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Me parece un buen tipo el checador con su “Súbale, hay  verdad es que nadie te va a cambiar el lugar, mi reina;
                      dos lugares”. Parece de esos tipos que llegan temprano  vete en taxi. Emilia voltea a ver si alguien escuchó que
                      a casa, no tienen vicios, son honestos, buenos amigos, y   el cara de niño tiene averiada la caldera y yo me hago
                      por las noches miran algo de pornografía y, finalmente,  el desentendido.
                      duermen abrazados a una almohada. “Dos lugares que   El cara de niño alterna entre quejas y retortijones.
                      ya se va”, grita.                            La señora de chamarra rosa se alarma, ya saben, nunca
                          Suben otros dos gordos. Siete en total y el che-  falta uno o una que hace más grande la vicisitud, y le
                      cador, pero él no juega, es de chocolate y buen tipo y  dice al chofer, o más bien le grita, que acelere porque
                      “Buen viaje señores”. Los gordos que subieron son los  hay alguien grave a bordo. Claro que el chofer se soli-
                      que venían en el mismo vagón en el que yo iba, el gordo  dariza, no dice nada, pero apaga las luces de la combi
                      con cara de niño compungido y la gorda que parece  para que todos puedan dormir y el grave, o sea el cara
                      ser su esposa. Pobres, vienen todos agitados porque  de niño, se sienta mágicamente aliviado. Emilia mira
                      nueve veintitrés y ya nos vamos. Están tan agitados  a la de rosita y le sonríe con deferencia, más bien con
                      que cuando el gordito destapa su Coca Cola, ésta sale  hipocresía. La doña que va al lado del cara de niño
                      disparada por todos lados. Le mientan su madre y nada  está pálida y pela los ojos cada que el gordito se lleva
                      más no le sueltan un mazapanazo porque de veras, pero  las manos a la panza y se dobla. Si me pongo al tiro,
                      a mí no me caen mal los gorditos pues son calientitos,  puedo escuchar los sonidos que hacen las tripas del
                      cómodos y la mayoría son muy amables. “Disculpen,  gordito quejumbroso.
                      de veras, no era mi intención”, dice el cara de niño.  El cara de niño le suplica a Emilia que se bajen.
                          Intento dormir pero Grimes no me deja, le pido  Ya no le importa que lo escuchen los demás. “Me estoy
                      pidos y me quito los audífonos de calidad, “Audífonos  cagando”, dice. Pero Emilia le contesta: “¿Cómo crees?
                      de veinte pesos van calados van garantizados”. Cierro  Ya no va a haber combis y todavía falta un buen”. Y
                      los ojos para dormir pero los ronquidos no me dejan;  el otro le responde: “¿Ya ves, pinche chismosa, como
                      lo malo de los gorditos es que roncan bien macizo y  sí faltaba un chingo?”, comienzan a discutir. Emilia
                      cuatro de los siete le están dando con todo.  le reclama: “Entonces nunca te puedo decir las cosas
                          De tanto esforzarme para poder dormir se me  porque te molestas y piensas que todo es un pinche
                      quitó el sueño. Me concentro en el obscuro paisaje  reclamo”. El cara de niño contesta: “No es eso. Siempre
                      que tengo frente a mí, pero pronto mi atención se  es lo mismo contigo, ya cuando tienes el agua hasta el
                      concentra en el cara de niño. Algo le pasa porque la que  cuello te retractas de las cosas, y ya cállate porque me
                      parece ser su esposa le está echando aire y “Tranquilo,  estoy cagando y tú sólo quieres discutir”. Pero Emilia no
                      aguanta, ya casi llegamos”, le dice. El gordito tiene el  se queda con las ganas y le empieza a cantar las cosas,
                      rostro descompuesto y “Ay no mames, Emilia, no seas  a sacarle los trapitos al sol. Mientras tanto, el cara de
                      chismosa, todavía ni llegamos a la pista”, se queja.  niño se hace el desentendido y mira hacia la ventana
                      Puede que se queje por el calor, la combi tiene ventanas  para ver dónde estamos, y Emilia le grita: “Te estoy
                      pero no se abren.                            hablando, cabrón”. Éste rebate: “Pues no mames, no ves
                          Ahora, el cara de niño se retuerce también y  que me estoy cagando”. Los demás se empiezan a sentir
                      comienza a molestar a la doña que va a su lado. “Ora,  incómodos. El chofer, desde su lugar, grita: “Bájenle a
                      cabrón, deja de moverte así, vete en taxi si no vas có-  su desmadre”. La de rosita responde: “Oh, tú cállate
                      modo”, le dice, pero éste hace caso omiso y le dice a  cabrón, y mejor métele pata si no quieres que se zurren
                      Emilia que no puede más, que se le va a salir la miel de  en tu combi”. La doña que va al lado del cara de niño se
                      la cajuela, y Emilia le dice que no, que aguante, que le  está tapando la nariz con fuerza porque supongo que
                      dé otro traguito a la Coca, pero el cara de niño se niega.  al gordito se le está chorreando la cacerola.
                      Está sudando como tamal en olla y a mí también me   Un señor que lleva puesta una chamarra del Cruz
                      suda: ya son las diez trece y apenas vamos a entrar a la  Azul, le pregunta a la de rosita que qué tiene el señor,
                      autopista; queda, aproximadamente, una hora y quince  ésta le dice que está malo del estómago, y el Cruz Azul a
                      minutos de camino.                           Emilia dice: “Tenga, estas galletitas de trigo y manzana
                          Al lado de Emilia va una señora que tiene puesta  le van a amarrar el estómago”, y Emilia, sin prestar
                      una chamarra de color rosa que le pregunta que qué  demasiada atención, le da una galleta al cara de niño, y
                      tiene el señor. Emilia le dice que está malo del estómago,  éste, creyendo que es salvado, se la come toda aunque
                      y aunque lo trató de decir bajito, sí se escuchó, y la doña  creo que ni escuchó de qué era. Emilia agradece a Cruz
                      que va al lado del cara de niño pone cara de “no digas,  Azul y éste sonríe y dice: “No se preocupe, yo sé lo que
                      ya valí, ¿alguien me quiere cambiar el lugar?”, pero la  se siente estar en una situación así”.
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