenitas. Igual me  lugares ya se va”, grita el checador. Y córrele que si no, te
          van a reclamar que por qué no fui a misa, pero eso está  quedas y “Dónde andabas y ahora no cenas y no tomas”.
          de más, el punto es llegar.                       Alcancé lugar. Voy en la orilla de uno de los asien-
               Llevamos diez minutos en la misma estación.  tos laterales, al lado de una gordita que me deja con
          Hace tres sonó el primer “En breve reanudaremos la  una nalga de fuera. En la combi hay varios gordos. A
          marcha del tren”, que repiten cada cuarenta y dos se-  ver: Uno, dos, tres, cuatro, cinco sujetos con obesidad
          gundos. Van ya cinco ambulantes que pasan a ofrecer  mórbida. Los veo y pienso que ha de estar medio canijo
          su mercancía, seis con el que acaba de entrar al vagón  tallarse contra la pared para aliviar la comezón. No me
          a vender bubulúbus fríos, “Uno a tres, o dos por cinco,  caen mal. Son calientitos y cómodos. Igual el checador
          para ese rico antojo”; veinte personas que se bajan del  está medio gordillo, pero tiene buena voz y es amable,
          vagón y le mientan su madre al chofer; cinco veces que,  aunque se ve que siempre ha sido de huesos anchos.

          PALABRIJES 19-20 • ENERO-DICIEMBRE 2018                                                               59
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